Con permiso

Soraya recluta al equipo médico de la crisis para luchar contra el comando de gasto de Sánchez

La vieja guardia económica que arropaba a Rajoy se ha decantado por la candidatura de la exvicepresidenta para plantar cara a las promesas económicas aún por cumplir del presidente del Gobierno

María Jesús Pérez
MadridActualizado:

«Si algo funciona bien, ¿para qué cambiar?». Una máxima que la exvicepresidenta del Gobierno de Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, enarbolará como bandera en su programa económico de campaña para convencer a los militantes populares y le voten masivamente. Y, si gana, después, de cara a enfrentarse en la carrera por la presidencia frente a Sánchez. O eso se deduce por los compañeros de viaje del partido que se han unido a su candidatura para liderar los próximos tiempos del Partido Popular ya con el expresidente de retiro. ¿O no?

El caso es que la vieja guardia económica que otrora resolviera los programas económicos de Rajoy de cara a elecciones, planteamientos de reformas y presupuestos, se ha decantado por la candidatura de Soraya. La exministra de Empleo, Fátima Báñez –muy bien colocada ya, como muchos ven por ahí, como número dos de la «exvice» de cara a una hipotética nueva formación de Gobierno del PP con Soraya de presidenta–; el exministro de Hacienda, Cristobal Montoro; y el exministro de Energía, en otros tiempos el principal asesor en asuntos económicos de Rajoy, al frente de la oficina económica del Gobierno, Álvaro Nadal; serán los encargados de plantar cara, con una economía alternativa pero al más puro estilo «rajoyniano», al comando del gasto del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Entre ellos, el primero en «mojarse» fue precisamente Álvaro Nadal: «Soraya Sáenz de Santamaría es la mejor preparada», dijo tajante. De hecho, Nadal se ha convertido en los últimos tiempos –y lo seguirá siendo al menos hasta la votación del próximo 5 de julio, donde los afiliados del PP votarán por primera vez en las urnas a su favorito–, en uno de los heraldos del equipo de Soraya que va proclamando las veleidades de la política económica del «expresi» que ha logrado sacar a España del agujero en el que la hundió la del también socialista José Luis Rodríguez Zapatero, adalid de las dádivas sociales por excelencia, a la sazón el rey del gasto social. Puro «presanchismo», vaya.

Una política económica y fiscal la del equipo de la vieja guardia popular que, de la mano de la austeridad y los ajustes, sí, pero a base también de reformas, había culminado ya en la recuperación de la mitad del empleo destruido durante la crisis y en el país con el mayor crecimiento económico de la zona euro.

Soraya, que se presentó en Málaga junto al líder del PP de Andalucía Juan Manuel Moreno Bonilla y precisamente con su hipotética segunda de a bordo –Báñez–, se mostró firme al asegurar que se postula «no solo para ganar el Congreso del PP sino porque creo que puedo ganar las elecciones a Pedro Sánchez... sino porque hay que conseguir que esté el mínimo tiempo posible en el Gobierno para que no desmonte todo lo que los españoles han logrado estos años».

Sin embargo, otras candidaturas populares apostarán por una política económica menos alternativa a la socialista. Esa que quizás pudiera desmontar, si no todo, parte de lo conseguido. Por aquello de las intenciones de tirar por más gasto social. Para ganar votos. Similar a la tesis «sanchista». Además, pensarán que si algo no funciona y se sigue haciendo lo mismo, seguirá sin arreglarse.

Y en esas dicen por ahí que estarían las tesis de otros dos de los seis candidatos en la carrera presidencial por liderar el PP. María Dolores de Cospedal y Pablo Casado.

Ahora bien, una política de gasto social puede funcionar de cara a los ciudadanos siempre y cuando la economía te acompañe. Cierto es que hoy sigue habiendo inercia en el crecimiento, que según los expertos se podría mantener hasta 2020, coincidiendo con el final de la legislatura de Sánchez. Pero... ¡ay! los nubarrones que se avistan. Guerra comercial, subidas de tipos y... ¡la inflación! Porque el indicador que verdaderamente marca la economía no es el déficit –que indica más bien su salud–, sino el IPC. Los ciudadanos pueden entender que no se le suban los salarios pero que se los bajen... Si la inflación se nos empieza a ir de madre –está en el 2,3%, y lo óptimo para los organismos internacionales está en el 2%–, la sensación en el bolsillo del ciudadano de a pie es de bajada de sueldo instantáneo. Entonces estos dos años en los que el propio Sánchez aprovechará para hacer promesas económicas pero que aún no puede cumplir, se le volverá en contra. Si la economía no responde, uno se queda colgado de la brocha (¡que se lo pregunten a Zapatero!). Algo que también vale para los programas de algun que otro candidato del PP. Aún tienen tiempo para rectificar. Pero cuidado con no anticiparse. Al final la economia marcará la fecha electoral. Y si no, al tiempo.

María Jesús PérezMaría Jesús PérezRedactora jefeMaría Jesús Pérez