¿Tipos de interés negativos hasta 2020 o 2021?

El economista Carmelo Tajadura analiza el escenario que puede surgir con unos tipos de interés negativos en los próximos años

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Han pasado ya más de dos años desde que en junio de 2014 el BCE fijó por vez primera un tipo negativo en la facilidad de depósito. Desde entonces esa tasa que pagan las entidades financieras por mantener dinero en el banco central ha pasado del -0,10% al -0,40% actual y, lo que es más importante, los tipos negativos se han ido extendiendo al mercado interbancario, a los diversos activos de los mercados de renta fija y en los diferentes plazos a que se emiten los mismos. Actualmente, casi la mitad de la deuda pública de la Eurozona ofrece rentabilidad negativa. Y hasta el BCE empieza a atisbar algún problema para cumplir con su programa de compra de deuda, porque hay países donde los bonos incluso a medio plazo tienen una TIR más negativa que ese -0,40%, frontera que determina si son elegibles para dicho programa.

«Problema: el ahorrador se orienta hacia inversiones que no encajan con su perfil de riesgo»

Pero lo que más me impresiona es ver qué tipos implícitos espera el mercado para los próximos años. Los tipos «forward» del eonia, es decir, el nivel de tipo de interés a un día descontado para los próximos años según la estructura temporal de tipos vigente actualmente, seguiría siendo negativo durante un largo tiempo y no llegaría a cero hasta…¡¡casi 2021!! O sea, el mercado estaría descontando unos cuatro años más de tipos negativos a un día, aparte de los dos que ya llevamos. Lógicamente, los tipos de interés a mayores plazos estarían también absolutamente deprimidos.

Ahorradores

Que haya tipos negativos tanto tiempo, aparte de ser algo realmente inédito, tiene consecuencias sobre los agentes económicos y los equilibrios macro. Algunas son positivas, pero otras resultan claramente desfavorables. Por ejemplo, los tipos de interés negativos desconciertan a los ahorradores, aunque la realidad sea que —puesto que la inflación es mínima o negativa— los tipos reales no se diferencian tanto como los nominales respecto de los de otras épocas. Ello les lleva a reajustar el destino de su dinero hacia inversiones que pueden no corresponderse con su perfil de riesgo. Y, además, provoca un claro aumento de la propensión al consumo. En un país que ahorra como Alemania hay por ello quejas continuas, mientras en España no se escuchan tantos lamentos, probablemente, por nuestra mucha deuda (el crédito a empresas y familias supera el 120% del PIB, aunque haya disminuido últimamente). Pero nos convendría ahorrar más porque lo necesitamos para financiar una mayor inversión (que asegure el crecimiento futuro) sin depender del exterior.

En un país tan endeudado, los tipos tan bajos suponen un claro alivio en los costes financieros, tanto del sector privado como del público. Pero, la contrapartida de que sea tan barato endeudarse es que se mantienen empresas ineficientes, se desestabiliza su estructura financiera, se quita presión al ajuste de las AAPP y los gobiernos postergan reformas necesarias. Es por ello que todos los años incumplimos los objetivos de déficit y se está elevando continuamente el stock de deuda. Sin embargo, algún día los mercados nos cobrarán tipos como los de antes y, cuando ocurra, nos volverá a pillar en mala situación.

«Cuatro o cinco años más de tipos negativos serían sin duda un escenario pésimo»

Por último, para los bancos, los tipos bajos también tienen alguna virtud. Por ejemplo, han generado plusvalías en la cartera de renta fija, aunque ya han sido materializadas en su mayor parte, y también deberían suponer una menor morosidad teórica. Sin embargo, impiden que la transformación de plazos consustancial al negocio bancario pueda generar un margen de intereses adecuado. Además, muchos pasivos son resistentes a los tipos negativos, o insensibles a los mismos porque no tienen coste. Y, para colmo, el supervisor impone a las entidades instrumentos de capital (como los CoCos) que, incluso en esta coyuntura, pueden costar el 8 o el 10%.... Cuatro o cinco años más de tipos negativos serían sin duda un escenario pésimo, e impondrían una reducción de gastos que cambiaría probablemente la estructura del sector. En definitiva, parece que los tipos negativos y, en general, bajos han venido para quedarse por un periodo muy prolongado de tiempo. Obviamente, la economía europea, y la mundial, tienen serios problemas que hacen necesaria y hasta imprescindible esa laxitud monetaria. Pero esperemos que no sea tan intensa como hoy y tan duradera como está implícito en los precios del mercado, para no exacerbar así los efectos desfavorables que también conlleva.