Startups: ¿la burbuja más 'cool'?

El número de empresas de base tecnológica y la inversión dedicada a ellas ha aumentado de forma exponencial en los últimos cinco años

Los expertos alertan de que el exceso de liquidez infla las valoraciones de algunas empresas cuya rentabilidad es una incógnita

MADRIDActualizado:

Dicen de España que es un país de contrastes. Y, desde luego, en materia de emprendimiento no hay duda de que así es. Hace sólo una década, la mayoría de los jóvenes que dejaban las aulas de la universidad para incorporarse al mercado de trabajo soñaban con ser funcionarios. Pocos ganchos resultaban más atractivos que un sueldo y un horario razonable para toda la vida. Pero llegó la crisis y millones de españoles fueron a parar a las listas del paro, los concursos de plazas públicas se congelaron y los jóvenes se convirtieron en uno de los colectivos que con más fuerza castigó la recesión.

Fue entonces cuando el emprendimiento comenzó a estar en boga. La denostada imagen del empresario —horondo, con puro y chistera, y cruel con los trabajadores— se transformó en la del emprendedor- joven, con vaqueros y zapatillas, miles de seguidores en Twitter e Instagram, y fundador de una «startup» de éxito y las tornas comenzaron a cambiar. Más por necesidad que por pasión, pero lo cierto es que el mercado se llenó de nuevas ideas. Desarrolladas, eso sí, por equipos con muchas ganas y poca experiencia. La financiación, un bien más escaso de lo habitual en plena crisis financiera global, ejerció entonces un importante papel como filtro de selección natural.

Hoy, el ecosistema de emprendimiento en España sigue lejos de los campeones europeos como Alemania o Reino Unido, pero ha adquirido volumen, experiencia y, sobre todo, madurez. Según un estudio de la mayor comunidad de startups e inversores de España, Startupexplore, en 2015 la creación de empresas de base tecnológica en nuestro país creció a un ritmo del 26% respecto al año anterior, lo que sitúa el número total de estas empresas en algo más de 5.000. La financiación también aumentó hasta niveles récord el año pasado, cuando se cerraron rondas por un valor superior a 500 millones de euros.

Pero un crecimiento tan rápido suele estar ligado a su vez a importantes riesgos. Y cada vez son más las voces que alertan de la posibilidad de que estemos ante la gestación de una nueva burbuja. ¿Valoraciones infladas? ¿Exceso de financiación por la falta de rentabilidad que existe en el mercado? ¿Demasiado marketing y pocos resultados? Los expertos no muestran una opinión unánime, aunque todos coinciden en que ya se han encendido algunas alarmas.

«En los últimos cinco años ha habido un aumento exponencial de gente con ideas de negocio que busca montar su propia empresa»

El profesor de la escuela de negocios IESE Alberto Fernández Terricabras es tajante: «En mi opinión sí que se está generando una burbuja. Hay muchísimos proyectos que buscan dinero y, como es normal, no todos son buenos. En los últimos cinco años ha habido un aumento exponencial de gente con ideas de negocio que busca montar su propia empresa. La ventaja, o el riesgo, según se mire, es que ahora hay dinero en el mercado. La financiación es una condición indispensable para que salgan adelante nuevos proyectos, pero también para que se forme una burbuja», asegura.

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«Esto ha llevado a que haya una sobrevaloración de las empresas. Cualquier emprendedor pide más dinero simplemente porque sabe que lo hay. El que no lo encuentra tiene que pensar que algo falla, o bien en su proyecto o bien en su equipo, porque actualmente no creo que haya proyectos viables que no salgan adelante por falta de financiación. De hecho, las ‘startups’ se han consolidado como una alternativa de inversión ante la falta de rentabilidad por la actual situación monetaria. Aunque esto no va a ser una tendencia pasajera, es un movimiento que ha venido para quedarse. Con sus ajustes, eso sí», puntualiza Fernández Terricabras.

La selección, la clave

De esta forma, el trabajo de selección de los inversores es ahora mucho más compleja. «Hay muchos proyectos viables, pero pocos invertibles. Un proyecto viable es aquel con el que se puede ganar dinero y va a dar de comer a unas cuantas personas, pero que no es adecuado para un inversor porque no escala. Un proyecto escalable es aquel que en cuatro o cinco años puede convertirse en una referencia global», explica Rodolfo Carpintier, uno de los pesos pesados de internet en nuestro país y presidente de la incubadora DAD (Digital Assets Deployment), especializada en negocios digitales, que él mismo fundó.

Aún así, Carpintier asegura que no estamos ante una burbuja. «Yo no le llamaría así. Lo que ocurre es que la situación se está normalizando. Madrid está viviendo lo que ocurrió en Londres, Berlín o París hace cinco años. Íbamos con retraso y ahora estamos ganando terreno. Hay más dinero disponible y por eso hay más proyectos que salen adelante. La influencia de la crisis ha sido decisiva: como los jóvenes no encontraban trabajo, muchos decidieron montar su propia empresa».

Los expertos coinciden en que es peligroso idealizar el emprendimiento

Un aspecto en el coinciden todos los expertos es en los peligros de idealizar el emprendimiento, que puede llevar a generar una imagen alejada de la realidad. Pedro Clavería, consejero delegado de la ‘startup’ Cuponation, responde a la imagen de joven y emprendedor que muchos nuevos empresarios desean alcanzar. Sin embargo, también sabe lo importante que es el trabajo duro para que un negocio salga adelante. «Ahora es bastante común en este mundo encontrarse con equipos que parecen estar más centrados en demostrar que son los más ‘cool’ y no los más rentables. Eso no es una buena señal. Me parece que el sector está empezando a crecer de forma desproporcionada. Hay muchas empresas con valoraciones que no responden en absoluto a sus números actuales, sino a unas previsiones que desde mi punto de vista son exageradas», asegura.

Ana Segurado, directora global de Telefónica Open Future, la red de emprendimiento e inversión del grupo Telefónica, también ha sido testigo en primera persona de la velocidad de vértigo a la que están cambiando las cosas en el ecosistema «startup» de nuestro país y, en especial, de cómo se ha creado una imagen en muchos casos distorsionada. «En los últimos años han proliferado las empresas relacionadas con la tecnología y en mi opinión ha sido por la confluencia de varios factores. Por un lado está internet, que ofrece muchas posibilidades de negocio y derriba barreras de entrada en numerosos sectores. Además, los gobiernos han visto en el emprendimiento una posible solución a la crisis y se han ofrecido más facilidades. Y también muchas grandes empresas han querido potenciar su propia imagen de innovación y han desarrollado proyectos de apoyo a los emprendedores. Todo esto es bueno, pero no hay que olvidar que lanzar una empresa de éxito es muy difícil y detrás hay muchísimo trabajo», asegura.

Respecto a la existencia de una burbuja, Segurado está de acuerdo, aunque con con matices: «En España sí que hay cierta sobrevaloración, pero sólo en algunos nichos. En las ‘startups’ que lanzan un producto de monetización rápida sí que puede haber una pequeña burbuja, porque son el tipo de proyecto que buscan ahora muchos fondos. Sin embargo, sigue faltando capital para el desarrollo de productos con un componente tecnológico alto», apunta Segurado. De hecho, según los datos de datos de la Asociación Española de Entidades de Capital Riesgo (Ascri), el sector que más volumen de inversión recibió fue la informática, con el 25% del total, gracias a operaciones como las que protagonizaron idealista.com, Wallapop o Carto DB.

El sueño de escalar

Este hecho, junto con la falta de fondos para que las empresas que salen adelante consigan ganar tamaño, son los dos puntos negros del sector español. «Falta ayuda para lograr que nuestras empresas escalen a nivel internacional y europeo», advierte Segurado. Las cifras así lo demuestran: en 2015, el 86% de las operaciones fueron inversiones de menos de 5 millones de euros de capital, lo que confirma que las principales receptoras del capital riesgo son las pymes españolas. «No obstante, esta tendencia está evolucionando favorablemente. Cada vez son más los inversores que se dan cuenta de que puede llegar a ser más rentable invertir en fases más avanzadas de los proyectos», apunta Fernández Terricabras. Los últimos datos señalan en esa dirección. En 2015, las operaciones que superaron los 10 millones de euros aumentaron notablemente, desde 28 a 46, con una inversión total de más de 1.300 millones de euros. Este dinamismo devuelve al sector a niveles de 2008, aunque aún está por debajo del máximo histórico alcanzado en el año 2007, cuando se cerraron 70 operaciones.

La actividad inversora se ha resentido en 2016 por la inestabilidad política

La visión más optimista de los expertos consultados es la de Javier Megías, consejero delegado y cofundador de Startupexplore, una comunidad de startups e inversores con presencia en Europa. «Yo viví la burbuja de las puntocom y la situación actual no tiene nada que ver. Entonces, sólo con tener el ‘puntocom’ en tu nombre ya conseguías dinero. En realidad, ahora la situación se está normalizando, porque venimos de una época de mucha restricción crediticia. No hay que olvidar que, para conseguir financiación, las ‘startups’ tienen que intentar vender la intersección entre dos realidades. Lo que son a día de hoy y lo que esperan ser. Y es cierto que algunas compañías ven su futuro con mucho optimismo. Pero a estas empresas les cuesta encontrar fondos», asegura.

Pese a todos los riesgos, el sector mira al futuro con confianza. «Sólo queda por despejar la incertidumbre política, que en estos momentos está frenando una mayor inversión internacional en las operaciones en España, pero que no debería alargarse excesivamente, ya que las apuestas de capital riesgo son a medio o largo plazo y la situación de inestabilidad política es coyuntural», aseguran desde Ascri. De resolución más compleja será nuestra eterna asignatura pendiente: la educación. «Hay que despertar el gusanillo emprendedor desde los primeros años, en las escuelas», concluye Fernández Terricabras.