Centenares de taxis bloquean por quinto día consecutivo el centro de Barcelona
Centenares de taxis bloquean por quinto día consecutivo el centro de Barcelona - EFE

Síntomas de agotamiento en la guerra del taxi

Los taxistas quieren volver a circular por las calles españolas. El sector está perdiendo ya tiempo, dinero y paciencia

BARCELONA | MADRIDActualizado:

Con ganas de volver a pisar el acelerador y a la bajada de bandera. Los taxistas del país, que llevan prácticamente una semana paralizados para exigir una mejor regulación que les ayude a capear la competencia a los nuevos negocios de las VTC, seguían ayer colapsando el centro de ciudades como Madrid o Barcelona con el mismo tono beligerante que el primer día, de puertas afuera. En el fondo, sin embargo, se palpaba ya la esperanza de volver a recuperar la normalidad.

En Madrid el clima general entre los taxistas era de agotamiento. Si bien los coches continuaban estoicos en el paseo de la Castellana, la pérdida de dinero que suman minuto a minuto a lo largo de las jornadas de huelga y inicio del mes de agosto y las voces variopintas de la opinión pública sobre el caos de movilidad en la capital han puesto en alerta a los protagonistas de la protesta. La dilación en la negociación con el Gobierno continúa y la tesitura de los taxistas se muestra endeble.

En Barcelona, las secuelas de la huelga indefinida son todavía más severas para el sector. El colectivo lleva ocho días de paro, y seis viviendo en pleno asfalto y bajo un calor -como en la capital- que ha ido a más. En los extremos de la marea de taxis que invade la Gran Vía se veían ya muchos huecos vacíos de manifestantes que, por un motivo u otro, acudían solo durante ratos a la protesta. Como Javier Gutiérrez, que lleva más de 40 años en el sector y que contaba a ABC sus «turnos» de paro: cinco horas por la mañana, desde las 8 de la mañana, vuelta a casa para comer y descansar, y otras cinco por la tarde. Todo ello, «por sentido común y obligación», insistía. «Ni un solo taxista quiere esto. Estamos invirtiendo nuestro tiempo y nuestro dinero. Nadie lo hace a gusto», comentaba, recordando que a él le queda un año para jubilarse pero que la huelga es necesaria para las futuras huelgas del sector.

Si él iba y venía de su casa, la capital catalana ya vio a vehículos amarillos y negros circular que ya efectuaban servicios de emergencias. Otros, que llevan desde el viernes parados en el centro de Barcelona, aprovechaban para poner a punto su vehículo. A la imagen de múltiples carpas con mesas y sillas y taxistas buscando sombra, ayer se vio a varios miembros del sector, gamuza en mano, quitando el polvo acumulado y limpiando llantas, como si estuvieran preparándose ya para volver a recibir clientes. Al mismo tiempo, efectivos de la limpieza repartían bolsas de basura, en otro guiño que pretendía ayudar recuperar a la normalidad.

En el punto neurálgico de la protesta, en Gran Vía con paseo de Gracia, el colectivo concentraba su ánimo combativo. Pintadas, grafitis, pitos y petardos -aunque menos- hacían ver a todo transeúnte que su batalla sigue candente. Ese cruce, por cierto, ha sido rebautizado como «plaza de taxi», con carteles inclusive.

Todo ello, a la espera de las asambleas nocturnas, que en varios puntos del país tenían que decidir si acababan con el colapso provocado y volvían a la carrera. Al cierre de esta edición, todavía no se conocían los resultados de las votaciones, aunque portavoces de las asociaciones de taxistas confiaban en poner fin a sus reivindicaciones. Eso sí, avisaban de que su tregua será solo temporal y que la oleada de protestas quedarán a expensas de que el Gobierno cumpla con sus promesas en septiembre.