La ejecutiva del PSC, presidida por Meritxell Batet y Miquel Iceta, se reunió ayer en Barcelona - EFE
Elecciones Generales

Las elecciones generales tumban el falso mito de la mayoría secesionista

Cataluña apunta a un estancamiento de los dos bloques desde el órdago de Mas de 2012

BarcelonaActualizado:

Pasadas las primeras 24 horas tras la cita electoral del 28 de abril el análisis de los resultados en Cataluña, en función de los dos grandes bloques configurados tras el órdago secesionista que Artur Mas decidió plantear en 2012, dejan un panorama que se podría resumir como complicado y sin un claro vencedor en los objetivos marcados antes de las elecciones.

Tanto independentistas como constitucionalistas suben en porcentaje de voto en comparación con los resultados de 2016 y 2015. Reducen, así, el grueso que los «comunes» habían cosechado en esas dos citas. PSC, Cs, PP y Vox suman el 43,21 por ciento de los votos de los catalanes en las elecciones generales, cuando en 2016 había sido del 40,41 por ciento y en 2015 del 39,87 por ciento.

Por su parte, ERC, JpC y Front Republicà consiguieron este domingo el 39,38 por ciento del total de los votos de Cataluña, un 3,83 por ciento menos que el bloque constitucionalista. En 2016, los secesionistas se quedaron en el 32,08 por ciento y en 2015, en el 31,07 por ciento del total.

Estas subidas de los dos grandes polos de la política catalana desde 2012 le cuestan a los «comunes» un descenso considerable. Ahora tienen el 14,89 por ciento de los votos, cuando en 2016 los coaligados con Pablo Iglesias llegaron al 24,53 por ciento y en 2015 al 26,45 por ciento.

Menos influencia directa

Si bien es cierto que el 28-A deja para la historia la victoria por primera vez de ERC en una cita a las Cortes Generales, la aritmética parlamentaria del Congreso deja a los de Oriol Junqueras en una posición algo más débil que la derivada de las elecciones de 2016, pues Pedro Sánchez (PSOE) tiene ahora más cartas con las que jugar la partida política (desde acudir a Cs, pasando por la abstención de Bildu, a disfrutar de una derecha que no puede bloquear las iniciativas del PSOE).

De esta manera, los quince escaños de ERC -ahora tenían nueve, que ya era el mejor resultado para estos- son un éxito de la formación secesionista pero con una influencia relativa menor que en el Congreso saliente.

Eso sí, los independentistas catalanes enviarán a Madrid veintidós diputados, nunca visto en el Congreso, pues a los quince de ERC hay que sumar los siete representantes de Junts per Catalunya (JpC), que pierde uno -tenía ocho- y resiste bien la victoria de ERC -aunque los siete escaños son el peor resultado de la derecha nacionalista catalana en toda la democracia-. De hecho, JpC solo pierde 1,85 puntos pero gana algo más de 14.000 votos totales (gracias a la alta participación).

Estos veintidós escaños de los 48 que se reparten en Cataluña (uno más que en 2016) dejan a ERC y JpC con una mayoría simple y son cinco más de los que tenían en la anterior cita electoral. Frente a estos, los diecinueve de los partidos constitucionalisas, que suman uno a los dieciocho que resultaron del año 2016. Los comunes, por su parte, pierden cinco, pasando de doce a siete.

Lejos del 80 por ciento

El independentismo, sin embargo, queda lejos de sus objetivos a corto plazo, que pasan, en primer lugar, por conseguir que en alguna votación legal su bloque consiga más del 50 por ciento de los votos, y, más a largo plazo, consolidar de alguna manera esa votación en el tiempo.

En este sentido, la cita del 28-A vuelve a desmentir que en Cataluña exista una mayoría amplia (del 80 por ciento, defienden los favorables al referéndum de secesión) que está por la labor de tensionar más a la sociedad presentando (al margen de su encaje legal) un referéndum de autodeterminación. Independentistas y comunes suman el 54,21 por ciento del total de los catalanes, 2,40 puntos menos que en 2016 y 3,31 menos que en 2015.