Así te puede ayudar el arte a rentabilizar tus ahorros

Las obras artísticas tienen poca liquidez y su acceso es difícil para pequeños ahorradores, pero pueden ser un valor muy rentable y estable

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Que el magnate Patrick Drahi haya adquirido la casa de subastas Sotheby’s por un valor de 3.292 millones de euros es un botón de muestra para pensar que tan atractivo puede resultar el mercado del arte como los productos financieros, la Bolsa o el sector inmobiliario si la intención es hacer negocios o conseguir inversiones redondas. El propio empresario franco-israelí, fundador de la multinacional de telecomunicaciones Altice, propietario de otras compañías y gran c oleccionista, reconocía en una nota de prensa a principios de semana que esta operación la hacía pensando en su familia y con la vista puesta en el largo plazo. Es decir, como una inversión de futuro.

Sin embargo, muy pocos tienen esa visión. A la hora de invertir y buscar una rentabilidad rara vez se mira al arte. Pocas empresas, instituciones y fundaciones lo hacen. Y mucho menos un ahorrador particular. «No es una práctica muy extendida en España ni en otros países», afirma Lorenzo de Benito, miembro del grupo de investigación en Behavioral Finance de Comillas ICADE. Antes, se invierte en oro, ladrillo o Bolsa.

Y es así porque pesan muchas razones, como explica De Benito. El mercado del arte, dice, «es muy ilíquido, es difícil convertir de manera rápida una obra de arte en dinero en efectivo. Hay que afrontar muchos costes (de tasación, comisiones de mediación de casas de subastas...) y además se requiere mucho más tiempo para llevar a cabo un proceso de compra o de venta seguro, porque en España no hay demasiadas empresas especializadas en las distintas fases del proceso de compra-venta».

No hay cultura para invertir en arte como sí la han para hacerlo en oro, joyas y vivienda

La falta de liquidez es el principal problema, pero es que tampoco existe cultura para invertir en arte como sí la hay para hacerlo en oro, joyas y vivienda. «Los montes de piedad siguen existiendo, la gente deposita sus joyas y las recupera. Eso no se puede hacer con una obra de arte», indica Elena de la Poza, profesora de la Universitat Politècnica de València. A ello se añade que no es precisamente un mercado accesible. «Proliferan las casas que compran oro, pero no las casas de subastas de obras de arte. Y a nadie se le ocurre pasar por una galería de arte y entrar. No existe esa facilidad y accesibilidad para que oferentes y demandantes se encuentren en un lugar y tiempo», explica De la Poza.

Las barreras

Muy pocos están preparados para realizar estas inversiones. «Se necesita una alta especialización para analizar las inversiones potenciales y llegar a una valoración, frente a otros activos como el oro, que no dejan de ser 'commodities' con precio de mercado estándar fácilmente accesible y comparable», añade De Benito. Adquirir arte también entraña sus riesgos: se puede comprar una falsificación, o encontrar piezas mal conservadas... Además, muchas obras no son inscritas en el Registro de bienes muebles, por lo que no hay seguridad legal cuando varias personas se disputan la propiedad de una pieza, cuenta el investigador. Mientras que en el caso de la vivienda existen los registros de propiedad que «garantizan que los que adquieren un inmueble pueden defenderse frente a terceros que reclaman la misma propiedad», dice.

Pero no todo son inconvenientes en el mercado del arte. Cuenta con una gran ventaja: la rentabilidad de una obra no está sometida a los vaivenes que sufre la Bolsa. «Una declaración de Trump no influye en el valor de una pieza de arte como sí puede perjudicar o favorecer el valor de las acciones de una empresa en el parqué», concreta Enrique del Río, fundador y CEO del WeCollet Club. En la revalorización de una obra intervienen muchos factores: desde el tipo de pieza (lienzo, fotografía, escultura...) hasta el prestigio que va alcanzando el autor, el momento concreto en que se vende la pieza, el lugar donde se venda... Aunque, en un escenario de medio y largo plazo, «normalmente se estiman rentabilidades de entre un 8 y 10%», concreta Elisa Hernando, CEO de Arte Global y de la plataforma RedCollectors.com.

La rentabilidad de una obra de arte no está sometida a los vaivenes que sufre la Bolsa

Con sus ventajas e inconvenientes, lo cierto es que el mercado del arte parece emerger en España. A nivel global, hay menos compraventas pero más caras, cuenta De Benito. En nuestro país, sin embargo, ocurre lo contrario: el sector lleva tres años de crecimiento pero con precios más bajos. Las ventas de arte en 2016 alcanzaron los 385 millones de euros, lo que supuso un aumento del 7% anual. La media por cada adquisición fue de 5.270 euros. El 63% de las obras vendidas fue por menos de 5.000 dólares (4.416 euros). Sólo el 1% superó los 250.000 (220.000 euros). «El 50% de los inversores se gasta menos de mil euros en adquirir una obra en una casa de subastas. Pueden ser acuarelas, fotografías, obras gráficas... de coste inferior a un óleo sobre lienzo», explica la profesora De la Poza.

Los datos provienen del último informe «El mercado del arte en 2017» de la economista Clare McAndrew, directora general de Arts Economics, que fue auspiciado por la Fundación la Caixa. Un estudio que se considera un referente en el sector y que tuvo ediciones anteriores en 2012 y 2014. Este documento también explica que la cuota que tiene el mercado del arte español a nivel global es muy baja: representa menos del 1% de las ventas de arte que se realizan en todo el mundo, y solo el 2% de las de la UE. Somos el quinto país de Europa en estos mercados, muy lejos del primero que es Gran Bretaña (con una cuota del 62% del total) y, del segundo, Francia (20%).

A pesar de todo, «el crecimiento del sector es muy grande», sostiene Elisa Hernando. Y «la inversión es uno de sus pilares. Se colecciona arte teniendo en cuenta la revalorización de los artistas, no tanto con intención de compra», afirma.

Grandes patrimonios, «empresas que buscan coleccionar por motivos corporativos, instituciones por motivos sociales o particulares por motivos personales y estéticos. A todos les une el interés por que sus compras se revaloricen», considera Elisa Hernando. La profesora Elena de la Poza detalla tres perfiles de inversores: los especuladores, los que compran por disfrutar de la obra y los que quieren dejar un legado. Y matiza: «Un coleccionista es un inversión pero no un especulador. Racionaliza su colección, quiere que su inversión no pierda valor y espera que se revalorice. No espera el negocio de tu vida como un especulador que compra solo para vender y obtener una plusvalía».

Aunque según el investigador De Benito, el perfil de un inversor que solo piense en el arte para invertir y obtener una rentabilidad es una especie difícil de encontrar. «Es casi anecdótico. Solo un 3%», sostiene. Lo más parecido a ello son fondos de inversión que dedican el patrimonio de sus participantes a comprar arte con el objetivo de tener una rentabilidad. En España tres organizaciones quieren poner en marcha el primer fondo de inversión en arte regulado por la Comisión Nacional de Mercado de Valores. Otro paso más para animarse a invertir en el futuro y con paciencia en esta opción alternativa.

También está en internet

Internet también ha entrado en el mercado del arte con nuevas plataformas que, por un lado, asesoran y dan servicios de consultoría para que cualquier persona compre una obra y, por otro, hay otras web que ayudan al artista a que tenga un escaparate que le dé visibilidad. «El desarrollo del e-commerce ayuda a que un perfil de comprador más joven se acerque al mundo del arte, especialmente para comprar, pero también para vender, con lo que se hace negocio. No hay que pensar únicamente en obras de arte de precios muy elevados, sino que hay que también pensar en obras decorativas, joyería, antigüedades etc. El informe de Hiscox cifra en un 3% las obras de arte adquiridas online por más de 50.000 dólares, estando la mayoría de transacciones por debajo de los 5.000 dólares», cuenta el investigador De Benito.

Este nicho online no deja de crecer. En España supone un 5% de las ventas de las galerías. Y a nivel global un 8,4% del mercado de arte en general. «Antes se compraba por teléfono en las subastas. Ahora a través de internet el modelo tradicional de enganche a la hora de comprar arte es diferente. El acceso a una galería de arte impone, no es una compra amable, ni algo habitual en una persona de 30 años. Sin embargo, el mundo online cambia el terreno de juego. A través de estrategias online el que tiene la oferta va a buscar a su cliente, antes era el cliente el que se desplazaba a la galería para comprar», cuenta Enrique del Río, de WeCollet Club.