La crisis de deuda desdibuja el efecto del cambio de Gobierno

S&P asegura que la mayoría absoluta del PP no cambiará la calificación de EspañaEl temor a que EE.UU. incumpla su objetivo de déficit provoca el desplome de las bolsas

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L. M. ONTOSO/J. GONZÁLEZ NAVARRO

MADRID

Como se suele decir en la jerga financiera, los mercados ya daban por descontada la victoria del Partido Popular en las elecciones generales. El triunfo rotundo de Mariano Rajoy, a priori una señal de solidez, no sirvió para aplacar el peligroso crecimiento de la prima de riesgo ni la inquietud de los inversores en torno a la salud de la economía española. El diferencial con el bono alemán a 10 años se disparó al medio día hasta los 464 puntos básicos, 23 más que al cierre del pasado viernes. El Ibex, por su parte, descendió un 3,48%, aferrándose a duras penas al soporte de los 8.000 puntos (8.021).

Tampoco las agencias de calificación creen que el triunfo popular pueda aún cambiar la situación de la economía española. Standard & Poor's emitió ayer una nota en la que asegura que la mayoría absoluta del PP no influirá en la calificación crediticia a largo plazo de España, por lo que la mantiene en «AA-», con perspectiva negativa. Al menos reconoce que el amplio respaldo al nuevo Gobierno «podría facilitar la implementación anticipadamente de medidas de reforma».

En realidad, la caída de la Bolsa al día siguiente de las elecciones ha sido la tónica general en los distintos comicios que se han celebrado en nuestro país en los últimos años. De hecho, desde 1993 siempre ha bajado en la primera sesión postelectoral. Solo se salvan las dos convocatorias anteriores a ese año, las primeras de Felipe González, que registraron leves subidas del 0,36% (octubre de 1982) y del 0,21% en 1989. En ambos casos, se trataba del índice de la Bolsa de Madrid, ya que entonces no existía el Ibex 35. El mayor descenso, del 5,22%, se lo apuntó Aznar al día siguiente de ganar sus primeras elecciones en 1996. Curiosamente, la segunda mayor caída la sufrió Zapatero (4,15%) al resultar elegido por primera vez en 2004.

Ahora España es el centro de las miradas, pero en la tormenta perfecta que envuelve la economía mundial cada tropiezo, cada signo de debilidad en cualquiera de los países puede desencadenar una reacción en cadena. Y eso sucedió, una vez más, ayer. La advertencia de Moody's de que podría rebajar la calificación de Francia, y los temores a que el «supercomité» de EE.UU. incumpla sus compromisos de déficit generaron un efecto dominó que se extendió por todo el continente y al otro lado del Atlántico. Milán lideró las caídas, al dejarse un 4,74%, seguida por París, que se desplomó un 3,41%, Fráncfort (un 3,35%) y Londres (2,62%). Wall Street cedió finalmente un 2,11%.

El riesgo país italiano tampoco mostró síntomas de recuperación: subió hasta los 482 puntos, alimentado por la polémica entrevista de Silvio Berlusconi en el «Corriere della Sera». «Il Cavaliere» condicionó su apoyo a Mario Mont a que el Ejecutivo de tecnócratas no apruebe un impuesto sobre el patrimonio dentro de su plan de ajustes y descartó que el actual «premier» prolongue su mandato más allá de 2013.

Segunda vuelta del Tesoro

En este difícil contexto y con una rentabilidad de la deuda a 10 años del 6,5%, España debe acudir hoy a su tradicional prueba de fuego en los mercados para captar entre 2.000 y 3.000 millones de euros en letras a 3 y 6 meses. Las turbulencias han provocado, incluso, que el Ministerio de Economía se haya visto obligado a rebajar sus expectativas, ya que el objetivo inicial era colocar entre 2.500 y 3.500 millones. La última de las subastas, celebrada la semana pasada, se saldó con una subida del interés marginal hasta los niveles más altos desde 1997, lo que obligó al Tesoro a pagar un 7% por la emisión de obligaciones a 10 años. El Estado trató de «maquillar» ayer los malos resultados mediante una especie de puja de segunda vuelta, que se cerró con una colocación de 767 millones, por lo que el importe total se situó en 4.330 millones.