ABC no cree ni al chantajista ni a su altavoz
Luis Bácernas a la salida de la Audiencia Nacional - efe
editorial

ABC no cree ni al chantajista ni a su altavoz

Barcenas ofreció ayer una cuarta versión sobre sus cuentas. Su credibilidad y la de sus cómplices mediáticos hacen agua. A falta de verdades judiciales que modifiquen la situación, Rajoy merece conservar la confianza de los españoles

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Desde hace ya seis meses, la vida pública se ha visto condicionada por un contumaz acoso mediático contra el PP y el Gobierno de Rajoy. Dos medios de comunicación -uno animado por su ideología prosocialista, y el otro, por su gusto por el sensacionalismo y su resentimiento contra el actual presidente- se han servido de las filtraciones de un delincuente, Luis Bárcenas, para intentar derribar al Gobierno. Despreciando la libre voluntad de los españoles, que en noviembre del 2011 depositaron su confianza en el PP con una histórica mayoría absoluta, el ensañamiento de estos medios con el proyecto de Rajoy llegó al ridículo de que hace justo un año daban por hecho el rescate de España, y hasta lo jaleaban. Los profetas de aquel rescate, que se ha quedado en nada, son los mismos que, fracasado su intento de derribo por la vía económica, dan pábulo ahora al chantaje de Bárcenas y su nuevo cómplice, Ramírez.

El pasado 16 de enero salió a la luz que Luis Bárcenas, extesorero del PP imputado en el caso Gürtel, apartado por Rajoy y Cospedal en julio del 2009, había llegado a tener veintidós millones en cuentas en Suiza. Dos días después, el periódico «El Mundo» publicaba, sin aportar prueba ni testimonio alguno, que Bárcenas habría pagado durante dos décadas sueldos en negro a dirigentes del PP. Esa información, basada en rumores, fue desmentida taxativamente por Cospedal. El último día de enero, el diario «El País» publica los que denomina «papeles de Bárcenas», fotocopias que recogen una supuesta contabilidad B del PP y en las que se presenta a Rajoy como receptor de sobresueldos en negro.

Bárcenas, una cadena de mentiras

Bárcenas, que en esta historia ha ido enlazando una mentira tras otra y ayer ofreció su cuarta versión, niega ese mismo día la autenticidad de los documentos y haberlos escrito. Ante el escándalo por el acopio multimillonario de dinero en cuentas foráneas por parte de un extesorero del PP, ABC exigió en sus editoriales una explicación clara y categórica por parte del Gobierno y el partido que lo sustenta. El 2 de febrero, Rajoy comparece formalmente ante la opinión pública española. Niega la existencia de una caja B, rechaza haber cobrado y hace públicas sus declaraciones de renta y patrimonio. Rubalcaba exige su dimisión y anuncia que también hará públicos sus bienes. Un anuncio mendaz, pues a día de hoy sigue sin cumplirlo. Rubalcaba, en una línea de incoherencia, pasó de pedir aquella dimisión a firmar pactos de Estado con Rajoy, para luego volver a cambiar el paso y pedir ahora, otra vez, la marcha del presidente.

El 4 de febrero, Bárcenas afirma en sendas entrevistas que estamos «ante una burda manipulación», que su cuaderno con los balances paralelos «ni existe ni ha existido» y que la letra de los papeles no es suya. El 14 de junio, su fortuna en Suiza se eleva ya a 47 millones. El 27 de junio, y ante tales indicios, el juez Ruz decide su ingreso en prisión, dentro de en una pieza separada del Gürtel. El llamado «caso Bárcenas» parecía encaminado a dilucidarse en su destino natural en un Estado de Derecho: los tribunales, que es donde debe dirimirse si hay o no pruebas inculpatorias contra el PP o sus dirigentes, caso en el que ABC exigiría con toda dureza las pertinentes responsabilidades. Pero el asunto dio un giro inesperado. Un periodista caracterizado por su falta de rigor, los desmentidos constantes de sus propias informaciones, su afán desmedido de protagonismo y su rencor contra Rajoy se entrevista con Bárcenas y decide hacer piña con el delincuente para apoyarlo en su chantaje al Gobierno y en la cacería contra el presidente. El respaldo llega al insólito extremo de que sitúa como letrado del preso a su abogado de confianza, Gómez de Liaño, apartado en su día de la Judicatura por prevaricador y defensor de causas tan nobles como las de la mafia rusa.

¿Y las pruebas?

Arribamos así al momento actual, donde las preguntas que debe hacerse la opinión pública son sencillas. ¿Qué pruebas garantizadas por la Justicia existen a día de hoy contra Rajoy y el PP? Ninguna. ¿Qué palabra merece más crédito, la del presidente o la de un mentiroso contumaz, evasor de 47 millones? Mientras no aparezcan pruebas incontestables, ¿tiene sentido poner en jaque el mayor proceso de reformas de la historia de España, la estabilidad política y la recuperación económica por lo que divulga en un diario sensacionalista un presidiario que ha mentido una y otra vez?

Con lo conocido hasta hoy, en ABC creemos a Rajoy y no a los chantajistas. Mientras no aparezcan nuevos hechos probados en el juzgado, estamos en realidad ante un simple careo entre Bárcenas y Ramírez, por un lado, y Rajoy y Cospedal por otro. Ahora bien, fiel a su expreso compromiso con la regeneración democrática, este periódico sería inflexible a la hora de pedir las máximas responsabilidades si algún día se revelase de manera concluyente que se vulneró la ley o se mintió a los españoles, pues, como decía Aristóteles: «Soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad».