La empresa catalana admite que la deriva soberanista le perjudica
Artur Mas, durante una visita a una fábrica de vidrio en Barcelona - efe

La empresa catalana admite que la deriva soberanista le perjudica

Las patronales lamentan que la fiscalidad y las trabas les restan competitividad frente a Madrid

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«De gobierno business friendly, a gobierno independence friendly». La frase la pronunciaba ayer en declaraciones a ABC el portavoz del PP en el Parlamento catalán, Enric Millo, y resume con un punto de guasa el sentir del grueso del empresariado catalán. Este ha visto cómo en apenas unos meses, CiU pasaba de pactar los presupuestos de la Generalitat con los populares, en el inicio de la anterior legislatura, a echarse en brazos de ERC para salvar, e impulsar, el proceso soberanista. Incrédulos ante el giro que están tomando los acontecimientos, los principales empresarios de la comunidad y sus organizaciones patronales, sin demasiado éxito, tratan de presionar al gobierno de Artur Mas para que reconduzca la situación.

Es en medio de este clima en el que se ha acogido el informe elaborado por la Comunidad de Madrid, que señala que un total de 1.060 firmas se han establecido en la capital española desde 2010 procedentes de Cataluña. Con mayor o menor énfasis, empresarios consultados por este diario reconocen que sí hay una tendencia en este sentido, pero lo relacionan más con el empuje económico que experimenta Madrid desde hace años, y a las facilidades para la empresa que allí encuentran, que al momento político. Otros, en cambio, sí asumen que el proceso soberanista y la inestabilidad que genera pueden frenar inversiones e incluso motivar traslados. «No es ninguna novedad. En España se ha dado, y se está dando, un reequilibrio en lo económico, y Madrid, con toda la fuerza de la capital, está avanzando a grandes pasos, pero no es una novedad de ahora», admite un alto directivo de una empresa de servicios catalana.

Del mismo modo, y pese a reconocer la capacidad de atracción de la comunidad madrileña, otro empresario señala que relacionar este proceso con el soberanismo es muy arriesgado, «más cuando desde otras comunidades, incluso en mayor medida si se atiende a su población, también ven cómo sus empresas se van a Madrid».

En lo que sí hay coincidencia absoluta entre el empresariado catalán es en denostar la política fiscal que ha asumido como propia el Gobierno de Artur Mas, y que resta capacidad competitiva a las empresas afincadas en Cataluña. Con las finanzas de la Generalitat en respiración asistida, el Ejecutivo de Mas ha tenido no solo que mantener los tipos impositivos que fijó en su momento el tripartito, sino introducir una batería de nuevas tasas por su acuerdo con ERC.

Las amonestaciones que han llegado a la Generalitat desde organizaciones como el Círculo de Economía o la patronal de la gran empresa Fomento del Trabajo por el aumento de la presión fiscal, también ante la posibilidad de que el proceso soberanista avance por cauces fuera de la legalidad, han sido rotundas.

«Triple crecimiento»

En este sentido, el presidente de la patronal de la pequeña y mediana empresa Pimec, Josep González, reconocía en Catalunya Ràdio que la fiscalidad madrileña y la facilidad en los trámites es más beneficiosa para las empresas que la catalana. No obstante, González, alineado con Mas en la causa soberanista, aseguraba no constarle la fuga de empresas que apunta el informe de la Comunidad de Madrid. «Siempre hay casos de empresas que se trasladan, como también encontraríamos casos a la inversa», apuntó. El presidente de Pimec, por otra parte, reclamó resolver «rápido», «en un sentido o en otro», el proceso soberanista, admitiendo que el mismo genera «incertidumbre a la empresa».

En parecidos términos se explicaba la Cámara de Comercio de Barcelona, que como Pimec lamenta que se haya mezclado el análisis de datos económicos con el debate político. Frente al informe de la Comunidad de Madrid, la Cámara constataba en cambio un «triple crecimiento» en Cataluña: más empresas, más inversión extranjera y más pulso exportador. La Generalitat, por su parte, no quiso valorar un informe cuyo contenido y metodología afirmó desconocer.

Al margen de la lectura que se pueda hacer de las cifras, el clima político catalán genera una profunda inquietud entre el empresariado y el sector financiero. La vigencia del acuerdo con ERC, la prórroga de los presupuestos y la obstinación en situar en 2014 una por ahora improbable consulta soberanista no contribuyen precisamente a alcanzar el clima de tranquilidad que demanda la empresa.