«Países de tributación privilegiada»

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Los paraísos fiscales son aquellos territorios o Estados que se caracterizan por la escasa o nula tributación a que someten a determinadas personas o entidades que, en dichas jurisdicciones, encuentran su cobertura o amparo. Junto a esta definición que se considera en algunos aspectos peyorativa, han aparecido términos análogos tales como «países de tributación privilegiada», etc., que suponen una evolución y adaptación del concepto originario a la realidad económica actual. Otra de las características de los paraísos fiscales es la confidencialidad, el secreto y el anonimato en que se desarrollan la titularidad y los movimientos de las cuentas bancarias, las transacciones de todo tipo, la titularidad de las acciones de las sociedades domiciliadas en el mismo, etc.., amparadas todas ellas en el secreto bancario, comercial, administrativo y registral. Además, hay una ausencia de cualquier norma que limite o controle los movimientos de capitales que tienen su origen o destino en un paraíso fiscal. Esta ausencia de normas restrictivas en materia de control de cambios permite el reciclaje de capitales utilizando como soporte la estructura jurídica y fiscal que ofrece el paraíso fiscal. Algunos países en vías de desarrollo o inestables políticamente ofrecen cláusulas de inmutabilidad jurídica y fiscal garantizando, en algunos casos, el mantenimiento del status fiscal actual hasta determinada fecha. Además de Gibraltar se consideran paraísos fiscales el gran Ducado de Luxemburgo, que alberga más de 200 bancos y más de 1.800 fondos de inversión. Los no residentes en Luxemburgo no pagan impuestos sobre la renta, ganancias de capital ni transmisiones. Los expertos también consideran paraíso fiscal a Holanda, Islas Caimán, Principado de Liechtenstein, República de Panamá y Suiza, un auténtico paraíso para los bancos.