Rajoy da «carta blanca» a la tesorera del PP para llegar hasta el final
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a su llegada al Aeropuerto Internacional de Santiago de Chile - efe

Rajoy da «carta blanca» a la tesorera del PP para llegar hasta el final

Asiste con tranquilidad a las auditorías encargadas por su partido ante las sospechas del reparto de sobresueldos en la sede de Génova

MARIANO CALLEJA
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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, asiste con tranquilidad a la polémica surgida tras publicarse, sin ninguna prueba documental, que el extesorero del PP Luis Bárcenas repartía sobresueldos a cargos del partido en la sede de Génova de Madrid. El jefe del Ejecutivo ya anunció hace unos días dos auditorias, una interna y otra externa, para aclarar ante la opinión pública las cuentas del partido. A eso se remite y de hecho no ha querido hacer ninguna otra declaración pública.

En una conversación informal con periodistas durante su viaje oficial a Perú y Chile, Rajoy ha señalado que ha dado «carta blanca» a la actual tesorera del partido, Carmen Navarro, para que llegue hasta el final en la auditoría interna del PP. A Rajoy no se le ha escuchado ninguna exculpación como a otros miembros del partidos. Sencillamente, se dedica a otras cosas y confía en que Carmen Navarro, llevada al partido como tesorera por José Manuel Romay Beccaría, de su absoluta confianza, haga un buen trabajo y clarifique las cosas hasta el final.

Rajoy cree que las auditorías darán resultados y espera que todo esté clarificado en pocos meses. Como es lógico, se trata de un asunto que desagrada por completo al presidente del Gobierno y del PP, y no lo oculta. En todo caso, no parece que vaya a escucharse de boca de Rajoy cosas como las que han dicho otros dirigentes, entre ellos la vicepresidenta del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando hace una semana aseguró que ni vio, ni recibió ni conoció ningún sobre en Génova, y si lo hubiera visto no se habría callado.

Rajoy, como presidente del Gobierno, no quiere seguir el ejemplo de Nixon, cuando se vio obligado a decir ante las cámaras aquellos de «Yo no soy un ladrón», una afirmación-negación que se volvió en su contra, pues desde ese momento se instaló la sospecha sobre su persona, tan solo por negar la mera posibilidad de serlo. Se trata de una regla de oro en la comunicación política, sobre la que algunos cargos caen una y otra vez.