Establecimiento de Zara en la Quinta Avenida de Nueva York
Establecimiento de Zara en la Quinta Avenida de Nueva York - EFE
El pulso del planeta

Zara se viste de Soho

La firma española inaugura un espacio gigantesco que trata de impregnarse del espíritu industrial del barrio neoyorquino

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Hacía ayer en Nueva York un día de frío incómodo, racheado de viento, de esos que algunos turistas usan para meterse en los museos y otros para arrasar tiendas. Estos últimos encontraron un nuevo refugio en el Soho, el destino más popular para ir de compras en la ciudad.

Zara inauguró ayer su última tienda en la Gran Manzana, en un espacio enorme, de 4.400 metros cuadrados. Lo hizo en el edificio que su matriz, Inditex, compró en enero del año pasado. La empresa gallega se gastó unos 235 millones de euros para hacerse con uno de los ejemplos emblemáticos de la arquitectura del Soho, la de las manzanas con fachadas de hierro fundido (casi enfrente, Amancio Ortega compró hace unos meses otro edificio histórico, por el que pagó 135 millones de euros). Este tipo de construcción se introdujo a finales del siglo XIX en Nueva York, y permitía edificios con más ligereza, techos altos, ventanales amplios. Cuando los talleres y fábricas que los ocuparon en un principio perdieron su negocio, los ocuparon estudios de artistas y la bohemia de los años 70 y 80. Después, el barrio se revitalizó, los precios echaron a los artistas y el Soho acabó como el mall urbano que es hoy en día: seguro, internacional y previsible.

El edificio que ahora ocupa Zara se levantó en 1878, bajo el diseño del arquitecto John B. Snook. Dentro, con la luz cálida, los mostradores alineados, los colores neutros, la primera impresión es que uno podría estar en un local de Hong Kong o de Santiago de Chile de la empresa española. Pero no es así, la tienda ha tratado de meterse en la piel del Soho: el espacio diáfano lo agujerean columnas de hierro fundido, emblemáticas del barrio –«no estábamos obligados a conservarlas, pero cómo no íbamos a hacerlo»–, dice una de las arquitectas de la compañía; los muros son de ladrillo cara vista, como en tantos otros edificios neoyorquinos de finales del siglo XIX y principios del XX, bañados en blanco; e incluso muchos elementos de la tienda utilizan madera recuperada del edificio anterior. «El mobiliario se ha creado de forma específica para este local», explica Marian López, directora de Cándido Hermida, la empresa gallega encargada de su diseño.

El acento industrial de la tienda –la octava que abre Zara en Nueva York, para un total de 71 en EE.UU.– contrasta con los avances tecnológicos. Unas pantallas gigantescas dominan los fondos de cada una de las tres plantas. Otras, más pequeñas y táctiles, se cuelan en los probadores, en una de las novedades del local: mientras uno se prueba la ropa, puede ver si hay otros modelos y tallas de la misma prenda u otros artículos para combinar.

Otra novedad, efímera en este caso, se veía en el exterior del edificio. El artista floral Mark Colle había andamiado un enorme pórtico de flores, ramas, plantas y helechos para la inauguración. Quizá era para simbolizar la estrategia de sostenibilidad que se ha impuesto Zara, que pretende que todos sus locales sean «eco-eficientes» para 2020. La del Soho lo es, lo que implica que consume un 30% menos de energía 50% menos de agua que una tienda convencional.