Obama deja el estrado en el que ha intervenido como cierre final a su presencia en Seúl - reuters

Las derrotas de Obama en la «Batalla de Seúl»

No ha podido que los países hagan una petición a China para que revalúe su moneda ni lograr un acuerdo de libre comercio

enviado especial a seúl Actualizado:

Nada más terminar la cumbre del G-20 en Seúl, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, volvía a abrir fuego contra China en la «guerra de las divisas». «El yuan está devaluado porque China gasta enormes cantidades de dinero en mantenerlo por debajo de su valor», criticó el inquilino de la Casa Blanca, quien volvió a pedir «una apreciación gradual para que Pekín cambie el patrón y el mercado marque los tipos de cambio».

Aunque Obama reconoció que este asunto no se podía resolver «de la noche a la mañana», reveló que le había hecho saber al presidente de China, Hu Jintao, que «los tipos de cambio deben reflejar la realidad de los mercados».

Sus declaraciones demuestran que la «guerra de las divisas» no ha terminado tras la «Batalla de Seúl», de donde Obama ha salido derrotado en un par de cuestiones fundamentales.

Ningún país ha querido secundar a Obama en una declaración contra China

Para empezar, no ha podido incluir en la declaración final de la cumbre un llamamiento del G-20 instando a China a revaluar el yuan, como persigue desde hace tiempo sin demasiado éxito. La cada vez mayor influencia económica y política del régimen de Pekín, reflejada en el reciente nombramiento de Hu Jintao como «hombre más poderoso del mundo» por la revista «Forbes», indica un cambio de tornas y el declive del imperio americano.

Ya sea como «fábrica global» o mayor mercado del mundo, todos los gobiernos y empresas del mundo desean hacer negocios con China y pocos mandatarios, especialmente de los países poderosos, se atreven a cuestionar las decisiones del régimen de Pekín, tanto políticas como económicas.

Debilitado por su reciente fracaso electoral, Obama también se marcha de Corea del Sur sin haber podido firmar un acuerdo de libre comercio largamente negociado. En este país, donde el plato nacional es la ternera a la parrilla enrollada en hojas de lechuga, la inclusión de dicha carne en el tratado ha puesto en pie de guerra los ganaderos, famosos por sus violentas manifestaciones. Por no hablar de las ampollas que ha levantado la importación de coches americanos en las cadenas de montaje de Hyundai, Daewoo y Kia. «En EE.UU. hay 400.000 coches coreanos y aquí sólo unos pocos miles de vehículos americanos», se quejó Obama, quien se conformó asegurando que «seguiremos negociando para alcanzar el mejor trato para ambas partes».

De Corea, donde EE.UU. perdió su primera guerra contra el comunismo hace 60 años, el «Tío Sam» negro también se marcha con el rabo entre las piernas.