Grandes del Mundo S. A.

El poderoso club Bilderberg se cita en lo más apartado de la montaña suiza para gobernar el nuevo desorden internacional

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Desconfíe del brillo de las élites: la que de verdad cuenta es opaca, si no invisible, y no se fotografía con su mejor terno. El auténtico lujo de mandar va por dentro, como la mejor lencería, sin lista de llegada ni pasaportes y tras cristales tintados, y este fin de semana se ha dado cita en el cantón más recóndito de la discreta fortaleza de los Alpes. Son los grandes del mundo, reunidos en una sociedad anónima, o más bien incógnita. El elenco del club Bildeberg, citado en estos días en Saint Mortiz, parece garantizar una concentración de poder inusitada y potencialmente capaz de acuerdos de proyección global. Si lo es así en la práctica, es difícil de probar, pues en sus 57 años de historia apenas nunca se ha filtrado un documento o un orden del día de la reunión, si es que lo hubo.

¿Qué podría unir fuera de España a Juan Luis Cebrián y a María Dolores de Cospedal, que no sea alguna inclinación gastronómica? ¿Y a lo largo del tiempo a Matías Rodríguez Inciarte, Jaime Carvajal de Urquijo y Pedro Solbes? ¿Y a la Reina de España y a «Big» Reid Hoffman, el fundador de PayPal, LinkedIn y otras redes sociales? La web «infowars» añade a última hora, este año, a otra extraña pareja: Angela Merkel y a Rodríguez Zapatero.

Es la quinta vez que se reúnen en la secretiva Suiza. Los Grisones es el cantón más lejano y deshabitado, con reductos del lujo inaccesible como St Moritz y Davos. Y quien conozca el mundo aparte de St Moritz sabe que el hotel Badrutt es su mejor cara y el Suvretta su mejor espalda.

Tras ella, se afilan cuchillos y hasta pierde su casto nombre estos días, entre élites que intercambian o confabulan, según distinta versión.

Las conferencias del club Bildeberg reúnen anualmente, desde 1954, a algo más de un centenar de personas, entre empresarios, políticos y aristócratas occidentales, en proporción de un tercio de norteamericanos y dos tercios de europeos, con predominancia del Reino Unido, Francia y Alemania y dos o tres representantes por cada uno del resto de países. Por parte española han sido habituales la Reina Doña Sofía, Juan Luis Cebrián, Pedro Solbes, José Manuel Entrecanales y Juan María Nin, o en el plano internacional, Javier Solana, y coyunturalmente, Bernardino León.

La cuestión es menos si, en privado y sin prensa, los poderosos se expresan más abiertamente, que es obvio; lo acuciante para muchos es sobre qué se expresan y tratan tanta gente blindada. A falta de programa, su supuesto sitio web informa de que se trata de «un pequeño foro internacional, flexibile, informal y oficioso en el que pueden ser expresados distintos puntos de vista». En el desarrollo del mismo, «no se propone resolución alguna ni se somete nada a votación ni declaración política alguna es publicada».

Empresarios, políticos...

La panoplia de primeras espadas se abre con David Rockefeller, al frente de una larga delegación estadounidense. De Francia están los CEOs de Arnault, Axa, Gibson, Dunn & Crutcher y Publicis; de Alemania, los de Airbus, Siemens y Deutsche Bank; de Italia, los de Fiat, Eni y Telecom; y del Reino Unido, los de Barclays, HSBC y Ernst&Young. Prominentemente figuran también la Reina de Holanda y la de España, Haakon de Noruega y el príncipe Felipe de Bélgica. Pero también se suman políticos del momento, ministros de Hacienda y Exteriores y gobernadores de bancos. Tampoco parece cierto que no haya periodistas y así se observa a directivos de «The Economist» o «Die Zeit».

Los conocedores sospechan que aquí no se viene a tomar café y el investigador Daniel Estulin, autor de varias obras críticas, cree que «se ha convertido en una especie de gobierno mundial» en la sombra que decidiría anualmente un calendario global y un modo de abordarlo. De los caballeros de la Tabla Redonda y las logias a la Trilateral o Le Circle, siempre ha habido conjurados, tanto más controvertidos cuanto más transparente ha sido la sociedad. Pero incluso en lugares tan selectos como el Foro de Davos, quien se encuentra en la confianza de las sombras a Roubini, Summers y a Rato, sea con un interlocutor u otra acompañante, no debe olvidar que los que aún más importantes ni siquiera son avistados.

Su origen está en la postguerra y la primera reunión fue convocada por las familias Real holandesa y Rockefeller; pero en su leyenda hay quien remonta el club hasta la llamada nobleza negra veneciana.