El aeropuerto de Hong Kong, uno de los más transitados del mundo, ha sido escenario de las manifestaciones Pablo M. Díez

Purga en la aerolínea Cathay y aviso a los bancos

Pekín presiona a las empresas para que despidan a quienes apoyan las protestas

ENVIADO ESPECIAL A HONG KONG Actualizado: Guardar
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Aunque Hong Kong encabeza cada año la lista de economías más libres del mundo, el autoritario régimen chino ha lanzado una ofensiva sobre sus empresas para frenar las protestas prodemocráticas que empezaron hace ya tres meses. Con un amplio respaldo social, en las multitudinarias manifestaciones que vienen tomando las calles hay de todo: comerciantes, industriales, estudiantes, médicos, maestros y hasta banqueros o pilotos aéreos.

Enfrentándose a su mayor desafío político desde la devolución de esta antigua colonia británica en 1997, Pekín ha vuelto a exhibir su poderío económico recordando que puede abrir y cerrar a voluntad su gigantesco mercado, del que depende Hong Kong. El caso más claro es el de la aerolínea local Cathay Pacific, a la que las autoridades chinas tiraron de las orejas porque muchos de sus empleados se han señalado en las manifestaciones. Mientras algunos las apoyaban retratando su asistencia en las redes sociales, otros, como un piloto antes de aterrizar, hasta recomendaba a sus pasajeros que hablaran con los manifestantes que ese día protagonizaban una sentada en el aeropuerto.

Después de que varios empleados fueran detenidos en las protestas violentas, su consejero delegado, Rupert Hogg, presentó su dimisión el 16 de agosto. Según informan varios medios hongkoneses, el régimen le había pedido una lista de empleados que hubieran acudido a las manifestaciones y él la presentó solo con un nombre: el suyo. Curiosamente, la televisión estatal china informó de su renuncia 26 minutos antes de que lo anunciara la propia aerolínea. Tras su marcha, los nuevos gerentes han desatado una purga despidiendo de forma fulminante a muchos de los que se retrataron en Facebook o Instagram en las protestas o criticaron al Gobierno y la ley de extradición a China, suspendida pero no retirada.

Los bancos, uno de los pilares más importantes de la economía honkgonesa, también han sido obligados a denunciar públicamente las manifestaciones en anuncios en prensa. Lo mismo hizo el magnate más rico de la ciudad, Li Ka-shing, pero con una publicidad tan ambigua que la censura del régimen llegó a bloquear para que no se interpretara como una crítica velada.

Y hasta los empresarios extranjeros que hacen negocios en China tienen miedo a manifestarse públicamente en las redes sociales y hasta en los grupos privados de WeChat, que algunos ya han abandonado ante el convencimiento de que las conversaciones y mensajes son espiados por el régimen. Hong Kong, la economía más libre del planeta, se enfrenta al «terror blanco» de Pekín.