El tándem de Fainé y Fornesa blinda la independencia de La Caixa

Los cambios en la cúpula de La Caixa estaban previstos para el próximo otoño, año y medio antes de que expirara el mandato legal de Ricardo Fornesa, con el objetivo de que el relevo en la primera caja

JOAN CARLES VALERO. BARCELONA.
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Los cambios en la cúpula de La Caixa estaban previstos para el próximo otoño, año y medio antes de que expirara el mandato legal de Ricardo Fornesa, con el objetivo de que el relevo en la primera caja de ahorros española coincidiera con la salida a Bolsa del «holding» tenedor de su cartera de participadas. Pero la operación se precipitó esta semana para atajar cualquier intento de control político. El tándem Fornesa-Fainé ha pillado con el paso cambiado al tripartito que gobierna Cataluña con el fin de garantizar la independencia de La Caixa, uno de los principales activos de la entidad.

Si el Barça es más que un club deportivo en Cataluña, La Caixa es más que una institución financiera, no sólo por repartir dividendos en forma de obra social y cultural, ahora combatiendo la pobreza en España, sino por haber sabido mantenerse por encima de la «melé» política.

Fornesa sustituyó hace cuatro años a Josep Vilarasau precisamente porque este último no se plegaba a las «recomendaciones» de los gobiernos de Pujol. La vía para sustituir al considerado «el otro presidente de Cataluña» fue una enmienda de la Ley Financiera, inspirada por CiU e impulsada por el PP, en la que se limitaba a 70 años la edad de los presidentes.

En la tormentosa tramitación de la reforma del estatuto catalán, Fornesa tuvo que pararle los pies a Maragall. Le dijo públicamente que no tenía «más remedio» que hablarle de la preocupación del empresariado catalán por la pérdida de «armonía» con el resto de España que estaba provocando el debate estatutario.

Garante de españolidad

Casi dos terceras partes del negocio financiero de La Caixa se encuentran fuera de Cataluña y Baleares. Sin embargo, los dos años de boicots que sufrieron algunos productos emblemáticos de Cataluña no afectaron a La Caixa. Siguiendo la máxima de Friedrich Nietzsche, lo que no destruyó a los 25.000 empleados les hizo más fuertes. Hasta tal punto fortalecieron los boicots a la red comercial de La Caixa, que en los dos años que duraron conquistaron aún más mercado por toda España.

La Caixa se enorgullece de jugar el papel de entidad vertebradora de la españolidad en Cataluña y viceversa, de catalanizar el resto de España. Unos extremos que nunca han sido bien vistos desde el independentismo de ERC, que no soporta, por ejemplo, que La Caixa patrocine a la selección española de fútbol.

La entidad ha concedido créditos a todos los partidos políticos, pero los independentistas no ocultan sus críticas a lo que consideran una «oligarquía» burguesa y fuera de control. Lidiar con el tripartito catalán nada tiene que ver con la diplomacia versallesca a la que La Caixa está acostumbrada en los palacios de la Moncloa y de la plaza de Sant Jaume, aunque las relaciones con el presidente de la Generalitat sean buenas.

Opciones tras las opas

La idea de crear una gran empresa energética a partir de su participada Gas Natural ha tenido dos fracasadas traducciones en forma de frustradas opas, primero sobre Iberdrola y luego sobre Endesa. Descontado el desgaste que ambas operaciones han supuesto a La Caixa, el proyecto sigue en pie, y el tándem Fainé-Fornesa contará con Antonio Brufau -presidente de Repsol y anteriormente director general de La Caixa- en cualquiera de los dos escenarios ahora planteados a partir de la toma de participaciones importantes de Suez en Iberdrola y Gas Natural. Suez es socio de La Caixa en Agbar, compañía sobre la que la entidad de ahorro y la francesa han lanzado una opa del 100%.

La principal baza sería fusionar Repsol-YPF con Gas Natural, compañía resultante a la que se uniría Fenosa, cuyo accionista de referencia es ACS, presidida por Florentino Pérez, a su vez socio de La Caixa en Abertis.

La segunda operación sobre el tablero sería crear un gran grupo de servicios e infraestructuras, con Gas Natural y Agbar, a las que se uniría Abertis. En este escenario también sería necesaria la inclusión de Unión Fenosa.

Al recientemente fallecido profesor Enrique Fuentes Quintana, impulsor del decreto de liberalización del sistema financiero español, le gustaba recordar «la infamia» que cometieron los que en 1977 criticaron aquella medida gubernamental porque, decían, «dotaba de movimiento a un inválido», en referencia a las cajas de ahorros. Ahora, las cajas tienen unos depósitos mayores que los bancos y el mismo crédito.

El buque insignia del sector y de Cataluña, La Caixa, es desde entonces la tercera entidad financiera española y también el primer grupo industrial del país. Aquel año en el que Fuentes Quintana también alumbraba los Pactos de La Moncloa, Josep Vilarasau Ferrer (20 de febrero de 1931) llevaba sólo un ejercicio al frente de la dirección de la mediana y provinciana Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros.

Treinta años después, su sucesor, Ricardo Fornesa, ha dejado la presidencia ejecutiva de la entidad con una cartera de participadas de un valor superior a los 22.500 millones de euros, por citar sólo un parámetro.

Incluso los más acérrimos detractores de Vilarasau y de Fornesa coinciden al subrayar la astucia de ambos y su empeño en primar la cuenta de resultados desde la independencia. El primero transformó una caja mediana y regional en una entidad financiera de orden nacional que juega en la Champions League, mientras Fornesa plantea exportar el modelo de La Caixa mediante adquisiciones de bancos en el extranjero a través de CaixaHolding.

Prestigio centenario

El prestigio de La Caixa entre la ciudadanía arranca de sus propios orígenes paliativos de la grave crisis social que golpeó Barcelona a finales del siglo XIX y principios del XX. La Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros nació de la necesidad de corregir los excesos del capitalismo salvaje de la época, que provocó una elevada inestabilidad social. Transcurrido un siglo, La Caixa sigue combatiendo la exclusión financiera. Una exclusión que, a juicio de su hasta ahora presidente, Ricardo Fornesa, se produce con mayor fuerza precisamente en momentos de expansión económica como el que experimenta nuestro país desde hace unos años.

De la mano de Fornesa, la entidad volvió a sus orígenes en un moderno regreso al monte de piedad para combatir la marginación a base de operaciones de dudosa rentabilidad, pero justificadas a través del denominado dividendo social.

Democratizado el acceso a la cultura y con una educación y sanidad universalmente garantizada, el compromiso social de La Caixa se orienta ahora hacia necesidades emergentes. Para cubrir las nuevas necesidades, ha creado un «holding» de participaciones sociales con el que promueve mil viviendas por toda la geografía española, que alquila a precios asequibles a jóvenes y mayores sin recursos. A esta actividad, la entidad ha dedicado en una primera fase cien millones de euros.

Banco de microcréditos

El giro social de La Caixa ha recibido este año un nuevo espaldarazo con la creación de Microbank, un banco específicamente dedicado a la concesión de microcréditos a colectivos desfavorecidos de hasta 15.000 euros y también para respaldar los proyectos de autoempleo de personas en riesgo de exclusión financiera, con un límite de 25.000 euros.

El banco nace con un capital inicial de 51 millones de euros y, presidido por José F. de Conrado, director ejecutivo de la Obra Social. Utiliza la ficha del Banco Europa. La Caixa ha decidido crear una estructura independiente de su red de oficinas «para dar más impulso a los microcréditos y singularizar esta actividad». Las prestaciones que realizará Microbank serán a propuesta de organizaciones no gubernamentales (ONG).

Contra la pobreza infantil

El plan estratégico de la Obra Social de La Caixa en el horizonte del año 2010 tiene una inversión prevista de 2.000 millones de euros. En este ejercicio se van a invertir 400 millones en el despliegue, entre otros programas, de uno específico contra la pobreza infantil, al que La Caixa destinará 41,3 millones de euros de los 60 totales reservados al combate de la pobreza en general. El plan beneficiará a 261.238 niños de las diez ciudades más pobladas de España.

La Caixa, que fue pionera en España en la introducción de los terminales informáticos en sus oficinas, también ha realizado un esfuerzo tecnológico para convertirse en la entidad financiera con mayor utilización de internet.

Al igual que BBVA, el descubrimiento del público juvenil resulta un filón de clientela. En el caso de la caja de ahorros, ha creado la plataforma LKXA con el objetivo de acercarse a los jóvenes con su lenguaje, mediante mensajes SMS y gestiones desde el teléfono móvil, por ejemplo.

Salida a Bolsa en otoño

Respecto a la gestión de la cartera de participadas, La Caixa ha aprobado colocar en Bolsa su «holding» el próximo noviembre. De momento, a 31 de marzo, el valor de su cartera ascendía a 22.500 millones de euros, con unas plusvalías latentes de 10.741.

Durante el año 2006, la entidad efectuó desinversiones por un total de 4.420 millones de euros, lo que generó unas plusvalías netas de 2.077 millones de euros, después de desprenderse de sus bancos en Andorra y Mónaco. Con ese dinero, más el de la venta de Caprabo y de Applus (filial del grupo Agbar) y la fuerte capitalización que va a suponer la inicial colocación en Bolsa del 20% del «holding», La Caixa refuerza su posición compradora en el mundo.

Internacionalización

El desembarco internacional de La Caixa arrancó la semana pasada con la inauguración de una oficina en Varsovia (Polonia), que podría preceder a la expansión por Rumanía y Bulgaria, aunque también se estudia abrir sucursales en Marruecos y Chile.

Las primeras oficinas extranjeras servirán de antenas para analizar las posibilidades de crecimiento en esos países, entre las que no se descarta la compra del banco polaco BPH, que con 200 oficinas supondría una importante penetración en este mercado centroeuropeo.