Dulce rescate

El «dulce rescate» de nuestro sistema financiero es una tabla de salvación: España seguirá siendo dueña de sí misma

JAIME GONZÁLEZ
madrid Actualizado:

El término rescate, en la acepción más fatalista de la crisis, tiene una connotación negativa que se traduce en que los países que reciben ayuda dejan de ser dueños de sí mismos. Los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal serían un ejemplo de esta acepción funesta. España lleva meses huyendo del rescate, de esa temida intervención que, en la práctica, obliga a una renuncia a la soberanía.

Mariano Rajoy ha insistido en que no habría rescate y los acontecimientos de las últimas horas parecen darle la razón. Escribo antes de que conozcamos los pormenores de esa ayuda que la UE otorgará al sistema financiero español para cubrir el inmenso agujero negro de las antiguas cajas de ahorro, paradigmas de la España del delirio y el descorche. Si finalmente se logra cuadrar el círculo: que la ayuda no se traduzca en la llegada de los temidos hombres de negro, habrá que convenir que Mariano Rajoy habrá logrado un triunfo cuyas consecuencias pueden marcar un punto de inflexión definitivo para colocar al país en la plataforma de salida hacia la recuperación.

La ayuda al sistema financiero español no es un trato de favor, sino la consecuencia lógica al sentido común de un proyecto reformista que, con todas las dificultades, ha convencido a los socios comunitarios de que nuestro país no merece la misma solución que Grecia, Irlanda y Portugal. Y eso es un logro que habrá que atribuirle a este Gobierno. Frente a la acepción más fatalista del término rescate, este «dulce rescate» gestado en seceto en los despachos del poder supone una auténtica tabla de salvación para los intereses de España. Las medidas que se ha visto obligado a adoptar Rajoy han dado su primer gran fruto: España seguirá siendo dueña de sí misma.