¿Votamos innovación, industria, educación…?

«Daríamos un salto decisivo si fuéramos capaces de ilusionar a los españoles con las cuestiones que determinarán nuestra prosperidad»

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En unos días tenemos cita con las urnas. Más allá de la significación política, vendría bien recordar que las elecciones suponen la oportunidad de decidir sobre nuestro modelo de país. Independientemente de preferencias o convicciones políticas, seguramente todos estaríamos de acuerdo en votar por una España moderna y próspera, a la altura de los países más avanzados. Un país envidiable en el que a todos nos gustaría vivir y dejar a las generaciones que vienen.

Nos consta, asimismo, que la mayoría de los partidos asumen que cuestiones como la innovación, el desarrollo industrial o la educación para la empleabilidad son fundamentales para nuestro proyecto conjunto de país. Sin embargo, el debate político suele discurrir por otros escenarios. Los mensajes que se transmiten en campaña tienden a centrarse más en cuestiones ideológicas o de estrategia partidista. Apelan a la emoción y el impacto a corto plazo. ¿Podríamos ilusionar con la innovación, la industria, la educación…? Pues no parece que, en general, los líderes políticos vean claro el rédito que discursos relacionados con estas cuestiones les pueda reportar. No suelen ser las medidas estrella de los programas electorales.

Mientras tanto, ocupamos los puestos de cola en la carrera de los países innovadores; nuestra actividad industrial se contrae y arrastra un serio problema de competitividad; y mantenemos unas tasas de paro inadmisibles al tiempo que las empresas no encuentran a los profesionales cualificados que necesitan, hasta el punto de que en 2028 la mitad de esos puestos podrían quedarse sin cubrir. Todo ello en el contexto de un mundo que afronta profundos cambios que afectarán a la economía, a los mercados y a los empleos, y en el que los países de nuestro entorno ya están corriendo para tomar posiciones y no van a parar. ¿Seríamos capaces de llevar estos debates al centro de la agenda política, de hacer ver que son los que realmente van a determinar nuestro futuro y nuestro bienestar?

Tal vez deberíamos esforzarnos por explicarlo y transmitirlo mejor. Decirles a los ciudadanos que incrementar nuestra inversión en I+D no es sólo una receta para salir mejor en las estadísticas, sino la base para que en España se desarrollen proyectos que pongan en valor nuestro talento, generen riqueza y empleo, atraigan inversiones y contribuyan a crear ecosistemas de conocimiento y progreso. Si se lo ponemos más fácil a los investigadores y a las empresas que innovan, los beneficios serán para toda la sociedad.

Podríamos también hacer entender que necesitamos una industria moderna, competitiva y sostenible, ya que es el motor de las economías robustas. Redundaría en un empleo mejor remunerado y más estable, en nuestra renta per cápita, por lo tanto en el consumo y en las medianas y pequeñas empresas. Un tejido industrial fuerte aseguraría la estabilidad de nuestra economía e impulsaría la productividad, la innovación y la exportación. Con una agenda industrial coherente y coordinada con las CC.AA. podríamos cimentar el sustento de un verdadero Estado del Bienestar. ¿A quién no ilusionaría un proyecto como este?

Y a nadie dejaría de seducir la propuesta de un Pacto de Estado de Educación con visión a largo plazo y el máximo consenso. Que no se enrede en cuestiones ideológicas. Un plan que aborde seriamente la formación que van a necesitar las próximas generaciones, incidiendo especialmente en el estímulo de las vocaciones científicas y tecnológicas. En diez años, la población joven en edad de trabajar se verá reducida en 1,5 millones de personas, mientras las empresas demandarán especialistas en nuevas áreas relacionadas con la tecnología: inteligencia artificial, analistas de datos, programadores de robots, impresores 3D… Generar pasión y entusiasmo desde niños por estas materias, contar con excelentes profesores que les inspiren, incorporar a las niñas a las carreras técnicas… son desafíos cruciales, pero también una tarea apasionante a la que a todos nos gustaría contribuir.

Sin dejar de lado otros debates sin duda importantes, daríamos un salto decisivo si fuéramos capaces de motivar e ilusionar a los españoles con las cuestiones que van a determinar nuestra prosperidad como personas y como sociedad. Y si todos -instituciones, empresas y ciudadanos- emprendemos el proyecto de futuro que juntos podemos, y debemos, construir para España.

Helena Herrero es presidenta de la Fundación I+E y de HP Inc España y Portugal

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