«He conocido a los padres de mi amigo 33 años después de que lo asesinara ETA»
Los dos guardias civiles en el inicio de la marcha homenaje en Pamplona - EFE

«He conocido a los padres de mi amigo 33 años después de que lo asesinara ETA»

Los dos guardias civiles de la marcha ciclista homenaje a las víctimas

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Pesan las piernas, pero vuelan ligeras las emociones. Los guardias civiles Luis y Francisco se han echado al cuerpo casi 600 kilómetros desde el lunes y están a solo unas horas de concluir su «Camino de la Memoria» en Madrid: 829 kilómetros, uno por cada víctima de la banda terrorista ETA, sin distinción de color, adscripción o uniforme. Ayer fue un día especial para Luis. Hace 33 años su compañero Miguel Hernández Espigares moría asesinado en Marquina (Vizcaya) junto a otros tres agentes. Llevaba solo unos meses en el Cuerpo y era un niño. Sus padres y sus hermanos abrazaron ayer en Granada a Luis y a la memoria de su hijo. «Ha sido muy especial, al cabo de tantos años...Ahora Miguel estaría a punto de retirarse».

Cada kilómetro cuesta (la etapa Jaén-Granada) fue especialmente dura, pero cada metro acerca y reconforta memorias. Como la de los padres de Silvia, la niña hija del Cuerpo asesinada en el cuartel de Santa Pola (Alicante), con quienes estuvieron el jueves en el homenaje que se rindió en ese lugar o la de las decenas de víctimas de la casa cuartel de Zaragoza donde también ha dejado su impronta esta marcha ciclista contra el olvido.

«La memoria de las víctimas se está quedando en un segundo plano. Cada vez acude menos gente a los homenajes, pero los muertos, nuestros muertos no son historia. Son muy recientes como para que los olvidemos», resalta Luis con firmeza y convicción. Es la que le nace después de vivir uno y otro atentado, cuando todavía huele a explosivo y las sirenas de las ambulancias son el único sonido ambiental.

Ambos agentes están destinados en la Comandancia de Navarra. Luis en el Grupo de Rescate e Intervención en Montaña y Francisco en el Servicio Cinológico de Pamplona, al que durante años perteneció Luis, que tenía a su cargo a perros especializados en explosivos.

La marcha comenzó en Navarra el lunes y está recorriendo ciudades en las que ETA ha sembrado su furia asesina. La segunda etapa les llevó de Burgos a Logroño. Burgos para homenajear al guardia civil Carlos Sáez de Tejada, natural de esa ciudad, asesinado en Palmanova, y al funcionario de Prisiones José Antonio Ortega Lara. Otro sentido homenaje seguido de aplausos para romper el silencio que sepulta recurdos.

La anestesia social, también con respecto a las víctimas del terrorismo, no es el camino. Luis y Francisco se rebelan contra ese adormecimiento. Hoy pasarán por Córdoba y Sevilla a bordo de sus bicicletas, con otra nómina de asesinados a la que rendir recuerdo, entre ellos el matrimonio Jiménez Becerril. El domingo concluyen su marcha, en torno a las 13 horas en un lugar que es un emblema, casi un santuario de dolor, sobre todo para la Guardia Civil: la plaza de la República Dominicana donde los asesinos acabaron con la vida de 12 miembros del Cuerpo.

Para entonces habrán quedado atrás 829 kilómetros de pedaleo, calor y lluvia, etapas que acaban a las cuatro de la madrugada, abrazos arrebatados de emoción y lágrimas de recuerdo y una iniciativa pionera y única: «829 kilómetros por el camino de la memoria».