Mercedes Alaya, la «dama de hierro» de la Justicia española
La juez Mercedes Alaya, y su «trolley» - juan ferreras

Mercedes Alaya, la «dama de hierro» de la Justicia española

La juez, que tiene en Facebook más de 11.700 fans, es la instructora del caso de los ERE fraudulentos de la Junta de Andalucía

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Estuvo seis meses fuera de servicio por culpa de la «enfermedad del suicidio», que es como se conocía antes a la neuralgia de trigémino, una afección muy dolorosa que ha llevado a muchos a quitarse la vida. Pero ha vuelto, y con ganas. Mercedes Alaya, la juez que instruye el caso de los ERE fraudulentos de la Junta de Andalucía, ha dictado ordenes de registro, detenciones y citaciones y ha enviado a la cárcel a nueve de los detenidos en la última operación de la Guardia Civil en tan sólo cuatro días

Trata de usted a todo el mundo, a sus pares y al personal auxiliar

Alaya, de 49 años, ha podido hacer todo eso en un tiempo récord porque tiene un cráneo privilegiado que todo lo memoriza. Además, la juez estajanovista suele llevar el trabajo a casa en un «trolley». Allí le esperan, seguramente hartos del tercer poder, su marido y cuatro hijos. Su señoría incluso ha llegado a permanecer encerrada en el juzgado las 24 horas de un día. Siendo universitaria ya apuntó maneras: fue la número 16 de su promoción.

La misión que se le ha encomendado es titánica, pero a Mercedes Alaya no le falta gente que le dé ánimo. La juez, que pasó por los juzgados de Carmona y Fuengirola antes de llegar al de Sevilla, tiene su propio club de fans en Facebook. Los seguidores de esta «dama de hierro» en la popular red social son en este momento más de 11.700.

Mercedes Benítez contó para ABC.es que «cuando se quita la toga es una mujer coqueta y que ejerce fascinación incluso entre los letrados de sus imputados. Viste con estilo y posee una elegancia natural aumentada por esa frialdad que aparenta y que le impide incluso saludar por los pasillos o hablar con la prensa». Es reservada, pero no tímida. «Míreme a los ojos», le ordenó a una de las imputadas en el caso de los ERE.

En los juzgados trata de usted a todo el mundo, a sus pares y al personal auxiliar, aunque los conozca desde hace años. «No es que no tenga amigos. Es que es difícil verla tomando un café con otros jueces, como hacen sus compañeros. Fue vecina de alguno y apenas cruzaron palabra», explica Benítez. Pero que no cunda el pánico, aunque de hierro, es humana. En los juzgados hay quien asegura que, en una ocasión, se la vio reír.