Alemania y Japón se rebelan contra la política de estímulos de EE.UU.

RAMIRO VILLAPADIERNA
CORRESPONSAL EN BERLÍN Actualizado:

El mundo señala a Estados Unidos. Con la excepción de la habitual tibieza de Jean-Claude Trichet, los recelos de Alemania y Japón y la desconfianza han saludado la decisión de la Reserva Federal de inyectar a la aletargada economía norteamericana otro estímulo de 600.000 millones de dólares. La reacción más explícita vino de la mano del gobierno que pilota la canciller Angela Merkel. El ministro germano de Economía, Rainer Brüderle, afirmó ayer que ve en la intervención del organismo presidido por Ben Bernanke «elementos que recuerdan a la economía planificada», en referencia al centralismo económico del socialismo. Brüderle reveló también que en la reunión del FMI en Corea se produjeron «críticas a la política monetaria de EE.UU., a la idea de inyectar demasiada liquidez», a cuyo frente no ocultó que figuró la propia Alemania. «Creo que la creación excesiva de dinero es una manipulación indirecta del tipo de cambio», sentenció el ministro alemán.

El euro inicia su escalada

En el fondo de la resistencia alemana, primera potencia exportadora de la Eurozona, está el temor al inevitable brote alcista de la divisa europea que, a juicio de todos los expertos, provocará la nueva huida hacia adelante de la Reserva Federal. Ayer, el euro ya se disparó dos céntimos, hasta los 1,425 dólares, el máximo desde enero.

Japón también ha reaccionado con urgencia al movimiento de Estados Unidos. El Banco de Japón (BOJ) adelantó a ayer su reunión mensual de dos días, prevista en principio para el 15 y el 16 de noviembre, para analizar la repercusión de las medidas de la Fed y decidir el camino a seguir a corto plazo para sortear posibles daños colaterales en el yen. El BOJ ya lanzó el mes pasado un programa de compra de bonos del Gobierno por valor de cinco billones de yenes (43.656 millones de euros). 1 Además, el 15 de septiembre, el Gobierno intervino en el mercado de divisas por primera vez en seis años para frenar un yen a su nivel más alto en quince años.

Los analistas creen que de la reunión saldrán nuevas medidas de estímulo. Sensación reforzada por las declaraciones del gobernador del BOJ, Masaaki Shirakawa, que mostró ayer su convencimiento de que las medidas ya tomadas han generado efectos positivos para la economía nipona.

Y mientras Shirakawa ponía una vela al diablo intervencionista, el ministro portavoz, Yoshito Sengoku, ponía otra al dios del consenso al instar a las principales economías del mundo a una mayor coordinación de sus políticas financieras, de cara a la cumbre del G-20 la próxima semana en Corea del Sur, que se presume, cuando menos, agitada. Y con los actores asiáticos como asustados protagonistas. Las autoridades monetarias de Hong Kong ya han advertido que el anuncio de nuevas medidas de relajamiento cuantitativo podrían empeorar la situación financiera en el continente y aumentarán el riesgo de una burbuja en el sector inmobiliario de la ciudad.

Gurría apunta

Y en plena vorágine de toma de posiciones, el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, volvía ayer a meter el dedo en la llaga del conflicto monetario al criticar las intervenciones de «ciertos países» para proteger su economías de la volatilidad de los mercados de cambio y de capitales.

«La intervención en los mercados de cambio no es el instrumento más útil» para la gestión macroeconómica ya que «puede desencadenar intervenciones compensatorias y nuevas reacciones proteccionistas», destacó ayer Gurría en un comunicado en el que insistió en que «los países del G-20 deben respetar tanto la letra como el espíritu de sus compromisos antiproteccionistas», ya que «preservar la apertura a las inversiones internacionales en los meses y en los años venideros será fundamental para una recuperación sólida y duradera».

Trichet, confiado

Sin embargo, entre tanto movimiento, siempre emerge la figura pausada de Jean-Claude Trichet. El presidente del Banco Central Europeo (BCE) aseguró ayer que no va seguir las pautas expansivas de la Reserva Federal y que no cree que las medidas del regulador norteamericano estén destinadas a mantener artificialmente devaluado el dólar. «No tengo ninguna indicación para dejar de confiar en el hecho de que ni el presidente de la Reserva Federal, ni el secretario del Tesoro estén jugando la baza de un dólar débil», concluyó. Trichet también calificó como «apropiado» el actual nivel de los tipos de interés del euro, que se mantiene en el 1%. La institución no se plantea variar una política monetaria, que el propio presidente del BCE definió como «acomodaticia», es decir, flexible ante las necesidades de liquidez del sistema.

Mientras, Inglaterra siguió ayer el camino de la UE y Japón al mantener bajo mínimos sus tipos. Y, aunque no hubo ningún aviso en ese sentido, muchos expertos apuntan a que el regulador británico medita aplicar medidas expansivas similares a la de la Fed.