Elecciones Generales

Compás de espera en el Congreso hasta que Rajoy abra las negociaciones

Los partidos se repliegan en sus sedes reconociendo que la iniciativa corresponde al PP

MadridActualizado:

Pasillos despejados, ausencia de coches oficiales, despachos vacíos... ésa era la imagen que ofrecía el martes al Congreso, donde la noticia era la «no noticia» si es que alguna vez puede serlo. Los distintos líderes políticos junto a sus equipos se han replegado completamente en sus sedes y ni siquiera era posible tropezar con algún protagonista político de paso por la cafetería, o en el bar Manolo, paradas casi obligadas para sus señorías cuando trabajan en el Congreso. Había transcurrido la mitad de la mañana y sólo el presidente del Parlamento, Patxi López, obligado por la tentación de fumar, se había dejado ver en el patio del Palacio pero con pocas ganas de hablar. Echó balones fuera sobre su posible repetición en el cargo, pese a que Ferraz desea abrir esa batalla para no perder más «visibilidad». Con un «puede aprender otro» despejó sin pestañearse esta posibilidad, dejando ver que el horizonte al que apunta es distinto. Según algunos de sus compañeros, entrar en la pugna por el próximo liderazgo del PSOE. Hasta el último día de la pasada legislatura, lo habitual es que a media mañana se hubieran celebrado ya, como mínimo, varias ruedas de prensa de la variedad de «canutazos». Rozando el mediodía, el portavoz parlamentario de Ciudadanos, Juan Carlos Girauta, animó la espera con una entrevista en la zona de prensa que fue aprovechada por los periodistas para pulsar el estado de situación, pero sirvió para confirmar que aún no hay nada nuevo bajo el sol.

Negociación discreta

El desierto en que se convirtió el Congreso tiene su explicación. Los populares quieren llevar las negociaciones con la máxima discreción, a diferencia de la exposición casi diaria a la que el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, decidió someter el proceso durante la pasada legislatura. La reserva, a veces extrema, es una cualidad del presidente en funciones, Mariano Rajoy, y va a caracterizar las conversaciones que emprenda para el nuevo Gobierno.

Los otros tres grandes partidos tienen poco que decir a las cámaras. Se lamen las heridas abiertas por el 26-J y aprovechan para esperar que el ganador de las elecciones tome la iniciativa, porque los números no les permiten hacer otra cosa. No en vano, los socialistas están inmersos en su propia crisis interna, con un secretario general completamente cuestionado y con voces dispares respecto a si facilitar con la abstención un nuevo Gobierno del PP.

Podemos atraviesa también su propio Vía Crucis interno tras el batacazo electoral obtenido por la coalición creada con Izquierda Unida, y el choque entre el sector más afín al líder, Pablo Iglesias, y los partidarios del número dos de la formación, Íñigo Errejón. Y Ciudadanos, el que más escaños perdió el pasado domingo, intenta no arrugarse más tras el fracaso de la llamada de su presidente, Albert Rivera, tanto a Rajoy como a Sánchez para sentarse a negociar un Gobierno a tres bandas. Todo indica que aunque se mantienen incógnitas -básicamente cómo, quién y cuándo-, el proceso negociador tendrá otro ritmo y otra narración esta segunda vez.