Íñigo de Oriol Ybarra

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SANTIAGO DE YBARRA

Y CHURRUCA

Nos acaba de dejar Íñigo de Oriol Ybarra. Madrileño de ascendencia bilbaína y sevillana, heredó lo mejor de ambos orígenes: dedicación al trabajo, profundas raíces religiosas, interés por la cultura y en especial por la Historia, sentido de la amistad y patriotismo.

Su abuelo, José Luis de Oriol y Urigüen, fue uno de los capitanes de empresa que se adelantó en producir energía eléctrica en España. Su padre, José Mª de Oriol y Urquijo, uno de los grandes empresarios de la segunda mitad del siglo pasado. Su madre, Marucha Ybarra y Lasso de la Vega, le dio el señorío sevillano en sus diferentes versiones empresariales y culturales.

Íñigo, tras graduarse en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, continuó esa tradición familiar ingresando joven en la Hidroeléctrica

Española de la que llegó a ser más tarde su presidente y, tras la fusión con Iberduero, el presidente de la nueva sociedad Iberdrola.

Por su matrimonio con Victoria Ibarra Güell llegó a complementar sus numerosas inquietudes con la vinculación con Cataluña y con Cantabria. Su trato con sus suegros, los barones de Güell, posteriormente marqueses de Mac Mahón, añadieron todavía más refinamiento cultural a su alto nivel tanto vasco como andaluz.

Visitó con frecuencia toda la geografía española por responsabilidades empresariales y se asomó al Cantábrico desde el maravilloso enclave de Comillas. Descubrió los magníficos alcornocales y encinares de Extremadura, a los que dedicaba cada vez más tiempo desde su campo cacereño.

Entre las muchas actividades y aficiones de Íñigo, difíciles de resumir, no quiero olvidar la presidencia de la Cámara de Comercio de Madrid y la presidencia de la Fundación Madrid Vivo, para organizar la reciente visita del pasado mes de agosto de S.S. el Papa Benedicto XVI a Madrid en las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Actividades tan dispersas son sólo una muestra de la amplitud y variedad del trabajo de Íñigo. Su inquietud cultural le llevaba a viajar sin descanso en sus escasas horas libres buscando relacionar la geografía y la historia, sobre todo de los siglos XV y XVI en los que era un especialista, y a la lectura apasionada. Daba gusto escucharle relatar sus riquísimas anécdotas, gracias a su portentosa memoria.

Te vamos a echar de menos, Íñigo. Mi más sentido pésame a su encantadora mujer Victoria, baronesa de Güell, que tan bien ha sabido seguirle y cuidarle a lo largo de los años, a sus hijos, nietos, hermanos y a toda la familia.

SANTIAGO DE YBARRA Y CHURRUCA ES PRESIDENTE DE HONOR DE VOCENTO