Guardia Civil, honor y vocación al servicio de la Patria
roberto ruiz

Guardia Civil, honor y vocación al servicio de la Patria

Con casi 170 años, los «hombres de verde» son los más valorados por los españoles

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Disponga las órdenes convenientes para que las fuerzas de su mando no se opongan a la justa manifestación del triunfo republicano que pueda surgir del ejército y del pueblo". Ese es el telegrama que el teniente general José Sanjurjo, director general de la Guardia Civil, envía a los jefes de tercio del Cuerpo la noche del 13 de abril de 1931, tras las elecciones que dieron la espalda a la Monarquía. Horas después, el nuevo gabinete republicano ratifica a Sanjurjo y amplía sus poderes; a cambio, él exige que se facilite la salida de la Familia Real, y son guardias civiles los que protegen el coche del Rey Alfonso XIII hasta Cartagena, de donde partiría al exilio.

Una vez más, en una encrucijada histórica, la Guardia Civil, como había ocurrido desde su creación en 1844, está a la altura y asume el peso del orden público para mantener la endeble arquitectura del Estado. No era la primera vez ni sería la última, pese a trances dramáticos, como el protagonizado por algunos de sus miembros el 23 de febrero de 1981. Ese es uno de sus emblemas, junto con un código ético insuperable, la Cartilla del Guardia Civil, presidido por el sentido moral, la honradez y la rectitud en el servicio, que ha pervivido en el tiempo y cuyo resumen reza: "El honor es la principal divisa del guardia civil; debe, por consiguiente, conservarlo sin mancha. Una vez perdido no se recobra jamás".

El artífice de esa moral, el hombre que diseñó un "cuerpo especial de fuerza armada de Infantería y Caballería" hace 169 años, fue el mariscal de campo Francisco Javier Girón y Ezpeleta, duque de Ahumada, cuyo reto fue crear una institución dedicada "a proteger eficazmente las personas y las propiedades", un principio vertebrador de plena vigencia.

En esos albores ya existe una figura que se convierte en el mando, en la autoridad visible en la España rural asediada por penuria y bandoleros: el comandante de puesto, que también ha resistido los embates políticos, sociales y económicos. Los cuarteles (es el Cuerpo que más edificios públicos tiene) han sido en esta historia de los hombres de verde la auténtica correa, a veces la única, a través de la que el Gobierno de turno podía hacer llegar las órdenes a las zonas más remotas. Porque esa es otra de sus señas de identidad: su organización periférica -zonas, comandancias, compañías y puestos-, que permite la presencia de un guardia civil en el centro de Madrid (en una unidad central de élite) y en el pueblo de España más alejado.

"Serenos en el peligro", como reza otro de los artículos de la Cartilla, y con una vocación de ser la institución imprescindible en la que se apoyan los convulsos gobiernos del siglo XIX y principios del XX, el gran mérito del Cuerpo nacional más antiguo y en la actualidad más numeroso quizá sea su versatilidad y capacidad de adaptación sin perder un ápice de esencia, ni siquiera la afamada "pareja".

En 1913 se declara a la Virgen del Pilar Patrona del Benemérito Instituto, y en 1925 nace su característico color verde, cuando el vistoso pero incómodo uniforme se sustituye por uno cuyo color acabaría siendo otra seña identitaria de la Guardia Civil.

El "cuerpo especial de fuerza armada de Infantería y Caballería" ha ampliado etapa tras etapa sus cometidos -será siempre su obligación perseguir y capturar a cualesquiera que causen herida o roben a otro, y evitar toda riña-, hasta convertirse en una de las instituciones más valoradas por los españoles.

En la segunda mitad del siglo XX surgirían especialidades que han ido enriqueciendo y conformando el Cuerpo: Tráfico, Actividades Subacuáticas, Helicópteros, Desactivación de Explosivos y, posteriormente, otras más modernas, como el Servicio Marítimo o el de Montaña. Las especialidades de Policía Judicial, otra labor básica del Instituto Armado, se han colocado al nivel de las más modernas del mundo y gozan de reconocimiento internacional.

El control de armas y explosivos, el Resguardo Fiscal del Estado y la persecución del contrabando; el tráfico interurbano, salvo en las comunidades autónomas con esta competencia; la custodia de las vías de comunicaciones, puertos y aeropuertos o la protección de la naturaleza son misiones que tiene encomendadas a grandes rasgos, junto con las de carácter militar, muchas en el extranjero, que empezaron ya en el XIX en Portugal.

En 1988 la mujer se incorpora a las Fuerzas Armadas, desterrando la imagen única de tricornio y mostachón, aunque desde el franquismo viudas y huérfanas del Cuerpo, las matronas, colaboraban en los registros de frontera. Fue el salto definitivo, en un camino de claroscuros en el que han triunfado las luces. En la cuneta han quedado decenas de muertos vestidos de verde, acribillados por el terrorismo o por la delincuencia común, o para salvar las vidas de otros. Ya lo escribió Ahumada: "Procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido, y que a su presentación el que se creía cercado de asesinos se vea libre de ellos (...); el que veía a su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado; debe velar por la propiedad y seguridad de todos". Llevan casi dos siglos como hombres de honor.