Jaime Caruana
Jaime Caruana - Jaime García

Si Caruana fuese hoy el presidente de BBVA... quizás otro gallo cantaría

El exgobernador del Banco de España estuvo cerca de ser el sucesor de Francisco González

MadridActualizado:

Luis del Rivero nunca ha tenido pelos en la lengua. El expresidente de Sacyr aseguraba ayer en su intervención en la junta de accionistas de BBVA que las cuentas de 2000 fueron la «excusa» perfecta para terminar con Emilio Ybarra y todos sus consejeros. «Todos fueron imputados y sus casos sobreseídos. El señor Ybarra fue absuelto en el Supremo», recordaba momentos antes de lanzar un dardo envenenado al exgobernador del Banco de España Jaime Caruana, presente también en la sala en su condición de consejero independiente. «Fue aconsejando a todos que dimitieran uno a uno y ahí está, en el consejo», aseveraba.

Del Rivero no quiso desvelar más pero a muchos nos vino a la memoria sucesos del pasado que hoy cobran sentido. Allá por 1996, con la victoria de los populares en las elecciones generales, con José María Aznar a la cabeza, entre los «lógicos» y consecuentes cambios en los sillones presidenciales de las empresas aún bajo control público afloraron un grupo de amigos que hoy no lo parecen ser tanto. Sin coincidencia exacta en el tiempo (aunque siempre bajo el mandato de Aznar) Alfonso Cortina recaía en Repsol; César Alierta, en Telefónica; Manuel Pizarro, en Endesa; Francisco González, en Argentaria (luego BBVA tras la fusión); y Jaime Caruana... que sin empresa para él, tras pasar por la dirección general del Tesoro, fue nombrado gobernador del Banco de España en julio de 2000.

La «conexión a cinco» pervivió durante años posteriores ya con Ejecutivos socialistas, si bien Caruana ligado al ámbito más institucional, hasta que el 1 de junio de 2018 pasó a ocupar el cargo de consejero independiente de BBVA. Nadie quiso verbalizarlo, pero muchos lo pensaron. La sucesión de FG estaba solucionada en un año en el que todos la esperaban sin más dilación. Pero... estalló la bomba del caso Villarejo y se truncaron los planes del aún presidente de BBVA.

Caruana, siempre al otro lado de la empresa -esa que se rige por las normas de supervisión y del buen gobierno, de esas que tanto aprecia el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, y por las que ha luchado desde su desembarco en el organismo regulador europeo-, «quizás» no venía bien para lo que estaba por estallar y González se decidió por Torres como su mano derecha hasta su marcha. Hasta hoy. Eso sí, los aplausos con los que muchos accionistas recibieron la noticia de la dimisión de FG se complementaban con los que se oían en Fráncfort.