Petrodólares, la gasolina de una discreta «megafortuna»

El fondo presume de no participar en la gestión diaria de las empresas que compra

MADRID Actualizado:

En 2008 hizo su más estrambótica inversión: comprar el Manchester City. Pero no soportó que el presidente del club fanfarronease con que a partir de ese momento el equipo británico de fútbol, a golpe de talonario, se iba a hacer con las más grande estrellas del balompié. Dicen del jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, al frente de International Petroleum Investment Company (IPIC), que es sobrio y discreto. Y que pide a sus socios lealtad. El valor, este último, que quizá mejor caracterice a la relación de la empresa con Cepsa.

La petrolera española se convirtió en 1988 en la primera inversión de esta sociedad creada cuatro años antes por el emirato de Abu Dabi y que hoy sigue en manos del Gobierno y dirigida por miembros de la familia real. Más de dos décadas después, la relación entre las dos empresas parece más viva que nunca.

Entre tanto, IPIC se ha convertido en un gigante inversor. Su cartera está valorada en más de 10.320 millones de euros y tiene unos activos consolidados de 36.000 millones. Está presente en «14 compañías de hidrocarburos punteras», celebra en su web. Y ese sigue siendo su objetivo, recuerda la empresa en su tarjeta de presentación digital: «Invertir en industrias de hidrocarburos en todo el mundo». Y todo lo que huela a petróleo y gas. En general, a energía. O a industria química. Con esa idea, IPIC ha realizado atractivas adquisiciones en Portugal (EDP), Egipto (Suez Mediterranean), Paquistán (Parco), Austria (OMV y Borealis), Japón (Cosmo) y Canadá (NovaChemicals), entre otros países.

No por ello rechaza la diversificación. Es, según la propia compañía, la base del éxito de las economías actuales. Y con esa premisa, y con el dinero que emana del petróleo, IPIC está presente en otros sectores como el financiero (Unicredit, Falcon Private Bank) o el automovilístico, en compañías como Telsa, Daimler (fabricante de Mercedes-Benz) o Mercedes GP-Petronas, la escudería de F-1.

Junto a los petrodólares, la estrategia de compras de IPIC se refuerza con su presencia (del 86,2%) en Aabar, fondo soberano de Abu Dabi. O lo que es lo mismo: su brazo inversor. Igual que hacen otras economías similares: Hong Kong (con el Hong Kong Monethary Authority), Singapur (Temasek Holdings y Government of Singapore Investment Corp), Arabia Saudí (Saudi Arabian Monetary Agency), Kuwait (Kuwait Investment Authority) o la colosal China, con su poderoso fondo China Investment Corporation.

Quizá por eso Cepsa asegura que la españolidad de la segunda petrolera del país está asegurada. Quizá también por las propias palabras de IPIC en su página web: «No participamos en la gestión diaria de las empresas en las que invertimos, salvo casos excepcionales».

Como fuere, IPIC suma un nuevo gran activo a su cartera. Y a la de su presidente Mansour bin Zayed Al Nahyan, hijo del primer presidente de Emiratos Árabes Unidos, y cuya fortuna está estimada en unos 20.000 millones de libras. Al cambio actual, cerca de 24.000 millones de euros. Una pequeña parte del patrimonio que atesora la familia del jeque: más de 650.000 millones de euros.