Cuando la verdad paga impuestos

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Victorio Valle, director general de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), es un excepcional catedrático de Hacienda Pública, al que siempre ha caracterizado su discreción. Esta semana, sin embargo, ha saltado a la primerísima plana de la actualidad nacional por cumplir a rajatabla aquella célebre sentencia atribuida a Sócrates: «Amigo es Platón, pero más amiga es la verdad». Y no es que Valle sea un estrecho confidente del presidente Zapatero, sino que «siempre ha defendido causas justas», como recuerda su colega, el profesor José Barea. Y esto incluye ser honesto respecto a la espinosa fiscalidad y a las subidas de impuestos que, pese a lo que asegure el presidente, necesariamente están por llegar.

El más fiel de los colaboradores de Enrique Fuentes Quintana jugó, casi siempre desde modestos segundos planos, un papel determinante en el desarrollo de la economía española. «Siempre me recuerda entre risas cómo la Guardia Civil le fue a buscar a la playa de Málaga, donde nació, para llevarle a Madrid. Fuentes Quintana le necesitaba para atar los últimos cabos de la reforma fiscal que daría lugar a los Pactos de la Moncloa y, por entonces, ese era el único método para localizarle», relata Juan Iranzo, uno de sus más cercanos colaboradores. Valle también fue uno de los impulsores del selectivo bursátil español, el Ibex 35, y hasta 2006 ha sido el presidente de su Comité Asesor Técnico.

Lo cierto es que al repasar en voz alta su trayectoria profesional se corre el riesgo de quedar sin aliento. Director general de Política Financiera del Ministerio de Economía, consejero general del Banco de España, consejero del ICO, presidente del Banco Hipotecario de España, director adjunto de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), primer secretario general del Fondo de Garantía de Depósitos de las cajas y, por resumir, director general de Funcas. Lo mejor de todo, aseguran lo que más de cerca le conocen, es que «nunca se le ha subido a la cabeza». Y que también ha sabido cuando decir «no». En 1991, un recién elegido alcalde de Marbella Jesús Gil le reclamaba para poner en marcha la Universidad del Turismo y dar un impulso académico a la ciudad. El proyecto, finalmente, no pasó de ahí.

Jubilado voluntariamente en 2004, también fue decano y referencia de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) desde 1975. «Allí –recuerda Iranzo- tuvo que examinar en una ocasión al propio Fuentes Quintana, que debía cumplir este trámite para ingresar en el centro». La élite económica nacional se deshace en elogios al escuchar el nombre de Victorio Valle. «Es una persona muy culta. Ha cosecha innumerables éxitos profesionales pero, sobre todo, ha conseguido sustituir a Fuentes Quintana al frente de Funcas sin que se haya notado el cambio. Hoy en día, ningún economista podría trabajar los estudios que allí se elaboran», afirma Juan Velarde.

De hecho, buena parte de esta élite económica que hoy busca la salida de emergencia de la mayor crisis desde hace décadas ha trabajado codo a codo con el profesor Valle. «Es un maestro en el amplio sentido de la palabra», concreta Velarde. Y la carrera profesional de sus discípulos da fe de ello. José Manuel González Páramo, el único español miembro de Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, no escatima en elogios: «Es uno de mis maestros. De él y del profesor Fuentes Quintana aprendí la importancia de la comunicación en economía. A las virtudes profesionales de Victorio Valle debo sumar su calidad humana. Siempre acogedor, dispuesto a ofrecer buen consejo, franco, íntegro y, sobre todo, dotado de un gran sentido del humor. De ese humor expansivo, y con frecuencia autodeprecativo, todos sus amigos y colegas guardamos multitud de muestras en nuestra memoria».

Y es que las bondades sobre su faceta profesional quedan en segundo plano cuando sus colegas deciden hablar de su «amigo». «Es una excelente persona. De lo mejor que uno se puede encontrar», recalca el economista y catedrático de la UNED Jaime Requeijo. «Gourmet» y amante de su tierra, disfruta cada verano en los chiringuitos de Torre del Mar de un espeto de sardinas. Presume de hacer un ajo blanco «como nadie» e invita a quien se preste a comprobarlo. Padre de cinco hijos y abuelo de «infinidad» de nietos, ha conseguido construir, junto a su mujer, Auxi, «una familia de las que dan envidia». Su jefe de gabinete de prensa asegura que se puede resumir a Valle en una sola frase: «Si Victorio no existiese habría que inventarlo».