Rodrigo Rato, el día de la salida a Bolsa de Bankia en julio de 2011
Rodrigo Rato, el día de la salida a Bolsa de Bankia en julio de 2011 - AFP

Rodrigo Rato: el derrumbe del hombre milagro

El exvicepresidente del Gobierno recibe el primero varapalo en sus varios frentes judiciales y es condenado cuatro años y medio de cárcel por las tarjetas «black» de Bankia

MadridActualizado:

A Rodrigo Rato (Madrid, 1949) le habían colocado la etiqueta de artífice del «milagro económico» vivido por España en los años noventa. Emilio Botín dijo de él que había sido «el mejor ministro de Economía de la democracia». Brillante parlamentario, a punto estuvo de suceder a su jefe, José María Aznar, al frente del PP. Pasó a dirigir el Fondo Monetario Internacional (FMI), convirtiéndose en el español en llegar más alto en puestos internacionales, y los suyos lo pusieron de banquero al frente de Caja Madrid. Sin embargo, el estallido de la crisis económica y financiera, el desastre final de Bankia y la desvelación de cómo manejaba su patrimonio han puesto en evidencia ese currículo y le han llevado a afrontar un periplo judicial del que ya ha obtenido una primera condena: cuatro años y medio de cárcel por las llamadas tarjetas «black».

Esas tarjetas opacas con las que un total de 65 exdirectivos de Caja Madrid y Bankia, entre ellos Rato y Miguel Blesa, se pagaban una vida a todo tren sin rendir cuentas —vacaciones y fines de semana en hoteles y destinos de lujo, comidas y cenas en restaurantes caros, joyas, ropa y lencería de lujo y consumiciones de alcohol en discotecas—, simbolizan una época de total impunidad y evidencian como ningún otro hecho cómo personajes como el exvicepresidente del Gobierno se sentían intocables. «Yo no soy un político delincuente», dijo en su última comparecencia pública, a principios de año, en la comisión de investigación de la crisis en el Congreso de los Diputados.

El rechazo del PP

Quizá sabedor del futuro penal que le aguardaba, Rato compareció ese día en tono desafiante, contraatacando a todos. También a quienes un día fueron sus compañeros de partido, una vez ha perdido todos los apoyos dentro del PP a la vista de la deriva personal y profesional del que un día fuera referente de la derecha española. Llegó a acusar a destacados miembros del Ejecutivo de Mariano Rajoy de urdir una campaña para acabar con su figura pública y enviarlo a prisión. Así el PP pasó de endiosarlo a renegar de su figura.

«Me da pena que una persona como usted, al que muchos españoles han admirado, acabe así. Usted fue un excelente ministro de Economía, hizo un trabajo magnífico por este país, y todo ese ha sido desprestigiado por usted mismo. No sabe el daño que ha hecho al partido, a toda la clase política y al país. ¿De verdad que los beneficios económicos que haya podido conseguir compensan todo ese daño?», le espetó el diputado popular Miguel Ángel Paniagua sobre su condena por las tarjetas «black», su procesamiento por el caso Bankia y las investigaciones por su patrimonio personal.

Periplo judicial

A la sentencia judicial de las «black» podrían seguirle otras. A partir del próximo 26 de noviembre será juzgado también en la Audiencia Nacional por la salida a Bolsa de Bankia junto a una treintena de exdirectivos de la entidad. Además, sigue siendo investigado por posibles delitos de fraude fiscal en el manejo de su patrimonio personal.

Bachillerato con los jesuitas, máster por Berkeley (1974), licenciado en Derecho por la Complutense (1971) y doctor en Economía por la misma universidad (2003), Rato entró en política en 1979 y en ella permaneció hasta 2007, siendo ministro de Economía y de Hacienda y vicepresidente del Gobierno entre 1996 y 2004 y director gerente del FMI en Washington de 2004 a 2007, entidad de la que salió abruptamente alegando motivos personales.

Su siguiente gran proyecto, Bankia, también acabó en fracaso. Rato llegó a la presidencia de Caja Madrid en 2012 para suceder a Blesa tras una fortísima lucha interna en el PP, reflejo de la politización de las cajas: mientras Alberto Ruiz-Gallardón apostaba por mantener a Blesa, Esperanza Aguirre quería colocar a Ignacio González, hasta que se impuso a Rato. A él le encomendaron dirigir la fusión con Bancaja y otras cinco cajas menores en BFA-Bankia, que luego sacó a Bolsa para cumplir con los requisitos regulatorios de capital. La operación terminó con el rescate de la entidad por 22.424 millones de euros, pues Bankia había salido al parqué en una situación de extrema debilidad. Lo que la Audiencia Nacional trata de dilucir ahora es si hubo engaño.