Los secretos de Coca-Cola

Aunque se supone que el verano es tiempo de vacaciones, el espionaje industrial no se toma ningún día libre. Tres personas han sido detenidas este miércoles en la zona de Atlanta bajo la acusación de

PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON.
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Aunque se supone que el verano es tiempo de vacaciones, el espionaje industrial no se toma ningún día libre. Tres personas han sido detenidas este miércoles en la zona de Atlanta bajo la acusación de haber robado no solamente documentos confidenciales de la multinacional Coca-Cola, sino también una muestra de un producto secreto de próximo lanzamiento. Todo con la intención de vendérselos a su archi-rival, Pepsi-Cola, por un millón y medio de dólares (1,17 millones de euros).

La trama -denunciada por la propia Pepsi y centrada aparentemente en una asistente administrativa a las órdenes del director global de marca de Coca-Cola, el español Javier Sánchez-Lamelas- ha sido desbaratada cuando un agente federal infiltrado materializó un primer pago inicial a la espera de poder comprobar la autenticidad de los secretos industriales ofrecidos. En un detalle enternecedor, los 30.000 dólares de entrada estaban ocultos en una de las típicas cajas de galletas que las «girl-scouts» de Estados Unidos venden para financiar sus actividades campestres.

Coca-Cola se ha apresurado a puntualizar que en ningún momento ha estado en peligro la legendaria fórmula secreta de su icónico producto, celosamente guardada en la caja de fuerte de un banco de Atlanta. En un memorando interno a toda su plantilla, el presidente de Coca-Cola, Neville Isdell, ha reconocido con tristeza que los arrestos incluyen a una empleada de la multinacional: «Aunque este abuso de confianza es difícil de aceptar para todos nosotros, ilustra la responsabilidad que todos tenemos a la hora de vigilar y proteger nuestra propiedad intelectual».

Vídeo comprometedor

En el centro de esta trama se encontraría la secretaria identificada como Joya Williams, de cuarenta y un años. Un comprometedor vídeo mostraría a la aviesa asistente, asignada al ejecutivo español Javier Sánchez-Lamelas con crecientes responsabilidades en Coca-Cola, extrayendo documentos de varias carpetas y ocultándolos en bolsas, junto a un recipiente de cristal con etiqueta blanca que supuestamente contenía una muestra de una nueva bebida en desarrollo. Los otros dos detenidos son Ibrahim Dimson, que habría actuado como intermediario, y Edmund Duhaney, que se habría prestado para abrir una cuenta bancaria en la que ingresar los beneficios de esta fechoría.

Acusaciones de estafa

El trío de detenidos, vinculados gracias a un número de teléfono de móvil utilizado para cerrar la transacción, fueron presentados ayer ante un juez federal en Atlanta bajo una ristra formal de múltiples acusaciones de estafa, substracción y venta de secretos corporativos de Coca-Cola. Delitos que con sus agravantes les puede acarrear largas cadenas de privación de libertad.

En todo este comentado caso de espionaje industrial ha llamado la atención que la voz de alarma haya corrido a cargo de Pepsi. A partir de que una sospechosa carta con membrete de Coca-Cola fuera recibida el pasado 9 de mayo en el cuartel general de Pepsi en Parchase, Nueva York. La misiva, firmada por un individuo identificado solamente con el nombre de Dirk, planteaba la posibilidad de facilitar información confidencial de Coca-Cola, todavía el primer fabricante de refrescos del mundo pese a los avances y visibilidad logrados durante los últimos años por Pepsi.

Pepsi juega limpio

Según ha recalcado Mark Dollins, portavoz de Pepsi, «nosotros sólo hemos hecho lo que cualquier compañía responsable hubiera hecho. Aunque la competencia debe ser dura, siempre debe ser limpia y legal». Coca-Cola, por su parte, ha agradecido la ayuda prestada y ha ordenado una revisión a fondo del manejo de sus secretos comerciales.