El «refugio» en el franco suizo deja desprotegido al país

El último año les ha salido un 15% más caro a los exportadores suizos por el desequilibrio creciente frente al euro. Esta semana, el franco ha llegado a máximo histórico frente al dólar

enviado especial a zurich Actualizado:

De nuevo, el petróleo se dispara y todos quieren francos. Difícilmente un estudiante de MBA sepa ya lo que era la ruta suiza, a través de los Alpes, maletín en mano. Hace demasiado que, un euro fuerte, que parecía llegado para quedarse y triunfar, obviaba la tradición de refugiarse en la moneda de Suiza y de Lichtenstein. Pero el franco suizo lleva ocho meses de escalada, incontrolada para muchos, y dañina; pero más que para el euro o para el dólar, lo es para la propia economía suiza, una de las más abiertas y exportadoras del mundo. A ello coopera el precio del crudo, catapultado por las revueltas en el norte de África y el Cercano Oriente, donde tienen sus pozos y refinerías algunos de los mayores productores de la OPEP.

El franco es sólo la quinta moneda más intercambiada en el comercio internacional, a la zaga del dólar, el euro, el yen japonés y la libra esterlina. Pero su poder está en su capacidad de refugio, sin olvidar que, pese a su nivel de vida, Suiza posee la segunda economía más competitiva del mundo y es una potencia exportadora cuatro veces más importante que Estados Unidos, en términos relativos. Pero el último año les ha salido un 15% más caro a los exportadores suizos, por el desequilibrio creciente frente al euro. Y ésta semana el franco ha vuelto a coronar un máximo histórico frente al dólar, por la carestía del crudo y una mayor demanda de monedas más seguras que el billete norteamericano o el euro. El euro caía hasta los 1,2703 francos, lona que ya tocó a mediados de enero, 25 céntimos de franco menos que un año antes y 35 menos que hace dos; el record de caída del dólar situaba a éste en 0,9238 francos.

El problema económico que se le plantea a alguien tan rico es poder vender algo de lo que hace y, para su breve territorio y población, Suiza produce muchísimo y exporta aún más (un 60% de su PIB), el doble que hace 40 años. La cámara de comercio y el ministro de Economía Johann Schneider-Amman confirman que el presente y futuro de Suiza dependen de su sector exportador. La Unión Sindical Suiza reconoce que la deriva «es un problema muy serio y está llevando al sector exportador a una situación dramática».

La Banque Nationale Suisse (BNS) ha gastado el pasado año 21.000 millones de francos en proteger al franco de su constante apreciación. Pero además ha invertido al menos del doble en comprar euros y dólares para aplacar las presiones alcistas sobre su propia moneda.

De hecho incurrió en pérdidas en el ejercicio, por esa intervención. Algunos empresarios y expertos consideran ya el recurso empleado en los años 70, en la otra gran crisis del petróleo: anclar un cambio fijo. Pero como ha recordado en la prensa el catedrático del Instituto de Estudios Internacionales de Ginebra, Cédric Tille, «las herramientas del banco central no incluyen la fabricación de una política monetaria diferente y adaptada a cada sector».

El secretario de Estado de Economía, Jean Daniel Gerber, advierte contra «repetir el error de los 70» y, como Tille, es uno de entre varios expertos que considera inconveniente por el momento un cambio fijo. Parece que una estabilización del cambio produciría un suministro adicional de liquidez, alimentando una temida burbuja inmobiliaria Suiza, al estilo irlandés. En los años 70, las garantías contra el riesgo exportador reportaron a la confederación helvética un elevado déficit fiscal.

Estabilidad de los precios

La ministra de Hacienda Eveline Widmer-Schlumpf sentencia que el BNS ha hecho todo lo que podía y es clara: «no habrá actuaciones extraordinarias... no hay una situación cambiaria de emergencia», salvo que asomara un riesgo de deflación. El banco debe ahora concentrarse en la estabilidad de los precios».

Y donde el BNS no interviene lo hace el gobierno, que en los últimos dos años ha distribuído recursos públicos y apoyos fiscales por valor de 290 millones de francos, con 186 millones para el turismo, 68 millones a la exportación, 21 a la innovación turística y 13,6 a la creación de empresas, plazos y ayudas que acaba de ampliar.

Las críticas no han dejado de producirse, porque el debate internacional sobre el nuevo intervencionismo está en pleno auge. Berna asegura que «su plan no sustenta el principio del intervencionismo», sólamente «se ayuda a las empresas y sectores que más sufren para ofrecerles un marco más favorable para su desarrollo».

Pero la señal es clara de que el gobierno defenderá a su sector productivo aunque la crítica internacional se reavive y el desembolso de recursos y sus efectos serán evaluados mensualmente por expertos del gobierno, la banca y los sectores económicos.

El turismo se considera una de las tres actividades más golpeadas por el franco y la prioridad fundamental. Suisse Tourisme estima que el efecto de la apreciación de la divisa ha encarecido un 15% las llegadas del resto de los europeos, con una previsible caída del negocio de un 5%. En el frente exportador también se lucha por la multiplicación de Tratados de Libre Comercio entre Suiza y varias economías emergentes, como el que acaba de firmar con Colombia, va a cerrar ahora con Perú y prepara negociar con con China.

El estratega monetario de UBS, Manuel Oliveri, confirmaba el viernes que hay «mucha demanda de activos seguros como el franco suizo y el yen, pero la caída del dólar frente a estas monedas podría ser limitada, debido a la extendida idea de que se necesita que los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense caigan en relación con Suiza y Japón».

El secretaría de Estado Gerber achaca la apreciación suiza a la erosión del euro y, junto a otros analistas, confirma que la economía helvética —incluida la hacienda pública— se ha mantenido, desarrollado y renovado mejor que las de la zona euro. «Es perfectamente normal que el franco se haya apreciado, mecanismo que permite devolver el equilibrio a dos regiones económicas que crecen a un ritmo diferente».