Presidente Galán

FERNANDO GONZÁLEZ URBANEJA
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Iberdrola estrena presidente que ni se apellida Oriol, ni es vasco, responde al nombre de Sánchez Galán, Ignacio, nacido en Salamanca hace medio siglo, ciudadano del mundo, doctorado en ingeniería industrial por el ICAI de Madrid. Hizo la mili empresarial, con mérito y aprovechamiento, durante casi dos décadas en Tudor, se colocó estrellas en la bocamanga en los motores del ITP, y tomó el bastón de general en Airtel-Vodafone. Una carrera aparentemente lineal y lógica, pero llena de acontecimientos y aventuras, con oportunidades y muchos riesgos.

A lo largo de los últimos cinco años se ha aprendido Iberdrola y sus bocacalles, para reinventar la compañía, a caballo de dos gobierno antagónicos gustosos de mangonear en la electricidad. La Iberdrola que Galán encabeza se parece poco a la que acabó el siglo pasado, es más verde y mucho más grande, casi el doble. Doblar el tamaño, el valor bursátil, el beneficio, el dividendo... sin una de esas fusiones espectaculares que sirven para todo, lo bueno y lo malo, significa crecer al 15% acumulativo anual durante cinco años consecutivos, que es mucho crecer, que se hace por desarrollo orgánico y por inversiones adicionales resultado de una visión, una misión y un plan.

Iberdrola ha hecho el tránsito de siglo, ha rejuvenecido y renovado su capital humano y físico y ha acumulado fortalezas y ambiciones para jugar en la primera división energética europea y mundial, justo cuando estamos en medio de una aventura imprevisible de bodas, divorcios, fusiones, escisiones y alianzas nacionales y trasnacionales con los reguladores a la vera, vigilantes e influyentes. A Ignacio Galán le queda ahora una prueba dura y compleja al frente de una de las compañías más relevantes de esa panoplia de multinacionales españolas que ya no pueden copiar a otro y que tienen que reinventarse cada ejercicio para seguir siendo líderes y dueñas de sus decisiones.

Ignacio Sánchez Galán. Presidente ejecutivo de Iberdrola