Elecciones Generales
Salvador Sostres

Cataluña se sumerge en la destrucción del populismo

«La que ha sido la comunidad más emprendedora de España está eligiendo a los candidatos perfectos para triturar a cualquier empresario»

Salvador Sostres
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Cataluña amanecerá el lunes con la elecciones generales en Cataluña, hoy la alcaldía de Barcelona ha caído en manos de Ada Colau, el vencedor de las elecciones de hoy será Xavier Domènech, de Podemos, y los tambores electorales de CDC para la Generalitat suenan a derrota. La que ha sido la comunidad más emprendedora de España está eligiendo a los candidatos perfectos para triturar a cualquier empresario.

1. La mentira más barata

Cuando prometes duros a cuatro pesetas, lo normal es que te salga competencia prometiéndolos a tres, que es lo que le ha pasado al independentismo con la extrema izquierda. También ha sucedido en el País Vasco, por el mismo motivo y con el mismo resultado.

Tanto con la CUP como con Podemos, el independentismo ha visto cómo su enemigo inmediato dejaba de ser España para pasar a ser el populismo que con su populismo ha generado. Con la falsa promesa del referendo secesionista, Pablo Iglesias ha derrotado a los de las promesas —igual de falsas— del pensamiento mágico independentista, que responden a la falacia de que todo les será concedido con su improbable nuevo Estado.

2. ¿Quién nos roba?

El argumento fundamental tanto del independentismo como de Podemos es que hay alguien que nos está robando y que si nuestras vidas son un desastre, no es por su falta de esfuerzo sino por el saqueo de España, en el caso de los nacionalistas, o de la casta, en el caso de los venezolanos.

Lo primero que está constatando la sociedad catalana, es que con España vivía más tranquila, próspera y estable que en su contra. La principal consecuencia del independentismo, que de momento ha sido Ada Colau, ha frenado en seco el dinamismo económico de Barcelona. La Generalitat ha tenido que prorrogar sus presupuestos, su gobierno y su presidente penden de un hilo, el centro derecha razonable y emprendedor de la CiU de Pujol ha sido sustituido por una Convergència sin Unió, desalojada del centro, instalada en la radicalización y sin ser capaz de llegar a acuerdos con nadie; y una extrema izquierda antisistema y violenta está imponiendo, prácticamente sin oposición, el caos.

3. El candidato adecuado

Con la previsible victoria de mañana, Podemos y sus marcas blancas habrán ganado dos de las tres elecciones importantes que se celebran en Cataluña. A partir de septiembre, tendrán que buscar el candidato adecuado a la Generalitat, que cuente con el apoyo explícito de Ada Colau, quien difícilmente renunciará a ser alcaldesa para ser presidenta, sobre todo pudiendo controlar las dos instituciones, implicándose en la promoción de un candidato que sea «suyo», justo lo contrario de lo que hizo con el actual Lluís Franco Rabell, que por eso obtuvo unos tan pobres resultados.

4. Otoño caliente

El curso político catalán empezará en septiembre con la cuestión de confianza a la que se someterá Puigdemont. La CUP, pese a sus divisiones internas, tiene fijada su posición de sólo apoyar al «president» si se compromete a celebrar un referendo unilateral —e ilegal— de independencia. Puigdemont y su entorno, más netamente independentista, estaría dispuesto casi a cualquier cosa para pactar con la CUP y dar viabilidad al proceso secesionista; mientras que el entorno de Mas, más cínico y apparatxick, y administrador de distintas contabilidades, quiere cortar en seco con la CUP, forzar la convocatoria de nuevas elecciones, y si las pierden, que saben que es lo más probable, empujar a Esquerra y a Junqueras a gobernar con la extrema izquierda, y refundar Convergència en la épica de la oposición a una nueva versión del tripartito, todavía más inestable y caótica. En cualquier caso, el circo y la bronca están asegurados, con el debate absolutamente desplazado al terreno de juego de la izquierda irresponsable.

Justo lo que necesitamos.

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