En la imagen, Juan María Nin INMA FLORES

«La posibilidad de otra crisis económica está más lejos, pero sigue ahí»

Entrevista con Juan María Nin, director general de Caixabank

MADRIDZActualizado:

Juan María Nin (Barcelona, 1953) fue una de las piezas clave del castillo de naipes financiero durante los años de la crisis. Directivo en Banco Hispano Americano, en Banco Central, en Banco Santander, consejero delegado de Banco Sabadell y más tarde, de CaixaBank hasta 2014. Tras su salida de la entidad catalana, Nin se centró en su mayor pasión, la educación. Ahora vuelve a la primera línea con un valiente libro bajo el brazo. «Por un crecimiento racional» (Deusto) desgrana los acontecimientos de la crisis mientras cuestiona preceptos clásicos que se dan hoy por sentados. También desvela cómo en una conversación mano a mano con Merkel logró que, finalmente, el castillo no se viniera abajo.

—Dice que con su libro quiere poner en duda las verdades oficiales que hoy son de consumo inmediato. ¿Cuál es, a su juicio, la más peligrosa?

—Aquéllas que pretenden que compremos un futuro de segunda mano. Algo que ya vivimos en el pasado y que no dio buenos resultados. Son afirmaciones que deforman la realidad, que confunden la patología con los errores y momentos de crisis con la generalidad del sistema. Esto es algo muy grave porque es un atentado al futuro. Y el futuro se construye con la racionalización y sobre unos valores morales y un código de comportamiento ético. Esto es lo que ha permitido a la humanidad avanzar. Hay que combatir la superficialidad y el regodeo en la catástrofe que no conducen a ningún sitio.

—¿Cree que los banqueros han recibido un trato injusto?

—No. Lo que pasa es que ha faltado pedagogía. La crisis que hemos vivido ha sido muy profunda, estructural, de solvencia... Se ha agotado un ciclo de cincuenta años en los que factores de crecimiento como el daño a la ecología y al mundo, el crecimiento demográfico, el uso de la tecnología y, sobre todo, la deuda, agotan su recorrido. Y al agotarse poco a poco vamos viendo burbujas, como la tecnológica en 2002, la inmobiliaria después, y al final, como siempre sucede, el colapso del sistema circulatorio, que no es otro que la banca. El sistema financiero es como un catalizador que termina saltando por los aires y que aboca al sistema general al final del ciclo. Y en este punto, si no haces nada, entras en una recesión brutal. La otra opción, que es lo que ha ocurrido, es tomar medidas para ganar tiempo. Y, una vez ganado ese tiempo, lo primero que se hace es atender al aparato circulatorio que ha sufrido un infarto. Entonces se ponen en marcha medidas para la recapitalización del sistema financiero. ¿Y qué pasa? Pues que para la ciudadanía, al no haber explicado bien las cosas, el hecho de que la banca se beneficie del soporte público presenta un dilema moral respecto a otros sectores. Pero es que el pacto tácito entre el sistema político y el financiero empieza en la Italia del Renacimiento. La banca por su propia naturaleza es frágil y sólo la colaboración con el sector público impide las crisis de liquidez.

—¿Teme que el BCE pueda generar una nueva burbuja?

—El BCE nos ha permitido ganar tiempo, pero nos ha metido en una trampa. Pero es mejor esto que el abismo. Ahora, para salir de esta trampa hay que hacer cosas. Nos costará pero saldremos. Porque las nuevas tecnologías, sobre todo la inteligencia artificial y la robotización, son un vector de progreso y de ganancia de productividad. En el camino, mucha fragilidad y la posibilidad de otra gran crisis. Una posibilidad que hoy está más lejos que hace tres o cuatro años, pero sigue estando ahí.

—¿Cree que se ha sobrecargado al sistema financiero con regulación?

—En absoluto. Soy partidario de todas las decisiones tomadas. Creo que hace falta Basilea IV porque en un mundo de cambio brutal, con los riesgos de lo desconocido y la emergencia de la próxima revolución, se necesitan fundamentos sólidos.