Los cuatro candidatos antes del debate de ayer
Los cuatro candidatos antes del debate de ayer - ÁNGEL DE ANTONIO

Casado al alza, Sánchez institucional, Rivera impaciente e Iglesias moderado: así vieron los expertos el debate de Atresmedia

Dos especialistas en comunicación no verbal analizan para ABC la actuación de los aspirantes a La Moncloa en los dos debates de esta campaña

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Casado crece, Rivera reincide

Por Daniel Rodríguez, director adjunto del Instituto de Comunicación Empresarial (ICE)

En España, a diferencia de los Estados Unidos, los debates empiezan antes de que comiencen. Si en el debate de Atresmedia vimos a Pablo Iglesias llegar en taxi, Pablo Casado fue el único que llegó acompañado de su esposa en el de RTVE. Eran dos declaraciones políticas.

En el debate de Atresmedia también vimos el único apretón de manos con un gesto de refuerzo en el antebrazo que Albert Rivera ofreció a Casado antes de entrar al plató. En el comienzo del debate llegaría el mensaje verbal del líder de Ciudadanos: «Le tiendo la mano al Partido Popular», aunque minutos después pareció arrepentirse.

Rivera volvió a colocarse en «modo debate» y mostró su habilidad de esgrima diálectica incisiva. Los fuegos de artificio mostrados con aceleración le restan tono presidenciable. Las interrupciones a los otros candidatos no le benefician. El líder de Ciudadanos brilló más cuando se mostró sereno y sin interrumpir.

Casado ganó peso e iniciativa, como en la primera parte en la que habló más de un minuto que el resto de candidatos. Se mostró sólido en la parte económica y en su manera de mostrar las gráficas (aunque con elementos ilegibles). Ganó eficacia combinando la contundencia, la proactividad y manteniendo un tono sereno.

El azar hizo que Pedro Sánchez y el líder de Ciudadanos estuvieran casi espalda con espalda. El líder del PSOE se «riverizó» en el comienzo del debate dejando el libro de Fernando Sánchez Dragó sobre el líder de Vox en el atril de Rivera. Donde las dan las toman. Tras segmentos donde se mezclaba la condescendencia y el desánimo, Sánchez ganó la partida a Casado sobre la violencia de género.

Iglesias recuperó el ceño fruncido de la indignación y el bolígrafo. Que no haya metido la mano en el bolsillo ni cruzado las piernas como en el primer debate mostraba que venía con más ganas que en el primero. Brilló en los tramos en los que habló con tonos medios de su voz, a una velocidad moderada y cuando no insistía en ser el delegado de clase.

El periodista Walter Lippmann ya se refirió a la televisión «como una máquina para descubrir la verdad». En eso estamos.

Comunicación año cero

Por Cristian Salomoni, vicepresidente de la Asociación de Analistas Expertos en Comportamiento No Verbal ( ACONVE)

La comunicación no verbal es vital en los debates para ganar votos y trasmitir los valores de los líderes políticos. Sin embargo, una vez más, ni los asesores ni los políticos recurrieron correctamente a ella utilizando solo la retórica.

Pablo Iglesias empezó con su tono moderado y descafeinado de ayer. Sin embargo los hachazos de Albert Rivera devolvieron al Iglesias que gusta a sus votantes: reivindicativo y pasional con su ceño fruncido, síntoma de ira constructiva. Llegó, además, con un jersey de una marca de ideología republicana que le otorgó un toque más elegante sin perder su marca personal.

Buscar protagonismo en un debate es importante, pero no a toda costa. Rivera fue impaciente, imprudente y frenético. Dejó a un lado su comportamiento no verbal, lo que le hizo parecer estereotipado en sus gestos. A diferencia del anterior debate, intentó conectar con el público mirando fijamente a la cámara y utilizando también anécdotas personales. Tendría que haber rebajado un poco el tono, pero seguramente le aconsejaron utilizar un estilo muy agresivo para quedar en el recuerdo de los espectadores. Tuvo un «lapsus», muy significativo porque el subconsciente es traicionero: «Ha mentido usted, señor Sánchez, ahora me toca a mí». El líder de Ciudadanos rebajó la espectacularización de su discurso pero guardó material «en la chistera»: sacó la tesis y gráficos, pero no esperaba que Sánchez también estuviera preparado.

Pedro Sánchez tuvo aplomo y empezó con una comunicación no verbal muy institucional, postura erguida e intentó mantener el tipo a pesar de que Casado y Rivera intentaron hacerle perder los papeles. Utilizó gestos muy emotivos para remarcar su pasión por la política y el orgullo de su partido y sus reformas, como las manos en el corazón.

A Pablo Casado le tocó ponerse las pilas después del primer debate. Es una persona que muestra sus emociones con su expresión verbal y a veces es demasiado excesivo, de hecho le hemos visto trasmitir muchas emociones en un mismo momento. Sí que controló muy bien su gestualidad siendo muy ilustrativa y pausada. Tuvo un gesto típico que es el de juntar el pulgar al índice para explicar sus argumentos.

Aquí la comunicación. A los votantes los votos.