Villacañas: La máxima expresión de la burbuja inmobiliaria que intenta levantar cabeza

Este pequeño pueblo de Toledo intenta salir a flote después de haber nadado en la abundancia durante años

MADRID Actualizado:

Villacañas es un pueblo de Toledo que no supera los 11.000 habitantes pero cuyas apariciones en los medios de comunicación pueden contarse por decenas. La última de ellas fue hace poco más de un mes en el mismo «The Guardian», que utilizaba el ejemplo de esta localidad manchega para ilustrar uno de los muchos retratos desoladores que la explosión de la burbuja inmobiliaria ha dejado en nuestro país. Aunque con el paso del tiempo el «boom» informativo en torno al «caso Villacañas» ha quedado más que desinflado, sus habitantes, lejos ya de huelgas y reivindicaciones, siguen tratando de asomar la cabeza y superar una desgracia que jamás pensaron les tocaría a ellos.

Villacañas fue el imperio de las puertas propiamente dicho. De hecho, no es exagerado afirmar que gran parte de la población nadaba en la abundancia gracias a un «boom» inmobiliario que convirtió a este lugar en el centro neuráligico de la producción de puertas para toda España y parte del extranjero. En este pueblo toledano el futuro jamás pasó por la cultura ni la formación y los jóvenes dejaban más pronto que tarde los estudios, pues intuían las posibilidades de hacer dinero fácil gracias a un oficio cómodo y que durante muchos años había pasado de padres a hijos.

«Los jóvenes se decantaron por el dinero fácil y dejaron los estudios»

Así lo cuenta Juan León, director del IES Enrique de Alfe en Villacañas, quien asegura que en el curso 85 /86 y en los diez años posteriores, más del 50% de los jóvenes estudiantes de Villacañas abandonaron sus estudios para irse a trabajar a las fábricas de puertas durante el gran "boom" inmobiliario. Aprovechaban que se terminaba la obligatoriedad -primero a los 18 años y luego a los 16- para dejar el instituto y empezar a ganar dinero».

León afirma que, durante los años de bonanza, tanto ellas como ellos optaron por decantarse por el dinero fácil movidos por el estatus social que estaban consiguiendo las personas de su entorno. «Veían que sus amigos de la cuadrilla estaban consiguiendo dinero fresco, que podían salir, comprarse coches y eso les atraía». «Las alumnas hacían cursos de administrativos para trabajar en las secretarías de las empresas de sus padres o primos y los chicos se dedicaban al trabajo de la cadena de montaje».

Aunque ya han pasado varios años desde que Villacañas cayera en desgracia, sus habitantes siguen tratando de asomar la cabeza para encontrar un buen trabajo. Los que un día fueran «nuevos ricos» se conforman hoy con ser meros supervivientes a una crisis que les ha abierto los ojos y les ha recordado la etapa en la que despreciaron formarse. Según datos facilitados por el Ayuntamiento de Villacañas, la tasa de paro se sitúa a día de hoy por encima del 25%. Cuando estalló la crisis, el 80% de los vecinos estaba inmerso en el negocio de las puertas y de los 6.500 trabajadores que se dedicaban al sector solo 1.200 pudieron mantener sus puestos.

«Puertas, puertas...y más puertas»

Francis Huidobro es el presidente de la Confederación Española de Empresarios de la Madera (Confemadera). Analiza para ABC el estado actual de un sector «gravemente herido» y apunta que las pérdidas, en lugar de ir descendiendo, han ido en aumento en los últimos años. «De 2008 a 2011 el sector ha perdido 6.700 empresas en total, un 18%, pero el empleo se ha reducido en nada menos que un 50%, lo que se traduce en que las grandes y medianas empresas han desaparecido y solo se han mantenido las más pequeñas».

Huidobro: «Hubo una capacidad productiva excesiva»

El experto es ciertamente crítico con lo ocurrido durante la etapa dorada de Villacañas donde, de buenas a primeras, comenzaron a surgir de la nada nuevos empresarios que lograron hacer dinero fácil: «Hubo una capacidad productiva excesiva y el pueblo tuvo un crecimiento fuera de lo normal. Se hacían puertas, puertas y más puertas... y no precisamente de alta gama. Se creaban fábricas nuevas, y de esas salían otras, así hasta nunca acabar. Evidentemente esto es contrapruducente, pues desequilibra cualquier crecimiento». Según cuenta Huidobro, la obsesión por hacer puertas en Villacañas era tal que ni siquiera se buscaba la diferenciación de producto sino la mera producción: «Había muchísimas empresas pero no se diferenciaban unas de otras respecto a criterios de calidad».

Raimundo García fue director general de una de estas grandes empresas que no pudieron mantenerse a flote, Puertas Visel, que logró emplear a hasta 850 personas. Raimundo justifica el desorbitado crecimiento del sector en una elevada demanda que provocó que «todas las empresas hicieran lo mismo, ya que todo se vendía». El exdirector de Visel cree que es muy fácil hablar de Villacañas a toro pasado y, al contrario de lo que opina Huidobro, no considera que en el pueblo hubiera una producción excesiva. «La producción era flexible, solo ha habido excesos en casos puntuales». Además, y aunque sabe que lo ocurrido en Villacañas nunca podría haberse evitado, considera que sí «se podrían haber minimizado los efectos, crear una estructura de capitalización más coherente. Lo que ocurrió fue que el crecimiento estuvo basado en el endeudamiento y en la confianza de que la demanda jamás caería tanto como cayó.

Volver al instituto

La sangría de despidos que dejó la crisis de Villacañas sigue siendo difícil de recuperar. El pueblo, ejemplo vivo de «aquello que no debe hacerse», trata de sobrevivir a duras penas sin lograr hallar un horizonte definido, pues fue mucho lo perdido durante aquellos años que se desaprovechó la educación. Así lo cuenta el director del IES Enrique de Alfe, Juan León: «En aquella etapa se intensificaron los esfuerzos de los profesores por intentar dialogar con los alumnos. Las asociaciones nos apoyaban e intentamos ayudar a los chicos a enfocar sus vidas, pero no sirvió de mucho».

El profesor narra con pesadumbre cómo, por desgracia, el dinero atrajo a las drogas y muchos de los alumnos se vieron en vueltos en conflictos legales y en dificultades económicas debido a sus adicciones: «El consumo de estupefacientes se disparó entre los jóvenes que dejaban los estudios». Hoy, no obstante, son muchos los que con la crisis y el cierre de empresas han decidido volver al instituto y estudian ciclos formativos de grado medio y superior. «Tenemos los cursos abarrotados e incluso las clases de Bachillerato». Además, entre los alumnos de 16 y 18 años ahora hay gente incluso de 40 que ha decidido cambiar de mentalidad y apostar por la formación.

El presidente de Confemadera no cree que el sector de las puertas esté herido de muerte. «Para salir de esta profunda crisis habrá que apostar por otros nichos de mercado, como el de la rehabilitación y las reformas. En España existe un parque enorme de viviendas de más de treinta años que debe ser adaptado a las nuevas normas medioambientales y eso es lo que nos va a hacer subsistir». Lo que sí está claro es que aquella época dorada se fue de Villacañas para no volver: «Empresa que desaparece, empresa que no vuelve a nacer. Este sector jamás volverá a ser el de antes, pero mantenemos el optimismo. No tiraremos la toalla».