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La patronal alemana exige a Merkel el final de la política de déficit cero

La economía europea frena en seco tras la caída de la locomotora alemana (-0,1%) y la británica (-0,2%) en el segundo trimestre

BerlínActualizado:

«Tenemos meses turbios por delante que amenazan con convertirse en años si la política no aplica enérgicas medidas», advirtió ayer el presidente de la Federación Alemania de la Industria, Joachim Lang, tras publicarse que el producto interior bruto germano se contrajo en el segundo trimestre de este año un 0,1% con respecto al primero. Se trata del segundo trimestre en un año que la mayor economía europea registra un crecimiento negativo, lastrada por la guerra comercial y problemas en el sector del automóvil. Oficialmente, entraría en recesión con un tercer descenso consecutivo. Pero los empresarios alemanes no ven la necesidad de esperar a que ese dato técnico se manifieste y exigen una reacción. «Después de una década económica fuerte con un nivel muy alto de empleo y presupuestos públicos sólidamente financiados, Alemania tiene espacio de sobra para dar ímpetu a su economía», argumentó Lang, «a diferencia del freno de la deuda, que está consagrado en la Constitución, la política de déficit cero se encuentra en una situación cíclicamente frágil y a prueba. (...) es hora de cambiar la política fiscal alemana».

Las cuatro legislaturas de Merkel han estado marcadas por una disciplina presupuestaria férrea que se mantuvo incluso en los peores momentos de la crisis. Todavía este martes, cuando la contracción del PIB alemán era ya bastante predecible, la canciller alemana repetía en su primer acto público después de las vacaciones de verano que en su opinión no es necesaria una política coyuntural de impulso. El ministro de Economía, Peter Altemeier, ya ayer con el dato de PIB sobre la mesa, reconoció sin embargo que «se trata verdaderamente de una señal de alerta» y admitió que «nos encontramos a las puertas pero todavía no dentro de la recesión, por lo que la podemos evitar con las medidas adecuadas y si la política y la economía caminan de la mano». Sus declaraciones dejaban la puerta abierta al gran plan de inversión pública que están pidiendo las empresas.

El director del Instituto de Economía Alemana, Michael Hüther, calculaba ayer las necesidades de ese plan de inversión pública en 450.000 millones de euros durante los próximos diez años, unos 45.000 millones por año. Solo los municipios requieren en su opinión unos 138.000 millones y a eso hay que añadir proyectos en infraestructuras de transporte, banda ancha, descarbonización, vivienda y educación. «En un contexto de intereses cero se financiaría de forma muy atractiva con bonos federales», argumentaba. De acuerdo con él se mostraban los candidatos a la presidencia del Partido Socialdemócrata (SPD), Karl Lauterbach y Michael Roth, dispuestos a forzar ese giro en política fiscal. Desde la CDU, sin embargo, mucho menos propensa a cargar con el problema a las generaciones futuras, esta propuesta era contestada por el portavoz presupuestario del grupo parlamentario, Eckhardt Rehberg: «lo que queremos es lograr un concepto general que permita la financiación de nuevos sin por ello tener que renunciar al déficit cero». El líder del FDP, Christian Lindner, apuntaba por su parte que «el déficit cero en Alemania tiene un alto efecto simbólico mucho más allá de nuestro país, es un signo de estabilidad y disciplina. Si Alemania se endeuda más, sería una señal para que todos los demás estados de la UE volviesen a acumular nuevas deudas y peligraría la estabilidad del euro».

Además hay analistas que señalan que los motivos oficiales de la flojera del PIB, la guerra comercial entre EE.UU. y China y el inminente Brexit duro, no son las únicas causas. «Lo fácil es echarle la culpa a Donald Trump», ironizaba ayer el comentarista de Der Spiegel Sascha Lobo, «pero debemos mirar también a lo que están haciendo las empresas. Actores sustanciales de la economía alemana no pueden reconocerse que la receta de éxito de ayer ni en la de hoy, solamente en una que no funcionará mañana. Hemos sido tan exitosos que la presión para cambiar ha caído prácticamente a cero… estamos ignorando con arrogancia el poder y la radicalidad de la transformación digital». El demoledor dato que ilustra esta queja es la comparación entre la partida destinada a I+D en el ejercicio presente por Deutsche Telekom (57,7 millones de euros) y la misma partida para el mismo ejercicio prevista por Amazon (24.400 millones de euros), 420 veces más voluminosa.

Detlef Scheele, CEO de la Agencia Federal de Empleo, considera peligroso no reaccionar hasta que el problema se traslade, ya sin remedio, al dato del paro. «El empleo en Alemania sigue siendo alto. No esperamos un daño inmediato y profundo, sino que el empleo no aumentará en los próximos meses», espera. El economista jefe de DekaBank, Ulrich Kater, considera por su parte que «es más probable que haya una reducción en el desarrollo salarial en el próximo año, después de que haya ido muy bien en los últimos cinco años». Y los institutos económicos apremian a un giro en la política de gasto. El responsable departamento de Política económica del DIW, Claus Michelsen, aconseja que «el Estado debería gastar más, por ejemplo en proyectos para promover el cambio energético y la movilidad, en el ámbito de la digitalización, y en el mercado inmobiliario».

El presidente del Instituto Alemán para la Investigación Económica (DIW), Marcel Fratzschel, advierte por su parte de los «enormes» riesgos políticos que perturban el crecimiento y anima también a tomar medidas, dado que desde el sector privado no se puede esperar gran cosa. La confianza de los inversores alemanes se ha desplomado ya a su nivel más bajo desde diciembre de 2011. Este indicador, que mide la valoración de los inversores sobre las condiciones actuales, ha caído desde -1,1 en julio hasta -13,5 en agosto, allí donde los analistas pronosticaron una lectura de -7.0. «Estamos justo en la frontera entre el estancamiento y la recesión», sopesó Joerg Kraemer de Commerzbank.

La caída de la economía alemana, que se une al de la británica (-0,2% en el segundo trimestre), han provocado un frenazo en el PIB europeo. Según las cifras hechas públicas ayer por Eurostat, la UE y la zona euro redujeron a la mitad su crecimiento entre abril y junio y solo avanzaron un 0,2% en tasa intertrimestral. En el último año, la UE ha avanzado un 1,3% y la Eurozona, un 1,1%.