El líder de En Comú Podem, Xavier Domènech
El líder de En Comú Podem, Xavier Domènech - EFE
Elecciones Generales

El populismo roba los feudos nacionalistas

En Comú Podem y ERC esperan a que CDC redefina la «hoja de ruta», mientras que la fuerza «morada» desafía al PNV

ÀLEX GUBERN / PABLO PAZOS
BARCELONA / BILBAOActualizado:
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  1. Ada Colau aspira a capitalizar el fracaso del proceso soberanista

    El cabeza de lista de En Comú Podem, Xavier Domènech
    El cabeza de lista de En Comú Podem, Xavier Domènech - EFE

    Nadie en el campo independentista se atreve a expresarlo públicamente, pero el gran reto al que se enfrentan en los próximos meses los partidos en Catataluña es el de recolocarse ante el fracaso del llamado «proceso». Las elecciones del pasado domingo han constatado la división no ya en dos mitades de la sociedad catalana —independentistas y constitucionalistas— sino en tres, con la consolidación de un espacio que cabalga entre los dos, el que representa En Comú Podem: partidarios del referéndum, no estrictamente secesionistas, pero ahora mismo decisivos para desencallar, o enterrar, el «proceso» en su actual formato y objetivos.

    Casi con más saña que contra los demonizados PP y C’s, el independentismo arremete contra En Comú Podem, que a la vuelta del verano va a convertirse en partido bajo el liderazgo de Ada Colau –Podem e ICV son aquí más bien acompañantes–, y que puede dar la vuelta al actual mapa político catalán. De nuevo, entre los sectores más esencialistas del independentismo resuenan las viejas acusaciones de «lerrouxismo» contra Colau y su movimiento, mientras que otra parte del secesionismo, más pragmático, entiende que sin atraer a su campo al «colauismo», el bloqueo persistirá, aunque ello obligue a retroceder una «pantalla» y modular el «proceso».

    Vuelco frustrado

    Sea como fuere, y como explicó Xavier Domènech el lunes, el próximo objetivo es trasladar ese espacio político a la Generalitat, una vez constatado que el vuelco en España tendrá que esperar, al menos unos cuantos años. Paradójicamente, la consolidación en Cataluña de la opción política que aboga por el referéndum pactado —en contraste con la unilateralidad con la que coquetean CDC y ERC—, se produce en un momento en el que la consulta, tras la incontestable victoria del PP y el mal resultado de Podemos en el conjunto de España, está más lejos que nunca. El retroceso de los de Pablo Iglesias contrasta con la nueva victoria de los «comunes» en Cataluña, pese a que se dejan 80.000 votos y un par de décimas porcentuales.

    La reacción de CDC y ERC ha sido fulminante, y si tras las elecciones de diciembre el independentismo se aprestó a dar por enterrada la llamada «tercera vía» —tras la aniquilación política de Unió y el desplome del PSC—, ahora ya dan por muerta la opción del referéndum. España es «irreformable», sentencia Oriol Junqueras, abonándose a la tesis que desde el soberanismo proclama que «cuanto peor, mejor», y que el PP es el mejor aglutinante del soberanismo.

    En este escenario, y con la cuestión de confianza del presidente Puigdemont marcada en rojo en la agenda, la estrategia que adopte ERC, ya del todo consolidada como fuerza hegemónica entre el secesionismo en detrimento de CDC, será decisiva. En Convergència, como reconoció ayer Francesc Homs, se asume que el «independentismo no está para tirar cohetes», y se teme que los republicanos opten por buscar la confluencia con los «comunes» en caso de que Cataluña, más pronto –antes de diciembre– o más tarde —otoño 2017—, se precipite hacia unas nuevas autonómicas. ERC, de nuevo, ante la encrucijada de priorizar la opción ideológica o la nacional.

    Cuestión de confianza

    Por el momento, desde En Comú Podem se responde a la invitación de ERC para que se sumen al proyecto independentista con cortesía. «Sus peticiones son reiteradas en el tiempo, pero venimos de dos elecciones y las dos veces ha ganado En Comú Podem, y la hoja de ruta de Junts por el Sí está suspendida hasta septiembre y no sabemos cuál es la voluntad de esta suspensión, si es redefinir la hoja de ruta, redefinir el Govern o aprobar unos presupuestos», explicaba ayer Domènech.

    De hecho, tanto en ERC como entre los «comunes» se está a la espera desaber en qué se traducen las palabras de Puigdemont cuando tras plantear la cuestión de confianza señaló la necesidad de «enriquecer» la «hoja de ruta» soberanista. Entre los partidos se entendió que CDC asumía que, ahora mismo, al independentismo le falta grosor electoral para llevar el «proceso» hacia un nuevo estadio —el del referéndum unilateral, por ejemplo—. El reconocimiento de que el «proceso» está ahora en un callejón es el primer paso para intentar reconducirlo. En Comú Podem, levantando la bandera de un referéndum imposible, se apresta a capitalizar ese fracaso.

  2. Podemos se crece e inquieta al PNV para las autonómicas

    El cabeza de lista de UP al Congreso por Vizcaya, Eduardo Maura
    El cabeza de lista de UP al Congreso por Vizcaya, Eduardo Maura - EFE

    Sin un líder reconocido (no lo es Nagua Alba, jovencísima secretaria general de Podemos Euskadi) pero con una defensa del «derecho a decidir», que le permite fondear en caladeros «abertzales», y con un discurso muy agresivo hacia el PNV, sumado al arrastre que pudiera haber tenido la marca de la formación morada a nivel nacional. Bajo estas coordenadas se puede calibrar que el pasado domingo la coalición Unidos Podemos se llevara en el País Vasco una de sus escasas alegrías de la noche electoral.

    Si el 20-D Podemos, en solitario, ya se convirtió en la fuerza más votada, el 26-J, ya como Unidos Podemos, le sumó a esta distinción la de situarse, con seis, como la opción con más escaños. En el seno de la coalición, incluso, confían en el voto de los residentes en el extranjero para arañar un séptimo escaño que, en la segunda mitad del escrutinio, acabó en poder del PSE. La diferencia radica en un millar de votos.

    Votos, en torno a 20.000, se dejó la coalición populista con respecto a la suma que habrían dado Podemos e IU el 20-D, pero a su vez el PNV restó en torno a 16.000, lo que minimizó el impacto. Hasta tal punto que Unidos Podemos fue el más votado en las tres provincias y dos de sus capitales. Solo se le resistió Bilbao.

    Tendencia

    «Mantiene una tendencia que ya inició en las elecciones forales y municipales del año pasado, que confirmó en las generales de diciembre y que confirma en estas elecciones de ayer», sintetiza Félix Arrieta, politólogo de la Universidad de Deusto.

    Para este experto, Podemos, como marca, «tiene su espacio político» en el País Vasco. «Cuando se creó, pensaba en un quinto espacio, que en Euskadi siempre ha estado en liza, pero en estos momentos lo ha superado y está configurando un espacio propio».

    «Está claro que no es un fenómeno de un día como se pudiera pensar inicialmente», valora Santiago de Pablo, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco que califica de «sorpresa relativa» el resultado que cosechó Unidos Podemos el pasado domingo. Más cauto se muestra Carmelo Moreno, profesor de Ciencia Política, también en la UPV, y uno de los responsables del Euskobarómetro, quien considera que «se consolida un poquito la marca de Podemos en el País Vasco».

    A su juicio, «el coste del escaño» en la comunidad autónoma vasca «hace que el voto hacia una opción que pueda sacar al PP del Gobierno central era aparentemente más factible a través de Podemos que de cualquier otra opción. La opción más a mano era la de Podemos, unido a cierta idea de que era una fuerza emergente en el conjunto del país».

    «El discurso territorial que maneja Podemos, de defensa del derecho a decidir y alternativa de Gobierno a Rajoy, ha podido hacer que mucha gente pueda ver que es el voto útil en Euskadi», opina Arrieta. Los expertos consultados por ABC coinciden en que esa baza «territorial» confiere a Podemos Euskadi unas «características propias» que explican su tirón. La formación morada celebró sin rubor el último Aberri Eguna, el «día de la patria». Gestos que, sumados a su discurso, le han permito desplazar a Bildu en las dos últimas citas electorales. El batacazo «abertzale» del 20-D se agudizó el pasado domingo con la pérdida de más de 30.000 votos.

    «Aquí [Unidos Podemos] tenía un discurso diferencial, junto con Cataluña, que le permitía ser sensible a un votante más cercano a las tesis nacionalistas, que le podía hacer más fácil el votarle», aporta Moreno. De Pablo se pregunta si podríamos hablar de una «opción intermedia» que vendría a «superar esa dicotomía entre nacionalistas y no nacionalistas».

    La gran pregunta que se hacen los partidos y valoran los expertos es qué traslado tendrán los resultados del 26-J en las elecciones autonómicas vascas que, previsiblemente, tendrán lugar en octubre. Para Moreno, si el PNV «se convierte en un partido que es corresponsable de que se desatasque la situación en Madrid, para el electorado es un premio que capitalizaría de alguna manera». En cuanto a Podemos, ya concurra en solitario o nuevamente en coalición, su «sensación» es que la «solidez que no tenía en España», no la tendrá «tampoco» a nivel autonómico.

    «Las elecciones autonómicas van a ser diferentes», advierte De Pablo. «Va a haber voto útil al PNV, y EH Bildu también va a recuperar. Podemos puede jugar a seguro con su victoria aquí, olvidando su batacazo en España. Tiene que intentar separarlo».

    Arrieta ve «difícil que Podemos supere o venga a romper la hegemonía del PNV» y ve más motivos de preocupación en las filas de Bildu y PSE. «Pero es un elemento que viene a modificar y mucho el escenario». Una de las incógnitas es el nombre del candidato, aún por designar, y si acudirán de la mano de IU o el experimento se guardará en un cajón. El domingo, en el calor de la euforia, Alba dejó claro que el Gobierno vasco es su siguiente meta.