Donald Trump durante su discurso en el Auditorio Merrill
Donald Trump durante su discurso en el Auditorio Merrill - AFP

Trump hace caja con la clase media, y Clinton, con los millonarios

El magnate logra una financiación de las bases sin precedentes en el partido, mientras que muchos millonarios republicanos se pasan a Hillary

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

En la pagina web de la campaña de Donald Trump mandan dos elementos: una foto del candidato a presidente junto a su compañero de «ticket», Mike Pence, con el fondo de una bandera de EE.UU.; y un cuadrado azul, algo superpuesto sobre la foto, que invita a donar fondos a la campaña. «América ha vuelto. Yo soy tu voz. Contribuye», dice el texto, bajo el que hay cuatro pestañas para donar 10, 25, 50 o 100 dólares.

Las contribuciones de pequeños donantes, de la gente común y corriente, no han sido tradicionalmente el motor de la financiación de las campañas republicanas, y menos tras la sentencia del Tribunal Supremo sobre «Citizens United», en enero de 2010, que abrió la mano a donaciones ilimitadas por parte de multimillonarios y empresas. Pero el asalto a la Casa Blanca de Trump también ha roto moldes en este capítulo. Con la ayuda del Comité Nacional Republicano (RNC, en sus siglas en inglés, el órgano que administra el partido), Trump ha recaudado en julio 64 millones de dólares a través de la plataforma digital y de contribuciones por correo electrónico. Según aseguró a «The New York Times» Steve Mnuchin, el presidente financiero de la campaña, dos tercios de esa cantidad llegaron por pequeñas contribuciones«online». En total, Trump consiguió 82 millones de dólares en julio, lo que le sitúa cerca de Clinton -la candidata demócrata obtuvo 90 millones en el mismo periodo- y que le permitirá pelear con fuerza en la recta final de la campaña presidencial.

Ha sido todo un esprint para Trump, cuya campaña a finales de mayo decía contar con solo 1,3 millones de dólares para gastos. Y, sobre todo, muestra el músculo del candidato en la clase media y el movimiento popular que ha conseguido organizar alrededor de su persona, algo desconocido para los republicanos. En julio de 2012, el entonces candidato republicano -y, al contrario de Trump, con casi todo el partido a su favor- solo recaudó 19 millones de dólares en donaciones de menos de 200 dólares.

Venta de camisetas

Hasta el verano, la campaña de Trump se había financiado sobre todo con la venta de camisetas y gorras y con los propios fondos del candidato. Ahora, Trump ha sabido reconducir el tirón de su mensaje entre las clases medias blancas descontentas para convertirlo en una máquina recaudatoria. Es imposible no trazar comparaciones con la campaña de Bernie Sanders, el socialista que puso contra las cuerdas a Hillary Clinton en las primarias demócratas y que en cada mitin criticaba los lazos de su contrincante con Wall Street y alardeaba de los millones de pequeñas contribuciones a su campaña, con una donación media de 27 dólares. Trump, que también atacó a los «lobbies» y los grandes donantes durante la campaña, espera pescar votos del movimiento creado por Sanders.

«Ella lleva 20 años haciendo esto», dijo Mnuchin en relación a la maquinaria electoral de Clinton. «Nosotros llevamos dos meses». Aunque cuenta con la ayuda del RNC, el poderío recaudatorio de Trump entre las bases le coloca en una posición de fuerza dentro de las turbulencias que vive el partido republicano. El nominado se ha enzarzado en batallas dialécticas con hombres fuertes de su partido -desde Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, al senador y excandidato presidencial John McCain-, ha enervado a muchos con sus comentario sobre la familia Khan -musulmanes cuyo hijo murió en la guerra de Irak- y ha provocado defecciones de cargos del partido, que han asegurado que votarán a Clinton.

Grandes contribuyentes

En otras circunstancias, el partido podría tratar de atar corto a un candidato díscolo, sobre todo con la amenaza de cerrar el grifo de la financiación. Pero no parece que sea el caso de Trump, con amplias bases -y contribuciones- a su favor.

Un asunto diferente podría ser el de los grandes contribuyentes, aquellos que podrían dar un impulso financiero definitivo a su campaña. En las últimas semanas, Trump ha dejado de lado las críticas a los grandes donantes y su campaña ha programado actos benéficos y citas con republicanos con posibles. Pero, en la última voltereta imposible de estas elecciones, muchos millonarios republicanos han huido a los brazos de Hillary Clinton.

Uno de ellos es Dan Webb, un potente abogado de Chicago, que se califica de «republicano durante décadas», pero que está animando a la gente de negocios de su ciudad a que se unan a la causa de Clinton. La candidata también ha hecho un esfuerzo por convencer a republicanos moderados, entre otros a Meg Whitman, consejera delegada de Hewlett Packard y excandidata republicana a gobernadora de California. Whitman calificó esta semana de «demagogo» a Trump y anunció que votaría a Clinton en las elecciones. Seth Klarman, un inversor multimillonario y consejero delegado de The Baupost Group, anunció este miércoles que trabajaría por la elección de Clinton. Un excolaborador de Ronald Reagan y George H. W. Bush, Jim Cicconi, aseguró que votará por Clinton y que «animará a otros republicanos en mi situación a hacer lo mismo». También se han organizado grupos de republicanos para recaudar fondos para la campaña demócrata, como «Republicans for Her 2016», R4C16 y «Republican Women for Hillary».

«Tomé la decisión de que no sería capaz de mirar a mis nietos si votaba por Trump», dijo Webb a Reuters.

La desbandada de grandes donantes republicanos hacia su campaña no solo inyecta unos fondos esenciales para que Clinton invierta en publicidad y anuncios en los «estados bisagra», donde se definirá la suerte de las elecciones. También son una campaña de imagen que ayuda a traer a republicanos moderados descontentos con Trump y a combatir la percepción de Trump como un hombre de negocios respetado por otros multimillonarios. Para detener esa sangría, Trump deberá aparcar las disputas con su partido y rebajar el tono de su campaña, algo que por ahora no parece dispuesto a hacer.