El presidente griego, Yorgos Papandreu, ha anunciado nuevas medidas para sortear el «default» - REUTERS

Grecia arrastra a Europa al borde del precipicio

La posibilidad de una quiebra helena desata el pánico y provoca otra jornada negra en los mercadosLa deuda española agota el efecto de las compras del BCE y alcanza los 360 puntos

MADRID Actualizado:

La tormenta que azota la zona euro no amaina. El sonoro portazo de Jürgen Stark, el economista jefe del BCE, y las informaciones que apuntaban a que Alemania ya daba por hecho el naufragio heleno y preparaba un plan para minimizar el impacto de su bancarrota, abonaron el viernes el terreno para una nueva semana de máxima tensión en una eurozona que nunca defrauda las expectativas. Al menos las malas. Ni los desmentidos oficiales sobre el «default» griego ni las reiteradas llamadas a la tranquilidad han servido para calmar la ansiedad de unos mercados que sospechan que el lobo acabará viniendo a dispersar el magullado rebaño comunitario tarde o temprano. Sensación que alimentó aún más las declaraciones del secretario de Estado de Finanzas griego, Filipos Sajinidis, quien hizo público ayer que la hucha griega sólo alcanza para pagar los sueldos públicos y las pensiones hasta octubre.

El Ibex tradujo la incertidumbre en otra jornada negra, y cerró con una caída del 3,41%, un notable descalabro que se suma al del pasado viernes (-4,44%). Convirtiendo la ruina en rutina, desde el 1 de agosto, el selectivo ha vivido ya ocho sesiones con descensos superiores al 3%. «Los mercados entienden que un impago griego es posible y los inversores temen que la situación se extienda a otros países. Sin embargo, creo que se puede evitar el temido “default” con una quita monetaria controlada», explica José Luis Martínez, analista jefe de Citi en España.

El miedo se traduce en cifras que aún asustan más. Aunque llegó a tocar suelo en los 7.592 puntos, el Ibex terminó ayer salvando la cota de los 7.600 puntos, pero se encuentra en su nivel más bajo desde el 20 de marzo de 2009. BBVA (-5,34%) y Santander (-4,69%) lideraron las caídas. Y, en tan inquietante contexto, la prima de riesgo de la deuda española a diez años intensifica su tendencia alcista y ya se mueve en el entorno de los 360 puntos básicos —arrancó la jornada en 343— el nuevo tope desde que el BCE activara en agosto el tratamiento de urgencia de la compra de deuda.

El resto de parqués europeos replicaron el descalabro, con París (-4%) como plaza más castigada. El sector financiero francés, con una gigantesca exposición a la deuda griega (casi 40.000 millones) sigue en el ojo del huracán. «Europa debe dirimir ahora dos cuestiones clave. Primero, valorar si la participación del sector privado en el rescate griego acordado en julio tiene o no ya sentido. Y después, si se quiere evitar la extensión a otras economías, se debe acabar con la ambigüedad con la que se ha actuado hasta ahora», apunta Sara Baliño, de AFI.

Pero Bruselas no parece acabar de dar un paso más allá de las declaraciones de intenciones. El portavoz del Gobierno alemán, Steffen Seibert, insistía ayer en que Berlín «parte de la base de que Grecia está haciendo todo lo posible para cumplir», pero al mismo tiempo, Merkel, que ayer se reunió con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, recordaba que la ratificación del nuevo fondo de rescate debe estar aprobada sin dilación por todos los países antes de fin de mes. Algunas informaciones apuntan a que la UE última además la creación en octubre de una Agencia Europea de Deuda como antídoto para futuros contagios.

Mientras tanto, Trichet sigue echando mano a la cartera para tapar las multiplicadas entradas de agua. El BCE compró la semana pasada deuda por valor de 13.960 millones, un 4,9% más que la semana previa. El organismo llevará a cabo hoy una subasta para retirar los 143.000 millones que ha gastado desde el 8 de agosto en adquirir bonos.

El presidente del BCE también puso ayer la mano en el fuego por el Ejecutivo heleno y su dudosa capacidad para cumplir con sus promesas: «Vamos a poder observar algo satisfactorio en respuesta a los fuertes mensajes que han sido enviados al Gobierno griego», aseveró tras la reunión de los países centrales del G20, que concluyó ayer con el optimista mensaje de que no se vislumbra un escenario de recesión a corto plazo. En la misma línea, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, tildó de «positivas» las nuevas medidas de Atenas. Los mismos viejos deseos que se han repetido durante los dos años que Grecia lleva dando pasos de gigante hacia el abismo. Quizás, como ayer pedía Felipe González, es momento de exigir a la UE que reconozca que está «al borde del precipicio».