De Soledad Becerril a Susana Díaz: mujeres que rompieron moldes en política
Imagen de archivo de 1982 de la entonces ministra de Cultura, Soledad Becerril - abc

De Soledad Becerril a Susana Díaz: mujeres que rompieron moldes en política

Cada vez se hace más difícil encontrar un cargo político por el que no haya pasado una mujer

Actualizado:

«Es la liquidación del anarquismo y de la CNT», criticó el padre de Federica Montseny en 1936 cuando ésta se convirtió en la primera española (y anarquista) en acceder a una cartera ministerial. Ahora sería raro oír estas palabras —modificadas según el signo político, pese a no tener el mismo matiz que para Montseny padre— en boca de los progenitores de Susana Díaz, Arantza Quiroga o Carme Chacón. Y es que, a lo largo de la historia de España, muchas mujeres se han convertido en «la primera mujer» sin que ello haya supuesto la liquidación de nada. Sólo el comienzo de algo.

La prueba está en que, cada vez más, se ha apostado por mujeres para ocupar cargos de alta responsabilidad política. La última ha sido Susana Díaz, convertida esta semana en pionera al frente a la Junta de Andalucía con los votos del PSOE e IU. Eso la ha dejado con más de ocho millones de habitantes a su cargo. Es decir, la socialista con mayor responsabilidad directa a nivel nacional y con el mayor volumen de población gobernado hasta ahora por una mujer en el país.

Díaz, de casi 39 años, no ha sumado también la marca de ser la más joven en su cargo por pocos meses. Un récord que sí sumó Montseny. Tenía 31 años cuando asumió la cartera de Sanidad y Asistencia Social, aunque ya a esa edad había escrito más de 40 novelas, centenares de artículos y era conocida como una gran oradora en toda España. Pero de su breve paso por el Gobierno de Largo Caballero —del mes de noviembre del 36 a mayo del año siguiente—, no salió satisfecha. «Ojalá no hubiéramos intervenido en el Gobierno y no nos hubiéramos encontrado, histórica e ideológicamente, deshonrados», dijo después la anarquista, incluyendo en su referencia a los otros tres ministros de la CNT que aceptaron integrar el Gobierno socialista y dándole, en cierto sentido, la razón a su padre.

Fue 47 años después de Montseny cuando otra mujer volvió a hacer historia en el Consejo de Ministros: Soledad Becerril. Fue la mujer que inauguró la etapa democrática al frente de un Ministerio. Integrada en las filas de UCD, fue Leopoldo Calvo Sotelo quien la designó responsable de Cultura en 1981. Sin embargo, un año después participó en la creación de Alianza Popular, para quedar integrada tras su refundación en la bancada del PP.

Becerril ha conseguido vincular a su nombre, casi como una coletilla, la expresión «primera mujer»: la que encabezó una lista electoral por Sevilla, cuando salió diputada por la UCD; la que llegó a secretaria del Congreso de los Diputados, en cuya mesa estaba sentada el 23-F; la que alcanzó la alcaldía de Sevilla, en donde lloró el asesinato por parte de ETA de Alberto Jiménez Becerril; e, incluso, la que fue elegida como Defensora del Pueblo.

De ella, Alfonso Guerra llegó a decir en una de sus perlas dialécticas, que «es Carlos II vestido de Mariquita Pérez». Aunque es cierto que no fue la única contra la que arremetió. Quien fuera la primera ministra española de Economía, Elena Salgado, le reprochó que se refiriese a Trinidad Jiménez como «señorita Trini». Salgado, bajo el ala de José Luis Rodríguez Zapatero, formó parte de un equipo de mujeres que ocuparon por primera vez ciertas carteras ministeriales.

«Capitán, mande firmes» fue la primera orden de Chacón en DefensaCuando Salgado ocupó el cargo en 2009, era, para el exministro socialista con Felipe González Carlos Solchaga, casi una desconocida: «No conozco las convicciones profundas de Elena Salgado». En cambio, ya se conocía algo más de Carme Chacón. Quien ahora se ha ido «con billete de ida y vuelta», fue nombrada en 2008 la primera mujer ministra de Defensa. Y, además, también quien lo hiciera en estado. «Capitán, mande firmes», ordenó en su estreno. Pero quien más consiguió registrar su nombre como pionera en algún cargo durante la etapa de Zapatero fue María Teresa Fernández de la Vega: como «número dos» del Ejecutivo y como miembro permanente del Consejo de Estado.

Presidenta del Senado

Sin embargo, es imposible hablar de pioneras en la política sin mencionar a Esperanza Aguirre. Ha sido la única mujer en ostentar la presidencia del Senado, puesto al que accedió en 1999 y del que salió en 2002. «Probablemente sea la última vez que diga desde este escaño: Señorías, se levanta la sesión», dijo aquel día de octubre. Lo dejaba con otro reto en mente: el de conquistar la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Y ganó, convirtiéndose no sólo en la primera presidenta de la capital, sino también en la primera presidenta electa de un Gobierno autonómico en España. Y todo ello a pesar de que nunca quiso «ser una profesional de la política», sino una persona que «podía ofrecer a sus conciudadanos una visión de la política diferente», según declaró el día que se retiró en 2012.

Los nombres que hoy figuran en la lista de las pioneras de la política española es larga. Algunos, como el de Susana Díaz, son recientes. Otros vienen de poco atrás, como el de Arantxa Quiroga, quien fue elegida como primera mujer portavoz del PP en la Cámara Vasca en 2012. Pero los cargos en los que hacer historia en este sentido también se reducen. La propia Quiroga lo sabe: fue elegida presidenta del Legislativo vasco en 2009, pero subiendo al cargo como la segunda mujer en conseguirlo, después de que lo hiciera la peneuvista Izaskun Bilbao, y lo mismo le ha pasado como presidenta del PP vasco: María San Gil se le adelantó. Un hecho que, por otra parte, habla de la normalización de la mujer en la política aunque todavía se resiste un cargo, el de presidenta del Gobierno.