El gobernador del Banco de Finlandia y excomisario de Asuntos Económicos de la UE, Olli Rehn (dcha) junto al preisdente del BCE, Mario Draghi
El gobernador del Banco de Finlandia y excomisario de Asuntos Económicos de la UE, Olli Rehn (dcha) junto al preisdente del BCE, Mario Draghi - EFE

El BCE carga su «bazuca» de estímulos ante el parón económico

El banco central prepara un nuevo paquete de medidas que incluiría recortes de tipos y la compra de bonos y acciones de empresas cotizadas

Corresponsal en BerlínActualizado:

Segundo aviso. El presidente del BCE, Mario Draghi, ya sugirió en su última rueda de prensa en Frankfurt que el BCE lanzará una nueva andanada de liquidez este otoño. Ahora es el gobernador del Banco de Finlandia y excomisario de Asuntos Económicos de la UE, Olli Rehn, quien confirma que el BCE tiene preparado un paquete de medidas de estímulo para calmar a los inversores ante la ralentización de la economía. Entre las medidas se incluiría el recorte de tipos de interés y las compras de deuda «sustanciales y suficientes», según informó ayer The Wall Street Journal. Rehn, miembro del consejo de gobierno del BCE, alega que un conjunto de medidas programadas simultáneamente «tiene un impacto mayor que una secuencia de medidas a lo largo del tiempo», por las sinergias que generan las diversas iniciativas. Y es que la situación comienza a enredarse peligrosamente.

El hecho de escalonar y repetir los mensajes no es casual y busca cumplir con la norma no escrita que establece que las políticas del BCE han de ser previsibles para los mercados: primero se dice «lo estamos pensando»; después, «lo tenemos preparado»; y, finalmente, anuncia las medidas. Una estrategia que ya funcionó con el célebre: «Y créanme, será suficiente». Siete años después de aquello, ahora es el parón de la economía alemana la justificación del calendario de la nueva inyección de capital y que, muy posiblemente, se terminará trasladándose a los clientes de los bancos.

Los tipos de interés están ya en sus mínimos históricos, con la principal referencia en el 0% y la tasa que cobra a las entidades por guardar su dinero en el -0,4%. Los técnicos del BCE llevan sin embargo meses estudiando la aplicación de nuevas bajadas que podrían llegar el próximo septiembre. Ante una inflación que se resiste a acercarse al objetivo del 2% que persigue -meta que ya se ha reconocido que se podría revisar-, el BCE ha modificado sus proyecciones a futuro sobre los tipos y tiene listas opciones para flexibilizar las políticas monetarias que incluyen tanto el recorte de los tipos como el rescate del programa de compra de bonos y de acciones de empresas cotizadas.

Nueva tormenta perfecta

Mario Draghi ya había adelantado que el consejo de gobierno está «preparado para ajustar todos sus instrumentos» y en cuanto disponga de la actualización trimestral de sus previsiones podrá calcular exactamente la carga de ataque. Se trata de contrarrestar la desconfianza de los inversores, preocupados, además de por Alemania, por varias incertidumbres entre las que destacan la guerra comercial de Estados Unidos y China, un posible Brexit desordenado y un frenazo en los emergentes.

«Las perspectivas empeoran cada vez más en la industria», ha reconocido Draghi, que apunta en cualquier caso que la posibilidad de una recesión sigue siendo «muy baja». Ayer mismo se conoció que el comercio entre los 19 países de la zona euro registró en junio una caída anual del 6,6%, la mayor bajada desde marzo de 2013, según Eurostat. Y la OPEP revisó a la baja su pronóstico de consumo mundial de crudo para 2019 ante los signos de desaceleración.

La reacción de los mercados no deja lugar a dudas. La fuerte inestabilidad en la renta variable está resucitando la faceta de refugio de la renta fija, lo que explica la caída constante de la rentabilidad de los bonos. Además de los títulos alemanes, que han coqueteado tioda la semana con su mínimo histórico (el jueves cotizaban en el -0,716%), todo el área de referencia de Europa (Holanda, Austria, Bélgica y Finlandia) se encuentra en tasas negativas. También los títulos franceses, irlandeses, letones, eslovacos y eslovenos. Por su parte, el bono español a 10 años batió también el jueves un mínimo histórico y ayer se revalorizó un timido 0,1%. Los bonos portugueses están igualmente cerca de rentabilidad cero, incluso la deuda griega está en zona de mínimos. Solo la deuda italiana sigue acusando las dudas sobre su Gobierno y, aunque ha bajado sustancialmente, está lejos de sus mínimos históricos. Ayer se pagaba al 1,327%. Con esta nueva oleada de incertidumbre, Mario Draghi finalizará su mandato al frente del BCE el próximo 31 de octubre y cederá el testigo a Christine Lagarde. Un nombramiento que, no obstante, garantiza la continuidad de estas medidas, puesto que su visión de la economía europea es muy similar. «Será una extraordinaria presidenta del BCE», ha dicho Draghi, allanando a Lagarde el camino para un periodo de laxitud monetaria cono no había vivido hasta ahora la zona euro.