Elecciones noviembre 2019: Voto en blanco y nulo, ¿a quién beneficia cada uno?

Una de estas modalidades de voto sí suma en el recuento y en el reparto de escaños, frente a la otra que solo afecta a las cifras de participación

Elecciones generales: todo lo que tienes que saber sobre el voto por correo

ABC
MadridActualizado:

En las elecciones del próximo 10-N no concurren solo los candidatos que aparecen en las listas de cada partido. En cada comicio, buena parte de los votantes optan por votar nulo o en blanco. Dos opciones que, en diferente medida, afectan al resultado de las elecciones.

El voto nulo consiste en introducir en la urna una papeleta o sobre diferente al oficial. O, incluso, meter dentro del sobre algún objeto (como lonchas de chorizo en algunos casos o más de una papeleta de dos candidaturas, algo que solo sería válido si son iguales), según estipula el Artículo 96 de la Ley Electoral.

En aquellos casos en los que un sobre contiene solo una papeleta, pero está escrita o marcada más de una vez (o de forma errónea, como en el caso de las elecciones al Senado que puedes señalar por error algún nombre de más) también se considera un voto nulo.

Tradicionalmente, el voto nulo se entiende como un «voto protesta» y aunque se consideran como emitidos, lo que implica que cuentan en las cifras de participación de las elecciones, no suman o restan en el recuento. Así, en la práctica, ni benefician ni perjudican a ningún partido en el reparto de escaños.

El significado del voto en blanco, y sus consecuencias, sí difiere respecto a los nulos. En estos casos es cuando el sobre que un ciudadanos introduce en la urna está vacío o, en el caso del Senado, no se ha elegido a ningún candidato. Esta modalidad de voto también es válida, según la Ley Electoral, por lo que cuenta en el reparto de escaños.

Por este motivo, los principales damnificados del voto en blanco son los partidos pequeños debido al funcionamiento del sistema d'Hondt. Esta fórmula de reparto proporcional implica que, en cada circunscripción, se excluye primero a las candidaturas que no hayan obtenido, al menos, el tres por ciento de los votos válidos emitidos, por lo que al incluir en el recuento total los votos en blanco una candidatura necesita más votos para lograr escaño.

En la práctica: en una circunscripción en la que ha habido 1.000 votos a candidaturas, 200 en blanco y 50 nulos, teniendo en cuenta solo los votos a candidaturas un partido necesitaría 30 votos (el 3%) para conseguir un escaño, mientras que al tener en cuenta los votos en blanco requeriría 36 (el 3% de 1.200).

Sin embargo, Manuel Arias, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Málaga, asegura a Europa Press que en la realidad ni beneficia ni perjudica porque no es común que los partidos se queden en el límite del tres por ciento de los votos. Ahora bien, esta clase de voto tiene un significado claro: al igual que el voto nulo se considera «gamberro» y de enfado, el voto en blanco transmite la idea de que de que la persona está de acuerdo con el sistema electoral pero «no le satisface ninguna opción», según explica.