Griñán, una marcha sin contar con Rubalcaba
El presidente andaluz ha mantenido al margen al secretario general del PSOE hasta el último momento - francis silva

Griñán, una marcha sin contar con Rubalcaba

Controló el secreto para evitar que sus críticos armaran una candidatura alternativa a la menor filtración

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El presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, siempre se jacta de saber medir muy bien los tiempos. Su decisión de no hacer coincidir, como era costumbre, las elecciones autonómicas y las generales, le permitió conservar la Presidencia andaluza con el apoyo de IU. Ahora trata de hacer lo mismo con su sucesión, cuyo anuncio en el Debate del Estado de la Comunidad ha descolocado, incluso, a la dirección federal del PSOE y ha dejado «a los pies de los caballos», en palabras de un dirigente socialista, a Alfredo Pérez Rubalcaba, pero con la que trata de amarrar un relevo a la carta a final de julio, aunque revestido de primarias, en la poderosa consejera de Presidencia, Susana Díaz.

Decidido meses atrás

¿ Por qué precipita Griñán esta decisión un año después de las elecciones y de asegurar en una entrevista que «voy a volver a ser candidato»? Nadie dudaba de que la renovación se abriría paso en el PSOE-A por una cuestión biológica –Griñán tiene 67 años–, pero pocos aventuraban que se produciría tan pronto. El pacto de Gobierno con Izquierda Unida está engrasado, el presidente se encuentra cómodo en el Parlamento, con un PP sin candidato y el PSOE-A como una balsa de aceite tras sufrir intensas tensiones internas meses atrás. Además, Griñán tomaba parte activa en el debate orgánico del PSOE, tratando de marcar el camino a Rubalcaba –aunque apoyó a Carme Chacón en el congreso federal–, hasta el punto de amagar con sucederlo el pasado octubre, pero siendo su apoyo fundamental desde entonces. ¿Qué ha pasado para este cambio?

Las razones son diversas. Han pesado en su decisión motivos personales y el deseo de pasar más tiempo junto a su familia. También el escándalo de los ERE, menos por una posible imputación por parte de la juez Alaya –es mejor estar aforado– que por ser conocido en España por el mayor escándalo de corrupción de Andalucía. Esta identificación no la puede soportar Griñán, por cuanto cree que, aunque aumentó la partida para financiarlos cuando era consejero, es un escándalo sobrevenido que ni va con él y con el que no se ha enriquecido.

La decisión de Griñán de marcharse estaba tomada meses atrás, cuando se reactivó el caso de los ERE, pero la ha precipitado tras el relevo en la dirección de su socio de Gobierno. Y es que la causa ofrecida para activar la sucesión es «estar preparados» ante un adelanto electoral si IU no apoya los presupuestos andaluces de 2014 por no plegarse al objetivo de déficit.

Griñán ha optado por marcar los tiempos que mejor le convienen para amarrar su sucesión. Así, informó a su jefe de filas solo 24 horas antes de hacer oficial su anuncio de retirada el miércoles. Algo que el PSOE no duda en calificar de «traición», ya que muestra con su ejemplo la ruta de salida que también debe emprender Rubalcaba.

Susana Díaz y dos más

Solo el núcleo duro del presidente conocía sus intenciones, esto es, su «número dos» en el partido, Mario Jiménez; su jefe de Gabinete, Máximo Díaz Cano y la propia Susana Díaz. Por la tarde habló con los secretarios provinciales y con el vicepresidente, Diego Valderas (IU). Este sigilo era necesario para lanzar la noticia e inmediatamente convocar unas primarias que la dirección regional pudiera tutelar para encumbrar a finales de julio a Díaz, sin posibilidad de que el sector crítico reaccionara con un candidato alternativo que pudiera reunir los 7.000 avales necesarios en dos semanas.

Quedan, sin embargo, muchas incógnitas. Pocos dudan que Griñán dejará pronto la Presidencia a Díaz, porque las bicefalias no van con el PSOE. El relevo puede ser en otoño, aunque el presidente asegure que seguirá dure lo que dure la legislatura, lo que abre la puerta a un adelanto electoral que podría coincidir con las europeas de 2014.