«Trato de no recordar que es Nochebuena»

LUIS M. ONTOSO | MADRID
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Las guirnaldas navideñas y los regalos sin abrir sobre las cintas transportadoras revelan que ésta no es una noche más. El murmullo de la música «reggaeton», procedente del portátil de uno de los jóvenes pasajeros, sustituye a los tradicionales villancicos, y las mujeres reparten patatas fritas entre los más pequeños como si fueran trozos de turrón o polvorones.

José Flores, que tenía que viajar a Guayaquil (Ecuador) en el vuelo del pasado martes, se dispone a pasar la noche del 24 de diciembre en la Terminal 1 de Barajas con la esperanza de lograr cuatro asientos -para su esposa, sus dos hijas y él- en el avión que al día siguiente despegará hacia Quito . Como él, medio centenar de viajeros afectados por el cierre de Air Comet «celebraron» la Nochebuena en el aeropuerto madrileño, rechazando alojarse en los hoteles que dispuso el Ministerio de Fomento. «Después de tantos días durmiendo aquí y comiendo mal he olvidado en qué fecha estamos», confiesa.

La mayoría de los viajeros, aquéllos que podían «permitírselo», han hecho una colecta para festejar la noche con comida menos austera que las bolsas de «snacks». Para Flores, esto no es más que una estrategia de autoengaño. «Vamos a comprar unos pollos asados, para cenar juntos, pero eso no va a aliviar nada. Al mismo tiempo nos indigna más, porque, pudiendo estar en nuestra casa, mira -dice, señalando a un grupo de pasajeros apiñados en torno a varias bolsas de golosinas, sentados sobre unas maletas- dónde vamos a estar». Con esta opinión coincide Gloria Irazo, que tenía «la ilusión de pasar la Navidad con su familia». «Trato de no recordar que es Nochebuena. Hago como que es un día más», señala Fernanda Naranjo, sentada a su lado.

El ansiado pollo asado no llega y algunos de los comensales comienzan a impacientarse, hasta que cerca de las 23.00 horas los agentes de Policía Nacional en servicio obsequian a los más pequeños con su propio menú de Nochebuena.