El nuevo reto del turrón para desestacionalizar la demanda
El nuevo reto del turrón para desestacionalizar la demanda - Giancarlo Polacchini

El turrón se vende en pequeños bocados y se cuela en las meriendas

El chocolate tira del sector y las dosis individuales ayudan a desestacionalizar

Alicante Actualizado: Guardar
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La apuesta de las empresas turroneras por comercializar en tamaños más pequeños, hasta llegar a la dosis individual de solo 20 gramos de peso, está impulsando sus expectativas y, sobre todo, abre un camino hacia la desestacionalización de las ventas, que siguen concentradas en estas fechas previas a la Navidad.

Un ejemplo de esta estrategia se aprecia en el grupo Confectionary Holding (El Lobo, 1880, Doña Jimena e Imperial Toledana), que busca atraer a los consumidores interesados en hacer más de tres comidas al día, una tendencia de vida sana muy en boga. Para esas otras dos comidas, entre horas, acaba de lanzar «snacks saludables, una nueva forma de consumo on the go, donde entre muchos productos se trata de buscar que sean saludables, la ingesta de energía en más tomas, y ahí tienen atractivo ingredientes como los frutos secos (almendra), el chocolate y ese saber hacer para elaborarlo que está demostrado con el turrón», explica su director general, Andrés Cortijos.

Desde el Consejo Regulador de las Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP) Turrón de Jijona y Turrón de Alicante también buscan desestacionalizar, con un vínculo del turrón y la gastronomía de alto nivel. Sin ir más lejos, hace unos días celebraron su gala anual y premiaron a dos chefs de prestigio: Kiko Moya, que tiene dos estrellas Michelin, y José Manuel Varó, cocinero jubilado que fue el primero en Alicante en conseguir una estrella Michelin. La alta cocina utiliza el turron mezclado con platos salados, foie, en snacks.

Otra fórmula cada vez más popular son las bandejas, con hasta 35-40 piezas de diferentes recetas, apreciado por tener ya el surtido variado y porque ahorra el engorro de tener que cortar en trozos las tabletas. Como, además, se han reducido los núcleos familiares, estos formatos de dosis individuales se adecúan mejor y permiten comer turrón antes de llegar las fechas navideñas sin tener que presentar luego en la mesa una tableta ya empezada, lo que hacía que muchos compraran y la reservaran para la ocasión.

27,5 millones de barras de turrón tradicional se comercializarán esta campaña, un 3% más que en la anterior

No obstante, también queda el consumidor en general más mayor, que «sigue prefiriendo el turrón tradicional en la barra grande, que hay que partirlo con martillo», matiza el presidente de la Asociación de Fabricantes de Turrón, Derivados y Chocolates (TDC), José Manuel Sirvent. Aunque aún es pronto para tener datos precisos de esta campaña, las expectativas globales apuntan a un crecimiento en torno al 4% al 5%, con tendencia de mejora en el consumo de las marcas propias, más que las blancas de las grandes cadenas de distribución en supermercados. El chocolate tira del sector claramente y ya está por encima del 50%, es decir, se produce más que turrón, sobre todo, para las nuevas generaciones, el público consumidor más joven, por un factor «cultural», que también entraña para las empresas un esfuerzo por ser más «innovadores», sobre todo, ofreciendo «alternativas» para el paladar y también en la presentación, el packaging.

«El primer impacto visual lo consigues si es atractivo, un flash inicial, pero luego cada vez más el consumidor da la vuelta y ve con qué ingredientes está hecho, qué beneficios puede aportar», apunta Cortijos. Y ahí juega con muchas bazas este alimento, especialmente el elaborado según los requisitos más exigentes del Consejo Regulador. «Su consumo moderado es saludable, con un 54% mínimo de almendra, que baja el colesterol malo y sube el bueno, con miel y clara de huevo, es un producto de la dieta mediterránea y no es un dulce como tal, porque no tiene conservantes», subraya el secretario general del consejo, Federico Moncunill. De hecho, una de las formas de presentación en las estanterías es ahora en envase transparente, para exhibir autenticidad, y también se trabajan cada vez más los aspectos exteriores «lujosos».

Las previsiones para esta parte de la producción, la más selecta por regirse por las dos recetas tradicionales, se cifran en un crecimiento del 3%, la misma subida de la campaña anterior, con 4,5 millones de kilos -el resto de turrones «diversos» no protegidos representan el doble de volumen- y una proporción de entre el 13% y 15% de exportaciones, sin cambios.

Pralinés y gin-tonic

Un aliado para esta industria sigue siendo el frío, lo que explica que en la Comunidad Valenciana se consuma -paradójicamente- menos turrón que otros territorios más al norte, aunque se trate de la cuna de esta industria. «Quizás por número de habitantes, pero también tiene que ver con la climatología, no solo en una región, los humanos tenemos un gen por el que cuando tenemos frío, tenemos que consumir unos productos determinados: me apetece, me lo pide el cuerpo», analiza Sirvent. Influye el estado del tiempo hasta el punto de que noviembre de este año ha funcionado muy bien porque hizo más frío de lo habitual.

Más allá de los vaivenes de la meteorología, la tendencia más segura está en los «tradicionales y los chocolateados», por ejemplo, los pralinés, aunque siempre queda la anécdota de la experimentación con nuevos sabores exóticos, como el de gin-tonic o el denominado «turrón al aire». ¿Tienen éxito? «Cada año salen algunos así que dan notoriedad a la empresa que los produce, pero tienen poco recorrido comercial, solo que salen en los medios de comunicación», señala Moncunill. También se ha hecho famoso un vendedor de Jijona que tiene pedidos en Laponia, Australia y oros países, a través de internet, todavía un canal minoritario.