Íñigo Meirás, que dejará de ser CEO de Ferrovial en octubre, junto a Rafael Del Pino, presidente del grupo
Íñigo Meirás, que dejará de ser CEO de Ferrovial en octubre, junto a Rafael Del Pino, presidente del grupo - ARCHIVO
ANÁLISIS

Del Pino «versus» Del Pino

Aguas revueltas en la cúpula de Ferrovial. Las espadas siguen en todo lo alto. Las picas plantadas en Reino Unido y EE.UU. pasan factura en la relación de los hermanos

MadridActualizado:

Hace siglos, lo de «estar con las espadas en alto» era una forma de expresar aquel momento en el que los soldados estaban dispuestos para iniciar una batalla. Hoy, la expresión se utiliza para señalar que ante un enfrentamiento, sea del tipo que sea, no se vislumbra un claro ganador, si bien se mantiene la contienda. Y en esas están, de forma continuada, hasta ayer mismo como quien dice, en Ferrovial.

Un secreto a voces es, a pesar de su siempre buscada, y admirada por otros, discreción, que la familia del Pino -dueños y señores de la constructora española- ha sufrido repetitivos enfrentamientos en la búsqueda de consenso sobre el modelo de sucesión a seguir, tanto en la estrategia de negocio como en quiénes deben dirigirlo.

Durante algo más de la última década -quédense con esta cifra en mente-, y siempre con la vista puesta en blindar a Ferrovial de las disputas familiares, los cinco hermanos Del Pino y Calvo-Sotelo (María, Rafael, Fernando, Leopoldo y Joaquín) se han construido su propio camino. Ahora ya todos vuelan libres pero... ojo avizor con el devenir de la empresa. Sobre todo, Leopoldo, como tercer accionista con su 5% del capital, muy crítico con el equipo que rodea a la presidencia de su hermano Rafael, con los que siente total «asintonía», sobre todo desde hace justo «diez años», cuando Ferrovial vendió Cintra Aparcamientos, la división que Leopoldo dirigía. Un «ninguneo» que, me cuentan, se ha acentuado particularmente en este último y difícil año, con las aguas más revueltas que nunca. Y, como los resultados no acompañan, las viejas rencillas se avivan. ¿Búsqueda de culpables? Alguien «tenía que pagar el pato de Birmingham», me comentan desde su entorno, «de cara sobre todo a inversores y accionistas».

Pues bien, tras la presentación de resultados de 2018 en marzo pasado se destapaba la caja de los truenos, aunque se veía venir: pérdidas de 448 millones de euros, por el ajuste realizado en el negocio de servicios que tiene en Reino Unido ante las incertidumbres que genera el Brexit. El grupo se vio obligado a provisionar 774 millones por el deterioro causado en esa división, con el fin de sanearla y venderla. Números rojos tras los que ya contabilizó en el primer trimestre de 2018, por la provisión entonces hecha ante el contencioso abierto con el Ayuntamiento británico de Birmingham que, algo más de un año después, sigue trayendo cola...

Y en esas, decía, se convocaba la última y ajetreada junta de accionistas el pasado abril, donde se ponían sobre la mesa tanta provisión y pérdida, por las que se pedían responsabilidades, más la renovación de dos consejeros independientes que parecen eternizarse en el cargo, lo que inquieta a ciertos inversores y al propio Leopoldo, por aquello de cumplir con el código de buenas prácticas y decisiones independientes, sin lazos de por medio, digamos.

Se vislumbraba pues la necesidad de depurar responsabilidades. Un damnificado al que se le sumaría el hecho de que en el primer trimestre de 2019 se realizara también una provisión de 345 millones por el negocio de construcción en EE.UU., lo que provocó que el grupo incurriera en unas pérdidas de 98 millones.

El elegido: el consejero delegado, Íñigo Meirás, histórico de la constructora, del entorno de la más absoluta confianza del presidente y del resto de «su» equipo -entre ellos, los independientes, renovados por cierto, Joaquín Ayuso y Santiago Bergareche (este también excedería en edad lo previsto), ambos en su silla desde hace 20 y 23 años, respectivamente, frente a los 12 recomendados- e ideólogo del giro estratégico que vivirá Ferrovial tras vender toda la división de Servicios y centrarse en infraestructuras.

El «despido» adelantado de Meirás se trasladó el pasado 3 de agosto como una «decisión personal». Su salida, pactada para 2020, «quería» adelantarla, tras «diez» intensos años como CEO, y 25 en total en la firma. Su sustituto -¿de consenso? capítulo aparte-, da idea de por dónde van los futuros tiros de Ferrovial: Ignacio Madridejos, actual presidente de la división estadounidense de Cemex. Por cierto, llamó la atención de muchos que no haya habido un comunicado expresando agradecimiento alguno de la compañía a Meirás. Con éste «fuera» de juego a partir de octubre, las espadas siguen «en todo lo alto», pendiendo, quizás, sobre las cabezas de quienes desde el máximo órgano de gobierno marcan el camino hace más de una «década». Puede que hasta la próxima publicación de resultados. Y ¡ojo! perder estos días el arbitraje que le hubiese permitido el control de su gran apuesta en Canadá, la autopista 407 ETR, tampoco les ayudará a calmar los ánimos, mas bien todo lo contrario. Y el «culpable», como si ya no estuviera...

Mientras, desde la constructora, fuentes oficiales aseguran a este periódico que a pesar de los reveses en el Reino Unido y Canadá son una de las firmas con una cotización más sólida en el Ibex, con el valor en los 25,20 euros por acción. Resaltan además que no está en cuestión el liderazgo de Rafael del Pino dentro de la compañía, que ha aumentado su valor enormemente en su etapa y que la continuidad de los consejeros independientes «se ha llevado a cabo porque la compañía desea seguir contando con su conocimiento y aportación», y que dejan de ser independientes a tener la condiciones de «consejeros externos», una figura que, explican, «se ajusta a las normas de buen gobierno corporativo». La medida fue respaldada en la junta de accionistas con apoyos del 85% y el 90%.