Un guardia civil leyendo el «Gibraltar Chronicle»: «¿Cómo se puede permitir esto?»
Pescadores españoles, protegidos por la Guardia Civil, protestan por el lanzamiento de bloques a sus aguas - abc

Un guardia civil leyendo el «Gibraltar Chronicle»: «¿Cómo se puede permitir esto?»

Un grupo de españoles conversa en un bar de La Línea poco después de la protesta de los pescadores por los bloques

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En un bar de La Línea de la Concepción, un guardia civil leía este domingo la edición digital del Gibraltar Chronicle, poco después de la protesta de los pescadores españoles en la bahía por los pesados bloques de hormigón que impiden su trabajo. De pronto, el guardia civil se dirige, sorprendido, a sus conterulios del bar: «Pero ¿cómo se puede defender esto? ¿Cómo el Gobierno de la Gran Bretaña puede defender los delitos ecológicos que se están perpetrando en el Peñón?».

La responde un compañero: «Porque son okupas». Y argumenta: «En el subconsciente colectivo de esta gente está fijada la idea de que son okupas, que están en un sitio que no les pertenece, que tarde o temprano lo van a devolver, por lo tanto hacemos lo que queremos sin miras al futuro». Tercia el camarero: «Bueno, pero eso le deberá también importar a los gibraltareños que se consideran de aquí, a los 'llanitos'».

El Gibraltar Chronicle es el segundo periódico más antiguo del mundo anglosajón después de The Times. Se fundó en 1801 y entre sus reconocidos méritos se encuentra el haber sido el primero que dio la noticia de la victoria inglesa en la Batalla de Trafalgar (1805).

La conversación en el bar, en una zona donde los ánimos están más caldeados que de costumbre, deriva a enfoques económicos: «Pero también ellos dan trabajo a los españoles, ¿no?». «Sí, a los cerca de siete mil que trabajan en el Peñón. Pero si no existiera la colonia seguro que nosotros viviríamos mejor. Cerca de un 40 por ciento de paro aquí y un 1 por ciento en Gibraltar. Esa diferencia no hay quien la soporte». «En definitiva -sentencia el guardia civil- al final todo va a ser cuestión del maldito dinero».