La maquinaria de la reforma financiera, en marcha
ÓSCAR T. PÉREZ

La maquinaria de la reforma financiera, en marcha

España tiene camino andado. El sistema financiero español no ha sido de los peor regulados, sino que es una referencia

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Destilaba felicidad, sabedor del que lleva un as en la manga con el que morir de éxito. Con su porte ya habitual, tieso como una vela, manos en los bolsillos, sonrisa resplandeciente y paso firme, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, entraba en la sala de reuniones del club de ricos más poderoso del mundo, el G-8, dispuesto a sentar cátedra ante sus socios en las deliberaciones del pasado fin de semana. Después, la reunión del G-20.

Su carta: el acuerdo definitivo para aprobar la mayor reforma financiera que Estados Unidos ha conocido en setenta años, un auténtico rediseño de las reglas de Wall Street, que pone coto a la intocable banca y otorga cierto control de la situación a la ciudadanía. Ahí es nada. Un mensaje de tranquilidad para el resto del mundo.

Una reforma financiera que abarca desde la reestructuración de los supervisores de Wall Street a hacer más transparentes las operaciones de la banca. Pero ¿es esta reforma la que se necesitaba o sólo la única posible? «Es una ley dura, más dura de lo que todo el mundo predijo y, francamente más dura de lo que yo mismo esperaba», ha manifestado el presidente del comité de Asuntos Financieros de la Cámara, Barney Frank.

Ahora les toca mover ficha a otros. ¿Es factible una reforma financiera similar al otro lado del Atlántico? ¿Pueden trasladarse iguales normas a la globalidad? «Una reforma financiera mundial, si bien es muy deseable, resulta imposible con tres áreas monetarias radicalmente diferentes y una que inicia su caminar», apunta el profesor Juan Velarde Fuertes, vicepresidente de la Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas.

Las áreas a las que hace referencia son la del dólar, la del euro y la de la libra esterlina. La que inicia su deambular, es la del yuan chino. ¿Y el yen? «Se ha estancado y ha perdido peso. Coordinar todo esto resulta prácticamente imposible a corto plazo. El hundimiento del patrón oro-dólar unido al FMI, ha generado algo que motiva que cada área tenga que arreglar sus propios problemas aunque perturbe otras», explica Velarde.

Los expertos consultados coinciden en que, en relación con el área del euro, se antoja necesario algo más que ir cada uno por su lado, si bien destacan que la organización crediticia de todos y cada uno de los países deja mucho que desear. «Los bancos centrales de cada país no han hecho gran cosa para poner orden interno, seducidos por el fuerte desarrollo que existió hasta 2007, y el BCE ha hecho lo que se esperaba: ponerse a las órdenes de Francia y Alemania, como era lógico», concluye el profesor Velarde.

España, ¿otro cantar?

Rehacer todo esto pues, es necesario, pero en el caso de España, con la crisis económica cercando más si cabe a las entidades financieras mezclado con la fuerte deuda bancaria exterior, ¿va a resolverse de otro modo que con medidas parciales sin más? Respuestas hay para todos los gustos, pero muchas coincidentes. Para Juan Ignacio Sanz, profesor de banca y mercado de valores de la Facultad de Derecho de Esade, la solución tiene que pasar inexorablemente porque el empleo se recupere, puesto que es el principal problema de la banca. Si no hay trabajo, la mora sube. Y sube... Y sigue subiendo. No en vano, los últimos datos disponibles del Banco de España hablan de una morosidad conjunta —la media de la mora de los créditos concedidos por bancos, cajas, cooperativas y establecimientos financieros de crédito a particulares y empresas— del 5,49% en abril, la más alta desde marzo de 1996, mientras el número de desempleados en dicho mes superaba la cifra de los cuatro millones.

¿Se tornará la tendencia en algún momento de este ejercicio? El propio Banco de España ha destacado en numerosas ocasiones que la morosidad continuará aumentando hasta finales de año como consecuencia del deterioro de la actividad económica y el aumento del paro, por lo que perspectivas de cambio, pocas.

Las cajas, sólo el primer paso

Mientras la situación exógena vea o no luz al final del túnel, la realidad endógena de la banca tiende a poner en marcha la maquinaria de una reforma pendiente, por acabar. Con la reordenación del sector de las cajas de ahorros. Si bien, no acaba, ni mucho menos, ahí. «La reforma financiera es básicamente internacional —incide Santiago Fernández de Lis, director del Departamento Internacional de Analistas Financieros Internacionales (AFI)— porque los fallos detectados han sido globales y su solución debería serlo también, aunque la tendencia del último G-20 es un poco preocupante en este sentido. Parece que cada país va a ir por su propio camino».

En este sentido, España tiene camino andado. De hecho, el sistema financiero español, no ha sido de los que peor regulación ha tenido. Muy al contrario algunas regulaciones españolas se están usando como referencia para la reforma internacional: la provisión dinámica —guardar dinero en los tiempos buenos para gastarlo en los tiempos malos—; los requisitos de consolidación de las llamadas entidades fuera de balance —que han evitado que se generen productos tóxicos como el subprime USA; y, el Fondo de Garantía de Depósitos.

El sistema español es referencia para la reforma mundial

Ahora bien, lo que sí hay en el sistema bancario español es exceso de capacidad, y eso, hay que corregirlo. En realidad, está en ello. Así, la reforma de las instituciones financieras españolas se antoja imparable. Las razones las expone José Ramón Pin Arboledas, profesor del IESE: «exceso de capacidad creada en una época de expansión, que ahora crea costes innecesarios; endurecimiento de los mercados de deuda interbancaria, aumento del coste de intereses y dificultad de financiación; aumento de la morosidad de los clientes debido a la crisis económica; falta de previsión por parte de los gestores de las entidades, salvo en casos muy concretos que hay que alabar».

Por todo ello, las cajas y la banca mediana tienen que tomar decisiones urgentes y, de hecho ya las están tomando. La reforma exige una reestructuración del sector con fusiones y adquisiciones; un cambio en la normativa de las cajas y fusiones en banca mediana. «Internamente necesitan revisar sus criterios de riesgo y mejorar la eficiencia operativa. Ello lleva consigo la reducción de plantillas y el empleo de nuevas tecnologías entre otras medidas», concluye Pin Arboledas.

Esta semana, el Banco de España daba casi por concluido el mapa del proceso de reestructuración de las cajas, con una serie de operaciones de integración autorizadas o en fase de autorización que «implican la mayor reordenación del sector en la historia reciente», explican desde la autoridad supervisora.

Hacen falta movimientos corporativos y fusiones en banca mediana

La reestructuración se articula en 12 procesos de integración en los que participan 38 de las 45 cajas españolas, sin contar con el caso Cajasur, actualmente administrada por el FROB y pendiente de una solución. De los 12 procesos, 7 se han planteado con petición de ayudas al FROB, por valor de 10.189 millones de euros, y otros 5 se abordan sin ayudas públicas. Cinco de esos 12 procesos se formalizan a través de la llamada «fusión fría», o SIP. Y ¿es conveniente este tipo de fórmula para constituir grupos sólidos y eficientes con capacidad para competir en un mercado cada vez más exigente? En opinión de Fernández de Lis «las llamadas fusiones frías son un paso positivo y necesario. Permitirán racionalizar el sector de cajas, recapitalizar allí donde sea necesario y restablecer la rentabilidad a través del ahorro de costes y compartiendo infraestructuras». Pero, no constituyen un estadio final. De hecho, los expertos consultados coinciden que a medida que se avance en el proceso es muy posible que evolucionen, de una manera natural, hacia fusiones en un sentido más profundo y completo.

La duración de la crisis hace que nadie esté a salvo de la morosidad

Con todo y con eso, la reforma financiera no está ni mucho menos acabada. «Tras la primera fase de las cajas, empieza la hora de los bancos, pues el alargamiento de la difícil situación por la que se atraviesa hace que nadie esté a salvo de la morosidad creada por el desempleo. La prueba es la reciente operación entre el Sabadell y el Guipuzcoano, para ir abriendo boca», concluye Juan Ignacio Sanz.

Manuel Romera, director del Sector Financiero de IE Business School, también cree que hace falta una reforma del sistema más amplia. «Es necesario gestionar eficientemente los coeficientes de caja e incrementarlos para que tengan capacidad de reacción en el caso de que los depositantes necesiten disponer de sus depósitos. Basilea III establece un «core capital» necesario muy superior al actual, y eso sería aplicable igualmente a todas las entidades financieras españolas». Al menos, la maquinaria está en marcha.