Efecto del 1+1+1 en el Senado el 28-A
Efecto del 1+1+1 en el Senado el 28-A - ABC

Elecciones generalesPor qué repetir el plan de Vox del 1+1+1 en el Senado seguirá siendo inútil para la derecha

Abascal fuerza un experimento de voto que ya fracasó en las pasadas elecciones

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Vox llevará su estrategia del 1+1+1 en el Senado hasta las últimas consecuencias en las elecciones generales del 10 de noviembre. El partido de Santiago Abascal forzará a sus votantes a marcar la casilla de los senadores de otras formaciones puesto que su partido solo presentará un senador en cada una de las circunscripciones en lugar de tres. Las otras dos opciones tendrán que buscarlas bajo otras siglas.

En las elecciones del 28-A ya circuló un mensaje anónimo animando a los votantes de la derecha a repartir su voto en el Senado a un candidato del Partido Popular, otro de Ciudadanos y otro de Vox, el llamado 1+1+1. Aunque ningún partido se responsabilizó entonces del plan, esta vez ha sido el mismo Abascal, líder de Vox, quien lo ha puesto sobre la mesa. Ciudadanos se ha desmarcado de la fórmula, mientras que el PP defiende que la alianza efectiva era la preelectoral, con los tres partidos de la derecha unidos en España Suma, y no experimentos como este el día de las elecciones. Más aún teniendo en cuenta que, con los resultados del 28-A, la derecha habría conseguido mayoría en el Senado de haber concurrido juntas.

La experiencia de las pasadas elecciones ya demostró que la teoría del 1+1+1 en el Senado es inútil en la práctica. Los primeros puestos de las candidaturas del Partido Popular, Ciudadanos y Vox tuvieron una representación superior al número de votos que cada partido en el Congreso debido a la porción de votantes que puso en práctica el fallido plan. Sin embargo, los senadores que ocuparon la segundas y terceras plazas se quedaron con muchos menos votos debido a la fuga de cruces a las casillas de otras formaciones. De tal forma que el primer senador del PP quedaba asegurado, mientras que el segundo y tercero no recibían los mismos apoyos, y los primeros de Ciudadanos y Vox seguían quedando lejos de lograr escaño.

Idealmente, el 1+1+1 habría funcionado si todos los votantes de la derecha lo hubieran aplicado, puesto que la fórmula no deja de ser un intento de concentrar todos los votos en unos mismo candidatos. Sin embargo, esto estuvo lejos de ocurrir el 28-A, dando lugar a candidatos sobrerrepresentados con unos votos que no necesitaban para conseguir escaño mientras que cientos de miles de votos fueron a candidatos que iban a quedar, y quedaron, sin representante.

Inútil en la práctica

De nada sirvió el parche para coser un voto que ya estaba partido en tres trozos. El resultado final fue que el PP logró 56 senadores (74 menos que en 2016); Ciudadanos, a pesar de su espectacular subida en el Congreso, solo logró cuatro; y Vox ninguno, pese a su fulgurante irrupción en la Cámara Baja. El PSOE venció con contundencia (121 escaños, 78 más que en 2016), favorecido por un sistema que prima al vencedor, más todavía que en el Congreso. En la Cámara Alta, tres senadores, de los cuatro que se reparten por provincia, suelen acabar en el partido más votado, mientras que solo uno, el cuarto a repartir, es para la segunda fuerza; el resto se queda sin nada.

A pesar de que el sistema de votación en el Senado es mediante listas abiertas, tradicionalmente el votante español marca sus tres opciones entre tres los candidatos del mismo partido que ha votado en la Cámara Baja. Así, en el caso del PSOE, en las pasadas elecciones su primer senador obtuvo de media en todas las provincias prácticamente el mismo número de votos que su lista al Congreso, y el segundo, apenas un 5% menos.

Sin embargo, debido a la aplicación del plan del 1+1+1 por una parte del electorado de la derecha, los primeros senadores de las listas del PP recibieron un 25% más de votos que los recogidos en el Congreso, mientras que el segundo senador no recibió trasvase alguno de otras formaciones, como demuestra el hecho de que logró casi los mismos apoyos que el número de papeletas en la Cámara Baja. Es decir, mientras que el primer senador recibió apoyos de votantes de Ciudadanos y, sobre todo, de Vox, a su segundo y tercer senador solo lo apoyaron los votantes del PP. La subida en el primer senador, en cualquier caso, no se tradujo en más escaños.

El 1+1+1 tan solo sirvió en la provincia de Madrid, donde el PP fue tercera fuerza en el Congreso, superado por Ciudadanos, pero aún así logró arrancar un senador. Muy distinto fue el caso de otras provincias, como Cantabria o Valladolid, entre otras. En Cantabria, el senador con más votos fue el primero de la lista del PP, pero los tres siguientes fueron del PSOE. En Valladolid, el primero del PP obtuvo casi tantos apoyos como el primero del PSOE, pero sus segundos y terceros quedaron desatendidos y dejaron vía libre para que los socialistas completaran el tique de la provincia a la Cámara Alta.

Los votantes de Vox fueron quienes más aplicaron la fórmula del 1+1+1 en el Senado como demuestra el hecho de que un 37% de sus votantes no marcó al segundo senador de su formación, sino que alimentó el de otros partidos. Su primer senador, por el contrario, solo obtuvo un 5% adicional al número de votos que recibió el partido en el Congreso. La quinta parte de los votantes de Ciudadanos se decantaron también por esta fórmula: su segundo senador obtuvo un 20% menos de apoyos que papeletas obtuvo en el Congreso, alimentando así otras opciones.

Vox, ningún senador electo

La retirada de Vox de dos de sus tres candidatos de la papeleta es un reconocimiento implícito de las nulas posibilidades que tenían de llevarlos hasta el Senado. La estrategia de Santiago Abascal, no obstante, no es tanto un gesto en favor de los partidos de la derecha sino, como él mismo expuso en su anuncio, «concentrar el voto y aumentar las posibilidades de Vox en la Cámara Alta». Más allá de intentar, sin éxito, forzar a PP y Ciudadanos a seguir su ejemplo y presentar un solo senador, el objetivo es al menos que su único representante en la papeleta salmón recabe todos los votos de los partidarios de Vox además de tantos como sea posible de los seguidores de otros partidos de la derecha.

Vox no tiene nada que perder, puesto que no obtuvo ni un solo senador el 28-A; pero también está muy lejos de ganar nada. En las pasadas elecciones, su candidato mejor posicionado solo logró la octava plaza, muy lejos de las cuatro primeras que dan derecho a senador. Ocurrió en nueve provincias: en las cinco castellano-manchegas, y en Almería, Huelva, Murcia y Castellón. Ni siquiera en las provincias donde obtuvo mejores resultados tuvo opción alguna. En Barcelona, Gerona y Lérida, su mejor senador logró el vigésimo puesto.

El paso al lado de Vox en el Senado, no obstante, dejará al PP con más opciones de concentrar el voto de la derecha parcialmente, puesto que sus votantes podrán decantarse por la formación liderada por Pablo Casado para marcar su segunda y tercera casilla. Aunque será imposible reconstruir en las urnas una derecha partida en tres, cuya suma de votos en una sola formación habría obtenido la victoria en el Senado el 28-A y la mayoría absoluta en el Congreso.

La formación de Abascal, a pesar de este gesto electoral, no ha cedido en la petición de evitar la fragmentación de la derecha en las provincias que reparten menos de cinco escaños en el Congreso, donde no obtuvo representación. Vox presentará listas en todas las circunscripciones.