«El carnicero de Mondragón», el etarra que se deleitaba rematando a sus víctimas
«Emiliano» Zabarte Arregi - efe
terrorismo

«El carnicero de Mondragón», el etarra que se deleitaba rematando a sus víctimas

Zabarte Arregi, con un pie en la calle, interceptó una ambulancia para disparar contra un policía al que acababa de herir en un atentado

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Jesús María Zabarte Arregi, «Carnicero de Mondragón», otro de los pistoleros que ya está en la calle, gracias a la liquidación de la «doctrina Parot», puede presumir de cruel, entre los miembros de ETA más crueles. De haber nacido en las montañas lejanas de Afganistán, los talibanes le habrían depurado por «ortodoxo» y violento. Nunca se ha arrepentido y siempre ha estado en las cárceles más alejadas del País Vasco, primero en Salto del Negro, Canarias; después, en penales de Andalucía, como Algeciras. En cierta ocasión le fue a visitar el dirigente del PNV Joseba Egibar, como un «gesto humanitario» para interesarse por sus condiciones en prisión y conocer de primera mano si se estaban vulnerando sus derechos humanos. Zabarte Arregi le denegó el saludo cuando Joseba le tendió la mano.

Crueldad y cobardía se compaginan en la trayectoria criminal de este sanguinario. Cobardía porque cuando el 14 junio de 1984 la Guardia Civil cercó el piso de Hernani en el que se ocultaba el «comando Donosti», Zabarte, que era el jefe, ordenó a sus dos pistoleros que no se rindieran. Agustín Arregi Perurena, «Txurilla», y Juan Luis Elorriaga, «Patxi», murieron después en el intenso tiroteo. Los agentes entraron en la vivienda y, por mucho que buscaban, no encontraban al cabecilla. Al cabo de un rato escucharon lloriqueos y asíi comprobaron que el «gudari» se ocultaba en el interior de un armario empotrado, mientras había empujado hasta la muerte a sus dos subordinados.

Un frustrado Emiliano Zapata

Crueldad, porque en unos de los atentados, él y sus pistoleros asesinaron a tres policías nacionales cuando, indefensos, almorzaban en una venta de Rentería. A otro le hirieron de gravedad. Cuando era trasladado al hospital, Zabarte interceptó la ambulancia y remató en su interior al agente. Crueldad, también, porque en otra de sus «ekintzas» disparó en la nuca y a bocajarro a un policía que, tras bajar del tren, se dirigía, desarmado, a su casa, en Andoain. Malherido, el agente se arrastró e intentó, a la desesperada, refugiarse bajo unos matorrales. Zabarte, tras asegurarse de que no había nadie en el apeadero a esas horas de la noche, le cogió de los pelos, lo sacó fuera para rematarlo a sangre fría. Habrá cumplido 29 de los 615 años de cárcel que acumulan sus condenas por una veintena de asesinatos, entre otros crímenes. Cuando era jefe del «comando Donosti» se «disfrazó» de Emiliano Zapato. Sale ahora sin haber conseguido ninguna de sus reivindicaciones, pero sí mucho dolor entre familias humildes.